miércoles, diciembre 12, 2012

Reencuentros


Polly, Valparaíso, oct. 2012

Salí ya tarde de Mantagua, regresaba a Santiago en autobús, pero al pasar por Valparaíso decidí bajarme. Caminé  sin rumbo hasta que reconocí la Plaza de la Victoria, quise avanzar al Cerro Alegre cuando escuché que alguien gritó ¡poeta! El grito iba dirigido a mí. Era la Polly, una artesana del puerto a quien conocí unas  noches atrás en el Liberty, la cantina más vieja de Valpo, y donde Mijaíl, Danny y yo compartimos con los viejos bohemios. Las dos habíamos hecho buenas migas de inmediato. Ella me había contado muchas historias de su vida y yo le acabé entregando un poema de mis Partituras Incompletas, en una de las hojas que había impreso para regalarlas en el Feria del libro, en la Estación Mapocho. Agradecida, Polly me regaló una de sus pequeñas libretas hechas con papel reciclado y madera tallada. Ese tipo de trueques son invaluables, más aún cuando las páginas se llenan de frases escritas por los mismos viejos del bar, frases sencillas y sabias nacidas entre la emoción, los boleros y el vino. 




La reconocí de inmediato. Me acerqué y nos dimos un abrazo. Me preguntó si llevaba prisa. Le dije que no, que iba a Cerro Alegre pero primero visitaría la librería del frente. -Ah! la del Victor Hugo, es muy buena gente, es amigo mío. Te preguntaba porque me gustaría que conversamos un rato, pero antes debo retirar algo a la vuelta ¿te molesta si te dejo unos minutos en el puesto? -Claro que no, respondí. Vuelve tranquila, yo te lo cuido.

Así que me senté un rato y mientras la esperaba pensaba en que Polly era muy confiada o en realidad era yo quien provocaba eso en ella. De cualquier manera me reconcilia con el mundo encontrar gente como ella, sencilla y con garra, sin máscaras desde el inicio. 

Cuando regresó yo había escogido un par de aretes para mi madre. Eran verdes y venía en un trocito de madera, una corteza rústica. Me los quiso regalar, pero yo insistí en pagárselos. Luego me acompañó a la librería, la misma que sería nuestro punto de encuentro más tarde, cuando partiríamos nuevamente al Liberty, a la música que hace posible viajar en reversa.