martes, octubre 29, 2013

Chantal Maillard



"No hay diferencia entre el fin y mi deseo del fin. No hay diferencia entre el objeto de amor y mi capacidad de amar. Avanzo sin miedo hacia el futuro porque sé que voy de lo mismo a lo mismo. Ciertamente el devenir estaba en el origen".

(Chantal me susurra esta frase a las 11:10 de este 45 de neptuno de 450. A.C.)

lunes, octubre 14, 2013

Josef Koudelka - Nord Pas-de-Calais


(Francia, 1973)

El fantasma de Harlot - Norman Mailer



Una vez, siendo yo adolescente, mi padre me dijo: "Si temes, no vaciles. Métete en dificultades si ése es el curso honesto a seguir." Era una hipótesis referida al arte del coraje que me vi obligado a refinar considerablemente en las guerras burocráticas, donde la carta que había que jugar era la paciencia. Pero también sabía que cuando el miedo se volvía paralizante había que esforzarse por hacer un movimiento o dejar que el alma pagase las consecuencias. Cuando uno topaba con un fantasma, el curso honesto era claro: había que seguirlo.

(De 'El Fantasma de Harlot'. Ed. Anagrama. Barcelona. 1991)

fragmentarios



"Al cineasta Godard le gustaba entrar en las salas de cine sin saber a qué hora había empezado la película, entrar al azar en cualquier secuencia, y marcharse antes de que la película hubiera terminado. Seguramente Godard no creía en los argumentos. Y posiblemente tenía razón. No estaba nada claro que cualquier fragmento de nuestra vida fuera precisamente una historia cerrada, con un argumento, con principio y con final. El punto y aparte era algo intrínseco a la literatura, pero no a la novela de nuestra vida."

Enrique Vila-Matas

humo



jueves, octubre 03, 2013

José Kozer



“No tengo nada que ocultar, siempre estoy en la casa. Soy tan transparente que vivo en la oscuridad y desde la oscuridad. El mejor truco para sobrevivir es la transparencia. Dilo todo y nadie sabrá nada de ti, porque nadie escucha”

a propósito de su Premio Iberoamericano Pablo Neruda 2013

miércoles, octubre 02, 2013

El poema como máscara - Muriel Rukeyser


Orfeo

Cuando escribí sobre las mujeres en sus bailes y salvajismo, era una máscara,
en su montaña, buscando oro, cantando, en orgías,
era una máscara; cuando escribí del dios,
fragmentado, exiliado de sí mismo, de su vida, el amor ido a pique con canciones,
era yo misma, partida al medio, incapaz de hablar, exiliada de mí misma.

No hay montaña, no hay dios, hay memoria
de mi vida desgarrada, abierta al medio en el sueño, el niño rescatado
a mi lado entre doctores, y una palabra
de rescate de los grandes ojos.

¡No más máscaras! ¡No más mitologías!

Ahora, por primera vez, el dios levanta su mano,
los fragmentos se juntan en mí con su propia música.

domingo, septiembre 29, 2013

Carta de Albert Einstein a su hijo de 11 años sobre el aprendizaje



En 1915, a la edad de 38 años, Einstein vivía en Berlín, mientras su esposa  Mileva y sus dos hijos, Hans Albert Einstein y Eduard “Tete” Einstein, vivían en Viena. El 4 de noviembre de ese año, habiendo completado las dos páginas de su obra maestra, la teoría de la relatividad, Einstein envió a su hijo de 11 años la siguiente carta:

Querido Albert:

Ayer recibí tu querida carta y me sentí muy feliz. Tenía miedo de que no me volvieras escribir nunca. Me dijiste cuando estuve en Zurich, que era incómodo para ti que yo fuera a Zurich. Por eso pensé que era mejor vernos en otro lugar, donde nadie interfiriera con nuestra comidad. En cualquier caso deseo que cada año pasemos un mes entero juntos, y así veas que tienes un padre al que le interesas y que te quiere mucho. También puedes aprender muchas cosas buenas y hermosas de mí, algo que otras personas no pueden ofrecerte con facilidad.
Lo que he logrado a través de un trabajo arduo no debería ser para extraños sino para mis pequeños. Estos días he completado uno de los más bellos trabajos de mi vida, cuando estés más grande, te contaré sobre él.
Me siento muy bien de que estés disfrutando el piano. Eso y la carpintería, son en mi opinión para tu edad las mejores actividades, creo que incluso son mejores que la escuela. Porque esas son cosas que van de acuerdo con alguien de tu edad. En el piano, debes tocar principalmente lo que te agrada, aunque el profesor no te lo asigne. De esa manera es como aprendes más, cuando haces algo que disfrutas tanto que no te das cuenta de que pasa el tiempo. Yo, a veces estoy tan inmerso en mi trabajo que me olvido de comer…

Dale un beso a Tete de parte de tu papá.

Saludos a tu mamá.

jueves, septiembre 26, 2013

Maria Joao Pires



"No me siento vencedora en nada, no quiero vencer a nadie, sólo quiero encontrar mi lugar en el mundo y en la música sin que ello suponga una competición. La palabra vencedora no va conmigo. Pretendo ser verdadera, no engañar... ¿Por qué nuestras manos son más importantes que las de alguien que trabaja la tierra? Nosotros sólo hacemos pasar el rato a 2.000 personas en una sala y ellos nos dan de comer. ¿Por qué nos tienen que asegurar la manos a los pianistas y no a un agricultor? No debemos guardar nuestras manos, tenemos que ponerlas en acción."

 Maria Joao Pires (2003)

Carta a una querida misántropa


¿En verdad es necesario escribir la palabra Sarajevo, Angélica? Y entiéndase Sarajevo como decir, en mi caso, San Francisco, lugar de pequeñas y grandes batallas conmigo y con ese camino al que llamé futuro. Ya ves, heme aquí, escribiendo la palabra Sarajevo, pero a diferencia tuya yo no viajaré mañana. Estoy en otro tipo de trinchera. Esta noche no llueve. Pero huelo el cemento húmedo de las calles de París por las que recorrí sin hablar un carajo de francés, pero con los ojos más abiertos que nunca. Escucho el viento de Nambroca por donde alguna vez pasó el Quijote y fui amada, tanto que llegué a romperme, una vez más. Y luego salió el sol. Vivo en un libro, querida Angélica, y quisiera estar en el papel de quien me lee, poder observarme, por un momento, con otros ojos. 

Cees Nooteboom



"Mi intención es narrar historias y, de vez en cuando, me salen trozos ensayísticos, de pensamiento, que para otros son filosofía, pero no soy académico, porque los escritores no estamos para dar respuestas, como intenta la filosofía, pero sí para hacer preguntas".

Leer la entrevista completa en ElDÍA.es. aquí

miércoles, septiembre 25, 2013

El rastro en los libros - Montaigne



“Hojeo los libros, no los estudio. Lo que me queda de ellos es algo que ya no reconozco que sea de otros; es sólo aquello de lo cual mi juicio ha sacado provecho, los razonamientos y las fantasías de que se ha imbuido. El autor, el lugar, las palabras y demás circunstancias, los olvido al instante.”

“No es muy extraño que mi libro siga la suerte de los demás libros, y que mi memoria abandone lo que escribo como lo que leo, y lo que doy como lo que recibo.”

M. Montaigne en: “Cómo hablar de los libros que no se han leído” de Pierre Bayard.


Hobo Blues - John Lee Hooker


The blues is the blues, man.
And in my deep lonely soul
I'm a hobo girl.

 

sábado, septiembre 14, 2013

divagaciones de viernes por la noche


Pensar en que no tengo tiempo para dormir es lo que me produce sueño. Entonces dejo de pensar y me despierto. Maniática, inocente, tranquila. ¿Es posible tanta contradicción? Es posible. Abro la ventana y me encuentro con Tokio, completamente encendido, pero los pitos de los autos son quiteños, inconfundibles. Hay formitas de pitar que, en efecto, no dejan que viajemos mas allá de nuestro territorio. ¿Pero cuál es nuestro territorio? El mío, en este instante, un bar con botellas vacías en este balcón imaginario, y un artículo por escribir. No alcanza para más. Bebo un vaso de leche, coloco a John Zorn y me relajo. Entonces van saliendo, poco a poco, de las esquinas de mi cuarto, bufones y arlequines. Me dan ánimo. Hacen malabares con las letras y luego me las lanzan. Con ellas formo este párrafo; el inicio de algún relato que quizá alguien lea, por error, un viernes por la noche, en la soledad de su cuarto, sin bufones ni arlequines. O quizá el arlequín sea yo, haciendo malabares con su Tiempo.

sábado, septiembre 07, 2013

Sabiduría de abuelos


Isla de la Corota. Colombia. 2012

“Ah –decía mi abuelo-, no basta con tener ojos; hay que aprender a usarlos. ¿Sabes qué hacía Flaubert cuando Maupassant era pequeño? Le instalaba delante de un árbol y le daba dos horas para que lo describiera”.

(Las Palabras- Jean Paul Sartre)


martes, septiembre 03, 2013

John Zorn - Shaolin Bossa


Hoy tengo mis 3 hemisferios funcionando a mil.
Estoy contenta y espero que mi subidón no decaiga.


Peter Handke (viajes, tranquilidad, movimiento)



Pregunta: En el libro se percibe un anhelo grande buscar paz y calma ¿Cómo encaja la tranquilidad con el viaje?

Peter Handke: Está la famosa historia de los enfermos mentales en la Edad Media, que cuando se ponían agresivos se les montaba en un barco; se tranquilizaban con el movimiento. En este sentido, viajes y tranquilidad pueden ser perfectamente compatibles. Para mí, al menos. Viajando por mi cuenta, se entiende. No es ningún contrasentido.

domingo, agosto 25, 2013

El ahorcado del café Bonaparte - Fayad Jamis


(Zacatecas, 1930-La Habana, 1988)

El ahorcado del café Bonaparte
A Pablo Armando Fernández

Para no conocer los abismos del humo
para no tragarse los periódicos de la tarde
para no usar unos espejuelos cubiertos de sangre o telaraña
El que estaba sentado en un rincón lejos de los espejos
tomándose una taza de café no oyendo el tocadiscos
sino el ruido de la pobre llovizna
El que estaba sentado en un rincón lejos de los relámpagos
lejos de los leones morados de todas las guerras
hizo un cordón con una hoja de papel
en que estaban escritos el nombre del Papa el nombre del Presidente
y otros dos mil Nombres Ilustres
y a la vista de todos los presentes
se colgó del sombrerero que brillaba sobre su cabeza
El patrón del café salió bajo su capa negra en busca de un policía
Armstrong cantaba sin cesar la luna había aparecido
como una gata furiosa en un tejado
Tres borrachos daban puñetazos en el mostrador
y el ahorcado después de mecerse dulcemente durante un cuarto de hora
con su voz lejana
comenzó a pronunciar un hermoso discurso:
"Maintenant je suis pendu dans le Bona
La lluvia es el cuarzo de mi miseria
Los políticos roen mi bastón
Si no me hubiera ahorcado moriría
de esa extraña enfermedad
que sufren los que no comen
En mis bolsillos traigo cartas estrujadas
que me escribí yo mismo
para engañar mi soledad
Mi garganta estaba llena de silencio
ahora está llena de muerte"

"Estoy enamorado de la mujer que guarda las llaves de la noche
Ella se ha mirado en mis ojos sin saber quién he sido
Ahora lo sabrá leyendo mi historia de hollín en los periódicos
Sabrá que me llamaba Louis Krizek
ciudadano del corazón de los hombres libres
heredero de la ceniza del amanecer
He vivido como un fantasma
entre fantasmas que viven como hombres
He vivido sin odio y sin mentira
en un mundo de jueces y de sombras
La tierra en que nací no era mía
y tampoco el aire en que reposo
Tan sólo he poseído la libertad
es decir el derecho a sufrir a errar
a ser este cuerpo frío
colgado como un fruto
entre los que cantan y ríen
entre una playa de cerveza
y un templo edificado para adorar el miedo
La mujer que guarda las llaves de la noche
sabrá que me llamaba Krizek
y que cojeaba un poco y que la amaba
Sabrá que ahora no estoy solo que conmigo
va a desaparecer un viejo mundo
definitivamente borrado por el alba
Así como la niebla a veces aplasta
las flores del cerezo
la muerte ha aplastado mi voz"

Cuando el patrón volvió con un policía de lata y azufre
el ahorcado del café Bonaparte
ya no era más que el humo tembloroso de un cigarro
bajo el sombrerero
sobre una taza con restos de café.



Los puentes (1956-57), Unión de Escritores y Artistas de Cuba, 1989

Norman Lerner


lunes, agosto 19, 2013

Michel Houellebecq



"Todas las sociedades tienen sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte."

(Poesía. Ed Anagrama. Barcelona. 2012)


domingo, agosto 18, 2013

Vincent van Gogh - The Drinkers (after Daumier)


(1890)

La campana de cristal - Sylvia Plath



"Si la señora Guinea me hubiera dado un pasaje a Europa, o un viaje alrededor del mundo, no hubiera habido la menor diferencia para mí, porque donde quiera que estuviera sentada- en la cubierta de un barco o en la terraza de un café en París o en Bangkok- estaría sentada bajo la misma campana de cristal, agitándome en mi propio aire viciado."

En La campana de cristal, Ed. Edhasa, 2005.

lunes, agosto 12, 2013

..............


La mitad de mí, la otra de mí, está muy contenta, y triunfa sobre un caballo que no se agita en el Apocalipsis. Pero me faltan brazos para abrazar a las otras que ahora lloran dentro, donde nadie puede ver, ni siquiera yo. Tengo una necesidad tremenda de recibir una carta, con pulso y letra de quien me quiera bien. Tengo necesidad de un cartero que silbe a mi ventana y me diga ¡carta!. Quiero una carta sin final que me desee buena salud y vida eterna. Hoy dormiré con los ángeles, me digo, mañana será otro siglo. Pero eso mismo dije ayer y antes de ayer y también el viernes. Y sólo sigo soñando en el infierno. Estoy llena de grietas. Mi amor es líquido.

jueves, agosto 08, 2013

Daniel Santos - dos gardenias


Rodrigo Fresán - El lector que escribe





- En más de una ocasión te has definido como un «lector que escribe». Es una frase que me gusta mucho, puesto que pone la lectura al nivel de una experiencia vital, de algo cotidiano. Como tendría que ser, a fin de cuentas.

Así es. Leo, luego escribo. Y, cuando escribes, no haces otra cosa que leer, que leerte. El acto de la escritura ya es la transcripción más lenta de letras que aparecieron en tu cabeza, como en una forma de auto-dictado de palabras flotando en algún cielo secreto. Curiosamente, cada vez hay más escritores que no leen o que no hablan acerca de lo que leen prefiriendo reservarse casi exclusivamente para la discusión de su propia obra. Misterio… A mí, cada vez me gusta más leer y, casi a punto del medio siglo de edad, ya comienza a inquietarme mucho la idea de que no llegaré a leer todo lo que querría leer y que, seguro, se me escapará un libro fundamental y decisivo para mi faceta como escritor y lector. Ese libro. Me consuelo de ese espanto optando por una maniobra de camino secundario pero iluminador: la relectura. Volver a aquello que te gustó mucho en tu adolescencia y que ahora redescubres con nuevas herramientas y poderes. Lo último fue El retrato de una dama, de Henry James –acompañado del formidable y reciente ensayo de Michael Gorra sobre esta novela, The Portrait of a Novel: The Making of an American Masterpiece– que me deslumbró no como si fuese la primera vez sino como la versión acabada de algo, mi primer acercamiento a Isabel Archer que, lo comprendí ahora, no había sido más que un estudio preliminar. Un boceto. William Maxwell –escritor y editor de Cheever, Nabokov y Updike, este último tal vez el escritor más lector de los últimos tiempos– llegó a nonagenario y, perfectamente lúcido, solía decir que no le importaba envejecer porque desde ese sitio podía apreciar toda su vida como si se tratara de una casa y «comprender que cada hombre es su propio arquitecto». Pero agregaba: «No me importa morir, aunque encuentro insoportable la idea de que, cuando la gente se muere, ya no pueda leer libros». Hasta donde sé ninguna religión –salvo el Borgismo, que está por fundarse y al que me afiliaria y donaría mi alma sin dudarlo– promete el paraíso de una biblioteca al otro lado de todas las cosas.

Para leer la entrevista completa en la Revista Buensalvaje pisar firme aquí

Pierre-Paul Prud’hon


Portrait of a Youth
(1800)

Charles Simic




"El hombre muerto baja del cadalso. Lleva su cabeza sangrienta bajo el brazo.
Los manzanos están en flor. Él sigue su camino hacia la taberna del pueblo mientras todos miran. Allí, se sienta a una de las mesas y pide dos cervezas, una para él y otra para su cabeza. Mi madre se frota las manos en el delantal y le sirve.
Hay tanto silencio en el mundo. Uno puede oír el viejo río, que en su confusión a veces se olvida y fluye hacia atrás."

4000 años de medicina



miércoles, julio 31, 2013

Esa sensación neurótica - George Orwell


(Marruecos, 1939)

Hace ahora 16 años que se publicó mi primer libro, y unos 21 que empecé a publicar artículos en las revistas. Durante todo este tiempo no ha habido literalmente ni un día que no me pareciese que estaba perdiendo el tiempo, que tenía el trabajo atrasado, y que mi producción total era miserablemente pequeña. Incluso en las épocas en que trabajaba 10 horas al día en un libro, o escribía 4 o 5 artículos por semana, nunca he podido escapar a esa sensación neurótica de que estaba perdiendo el tiempo. Nunca obtengo satisfacción alguna del trabajo que tengo entre manos, porque siempre avanza más despacio de lo que yo quería, y además siempre me parece que un libro, o incluso un artículo, no existe hasta que está terminado. Pero, tan pronto como he terminado un libro, empiezo inmediatamente a preocuparme porque no he empezado el siguiente, y me atormenta la idea de que ese siguiente libro no llegará a existir, de que mi creatividad está definitivamente agotada. Cuando echo la mirada atrás y sumo la cantidad de cosas que he escrito, veo que mi producción ha sido considerable, pero esto no me tranquiliza; sólo me da la sensación de que antes poseía una laboriosidad y una fecundidad que ahora he perdido.

George Orwell, 1949
. Selección de fragmentos de un cuaderno

...

ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO ANACRONISMO... Y PROCRASTINACIÓN.

Objetos cotidianos - Juan Lamillar



Objetos Cotidianos

Sólo existen objetos cotidianos:
son los que nos liberan de la muerte,
los que más tenazmente trazan lindes
entre la realidad y lo ficticio.
Son templos frente al tiempo,
y en su débil materia prevalecen.
La cerámica azul de los tinteros,
plumas antiguas, cajas venecianas,
relojes que negarán las horas.
Sólo esto existe: lo que me acompaña
en la magia distinta de este cuarto.
Libros y cartas, la música, las fotos.
Sólo esto existe: la ventana miente.

El paisaje infinito (1992)

jueves, junio 13, 2013

Steve McCurry



Artista callejero comiendo y respirando fuego en Marrakech
(Marruecos, 1988)

Lecturas de Sartre


by: Willy Ronis
. Paris, 1956

Miércoles 29

Desde el 2 de septiembre he leído o releído:


El Castillo de Kafka

El Proceso de Kafka

En la penitenciaría de Kafka
El Diario de Dabit

El Diario de Gide

El Diario de Green

Les Enfants du limon de Queneau

Un rude hiver de Queneau

Los números de septiembre, octubre y noviembre de la Nouvelle Revue Française

Mars ou la guerre jugée de Alain

Prélude à Verdun de Romains

Verdun de Romains

Quarante-huit de Cassou

La Cavalière Elsa de Mac Orlan

Sous la lumière froide de Mac Orlan

El coronel Jack de De Foe

Tomo segundo de las Obras de Shakespeare (edición de la Pléiade)

Terres des hommes de Saint-Exupéry

El testamento español de Koestler

Jean-Paul Sartre
 Cuadernos de guerra

29 de noviembre de 1939

lunes, junio 10, 2013

Gustave Moreau - Salome Dancing Before Herod


(1876)

Momento - Juan Eduardo Cirlot




MOMENTO

Mi cuerpo se pasea por una habitación llena de libros y de espadas y con dos cruces góticas;
sobre mi mesa están Art of the European Iron Age y The Age of Plantagenets and Valois, aparte de un resumen de la Ars Magna de Lulio.

Las fotografías de Bronwyn están en sus carpetas, como tantas otras cosas que guardo (versos, ideas, citas, fotos).

Si ahora fuera a morir, en esta tarde (son las 6) de finales de mayo de 1971, y lo supiera de antemano,
no me conmovería mucho, ni siquiera a causa del poema «La Quête de Bronwyn» que está en imprenta.

En rigor, no creo en la «otra vida», ni en la reencarnación, ni tengo la dicha (menos aún) de creer
que se puede renacer hacia atrás, por ejemplo, en el siglo XI.

Sé que me espera la nada, y como la nada es inexperimentable, me espera algo no sé dónde ni cómo,
posiblemente ser en cualquier existente como ahora soy en Juan-Eduardo Cirlot.

Mi cuerpo me estorbaría y desearía la muerte −¡ah, cómo la desearía!− si pudiera
creer que el alma es algo en sí que se puede alejare ir hacia los bosques donde el triángulo invertido de los ojos y boca de Rosemary Forsyth

me lanzaría de nuevo a la tierra de los hombres, porque en esta vida no he sabido o no he podido
trascender la condición humana, y el amor ha sido mi elemento,
aunque fuese un amor hecho de nada, para la nada y donde nunca.


Estoy oyendo Khamma de Debussy, que, sin ser uno de mis músicos favoritos (éstos son Scriabin, Schönberg y otros)
no deja de ayudarme cuando estoy triste, que es casi siempre.

Mi tristeza proviene de que me acuerdo demasiado de Roma y de mis campañas con Lúculo, Pompeyo o Sila,
y de que recuerdo también el brillo dorado de mis mallas doradas en los tiempos románicos,
y proviene de que nunca pude encontrar a Bronwyn cuando, entonces, en el siglo XI,
regresé de la capital de Brabante y fui a Frisia en su busca.

Pero, pensándolo bien, mi tristeza es anterior a todo esto, pues cuando fui en Egipto vendedor de caballos,
ya era un hombre conocido por «el triste».

Y es que el ángel, en mí, siempre está a punto de rasgar el velo del cuerpo,
y el ángel que no se rebeló y luchó contra Lucifer, pero más tarde
cedió a las hijas de los hombres y se hizo hombre,
ese ángel es el peor de los dragones.


Juan Eduardo Cirlot (Barcelona, 1916- 1973)
Poesía (1974).