lunes, diciembre 31, 2007

Fin de Año

Recuerdo como era, cuando niña, la expectativa de esta fecha. La magia de volver a empezar una y otra vez, sin pensar que algún día inevitablemente todo terminaría. A veces deseo regresar a esos años en los que el tiempo no pasaba -ni pesaba-, en los que no sabía de pérdidas, ni de decepciones, ni de sufrimiento, ese sufrimiento que trae inevitablemente el conocer. Pero ahora sé que un año más concluye y que una se pone más vieja. Muchas cosas dejaron de ser eternas. Ahora pienso con frecuencia en cuántos de los que hoy están a mi lado seguirán así. A qué lugares viajaremos y a cuántos no regresaremos. Ya conocen mi bronca personal con el calendario gregoriano. Con todas sus inexactitudes, con todas sus trampas. Sin embargo, después de todo, debo reconocer que estas fechas me obligan a re-pensar muchas cosas, y de alguna manera, me permiten regresar a la infancia, creando la ilusión de un eterno retorno.

Es todo. Quisiera seguir escribiendo, pero debo ir a disfrazarme (tradición familiar) para la reunión de esta noche. No diré de qué, ya lo sabrán cuando cuelgue una foto mía mañana. Y para quienes les carcome la curiosidad de saber si usaré un interior amarillo, pues sí, lo usaré, al fin y al cabo no se pierde nada, también comeré las doce uvas y pondré algunos propósitos en un globito (otra tradición familiar) que se prende y todos lo vemos hasta que desaparece en el cielo (ojalá llegase a Alausí, donde está Carlos Luis).

Sea como sea, a este año le debo mucho, lágrimas muy lágrimas y risas muy risas, creo que esa es la mejor forma de saberse vivo. Quiero aprovechar para agradecer a toda esa gente que me acompaña en esta parodia de la vida. A los amigos que están lejos y con los que espero este año poder estrechar tantos abrazos acumulados. Les deseo de corazón muchos desafíos para este nuevo año. Aquí les dejo un poema de Borges para la fecha.

FINAL DEL AÑO

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere
y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.

La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Jorge Luis Borges.

jueves, diciembre 27, 2007

La mujer en los ojos de Gian Falco

"Hay mujeres a cuya belleza en peligro les sienta maravillosamente estar enfermas. No sabemos si su palidez proviene de la anemia o de la melancolía; si su rubor es producido por la fiebre o por el placer; si sus faltas son motivadas por crisis voluptuosas o son prueba palpable de una muerte cercana y presentida. (...) Vivirán quizá más que las mujeres sanas, pero nuestro cariño por ellas es mayor ante el temor siempre renovado de perderlas. La inquietud da a nuestras caricias un significado más profundo, y nos sentimos llenos de impaciencia cuando contemplamos aquellos ojos que tememos besar por última vez en el falso resplandor de la cámara funeraria."

Giovanni Papini
*Gian Falco era el seudónimo con que Papini firmaba sus primeros escritos.
**La de la foto es la poeta chilena Teresa Wilms Montt.

martes, diciembre 25, 2007

Amarga Navidad

Para celebrar la navidad, aquí les dejo la letra de una de las más de mil canciones que compuso el señor José Alfredo Jiménez, interpretada también por doña Chavela. Que la disfruten... y perdón por nos ser tan optimista.


Amarga Navidad

Acaba de una vez
de un solo golpe
por qué quieres matarme
poco a poco
Si va a llegar el día
que me abandones
prefiero corazón
que sea esta noche

Diciembre me gustó
pa' que te vayas
que sea tu cruel adiós
mi Navidad
No quiero comenzar
el año nuevo
con este mismo amor
que me hace tanto mal

Y ya después
que pasen muchas cosas
que estés arrepentido
que tengas mucho miedo
Vas a saber que aquello que dejaste
fue lo que mas quisiste
pero ya no hay remedio

Diciembre me gustó
pa' que te vayas...(bis)

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De todas formas, como dice Sabina: Las amarguras no son amargas/ cuando las canta Chavela Vargas/ y las escribe un tal José Alfredo.

Tiene razón.

jueves, diciembre 20, 2007

Perorata de una mujer extraña

Me molestan los hombres débiles. Los que vacían el sentido de las frases para atiborrarlas de lugares comunes. Me aburren los falsos suicidas, aquellos que alardean su premeditada muerte y no hacen otra cosa que postergarla. Me fastidian los presuntuosos, los que necesitan demostrar a toda costa que ‘saben’, esos que adoptan posturas y pronuncian una que otra palabrilla que les de cierto prestigio intelectual. Me molestan las etiquetas en general. Por eso me alejé de la farándula de izquierdas y también de la literaria (sin dejar mi ideología ni mi amor por la literatura). Me hastían los poetas que gastan más tiempo en criticar que en escribir. Me fastidian aquellos que creen a ojos cerrados en los críticos. Siento cierta desconfianza por aquellos grupitos literarios en los que el escritor se vuelve preso del juicio de sus colegas. Me molestan los malos borrachos; los porfiados, los insistentes, los que llaman la atención por sus pataletas y caprichos.

Me fastidian los hombres que buscan reafirmar su arte cada tres segundos, preguntando: “soy o no soy buen poeta, soy o no soy buen poeta, soy o no soy buen poeta…………
No me imagino al viejo Buk, por ejemplo, en su cerveza Nº 20 preguntándole a su compañero de apuestas ¿Pero dime si soy o no un buen poeta? Primero: porque él sabía que era bueno. Y segundo: porque le valía un reverendo rábano lo que el otro podía creer. Él no validaba su escritura por los comentarios de otros. Tampoco me imagino a William Faulkner en su whisky Nº 15 corriendo a la puerta de Sherwood Anderson y preguntándole insistenetemente: “¿Dime quién es William Faulkner? ¿Soy o nos soy un buen escritor? y que luego de dos minutos le vuelva a preguntar, y después de dos, lo mismo. Se me ocurren estos dos ejemplos para que no piensen que el problema es el licor ¡No por favor!... si lo diré yo. Pero es que se trata de tener cierta química con el alcohol. Se tata de hacerlo compañero, de saber dialogar con él mientras hace su entrada triunfal en nuestra sangre.

Me molestan los hombres débiles, los que son menos que cualquier aditamento. También los egoístas, los machistas, los celosos compulsivos, los cínicos. Me revienta que esos hombres que dicen llamarse 'de libre pensamiento', a la hora de que su compañera piensa, quiere o hace algo medio “extraño”, como decir que la fidelidad no es una cualidad per se y que además biológicamente es contraria -aunque pueda darse por elección- (y aunque piensen igual, lo niegan), y entonces la convierten a una en loca, puta, o en ambas. Pueden no decírtelo, pero te lo insinúan. Me molestan los hombres que no son capaces de admitir un rechazo, y claro, como a ellos les fue negada la posibilidad, entonces una se vuelve mujer de doble discurso. Me irritan los hombres que creen que una consiguió algo porque está medio buena, y no los juzgo, abundan las buenas tontas –muchísimo más que las tontas buenas-, pero molesta. Me decepcionan aquellos que no comprenden que hay cosas que necesitan hacerce a solas. Me fastidia que les fastidie que una tenga más amigos que amigas. Me harta que piensen que todos somos imprescindibles. Me molesta que canten a toda voz: Todo tiene su final, del maestro Lavoe, y que al acabar la canción sigan pensando que lo nuestro será eterno.

viernes, noviembre 30, 2007

Encuentro con un librero errante

A Lucho Fabara.
También para los libros hay nómadas y sedentarios.
Juan Villoro.

Siempre he sentido fascinación por las librerías de viejo. Más allá de los precios, se trata, por ejemplo, del perfume de los libros añejos. Jamás un libro nuevo tiene el olor que reserva uno usado. El olor que lleva impregnado es parte de aquel o aquella a la que acompañó en sus noches de insomnio o en sus largas horas de viaje en un bus destartalado o en un parque de alguna ciudad lejana. Oler los libros es otra forma de disfrutarlos. Pero también están las pastas gastadas, las páginas dobladas, las dedicatorias, algunas tan bien escritas que parecerían ser parte de algún poemario olvidado. Ex libris de seres a los que jamás conoceré, a los que quizá enterraron hace mucho tiempo o que todavía viven en algún rincón del mundo; pero si aún viven, por qué habrían dejado esa joya literaria en las manos de un vendedor trashumante, por qué no lo metieron en su maleta y lo hicieron parte de su exilio. Todo eso guarda un libro de segunda, de tercera, de quién sabe cuantas manos más. Me gustan las librerías de viejo, sobretodo si son ambulantes. Aquellas en las que el orden de los libros cambia según el día en que son montados.

Hace un momento recibí una llamada, era 'Lucho' Fabara. Su llamada me emocionó muchísimo. Me ha dicho que encontró mi número y que decidió llamarme. Que dentro de poco me enviará un paquetito con un par de libros de 'esos que a mí me gustan'. Luchito, Luchito. Luchito es uno de esos guayacos con los que uno puede sentarse a conversar y olvidarse de los inidicadores de tiempo. Luchito, el que siempre lleva nosecuantos libros a cuestas. Recuerdo que era mi último fin de semana en Loja, la tierra de Palacio, de Carrión, de Ortega, entre muchos otros, cuando curvé por la calle exacta. Caminaba sola y sin rumbo, con las ganas de encontrar lo que no buscaba. Y ahí, en la esquina de la Bolívar y Lourdes, estaba el puestito ya conocido de ese hombre de 51 años que ha trabajado comprando y vendiendo libros desde los 12. Me detuve y comencé a revisar con calma. Así que en la acción de tomar y dejar libros, hacer a un lado las enciclopedias de física, los manuales de computación y los libros de autoayuda, saltó a mi vista un libro que me emocionó. Era Sartoris, de Wiliam Faulkner. Estaba ahí, rechazado por las manos de quienes llegaron antes que yo. Estaba huerfano, así que lo tomé de inmediato y pregunté por su precio. El dueño no aparecía. ¡Qué confiado! -dije en voz alta-. Y desde atrás alguien me respondió con voz enérgica y amable: No se preocupe mija que el de arriba y el de la pared me cuidan el negocio. El de la pared era un Che Guevara en blanco y negro, colocado con cinta adhesiva. Le pregunté cuanto costaba Sartoris. Dos dólar -respondió- pero como le veo entusiasmada y es la primera vez que me visita, se lo dejo en 1. Bastó que me diga eso para ponerme cómoda y seguir revisando. Me encontré con otro libro que andaba buscando desde hace tiempo: Las Horas, de Michael Cunningham, una recomendación que me la hizo mi amigo Jorge Maruejouls, desde España. El precio: 1 dólar. Después apareció Chandler, Eliseo Alberto, Miguel Delibes, William Kinsolving. Pude ver la mitad de un libro en el que se alcanzaba a leer: Carver, pero fue tarde, una mano se me adelantó. Más abajo descansaba Cuentos de un soñador, de Lord Dunsany, y detrás de un diccionario francés, encontré a Hans Magnus Enzensberger, con su Diálogos entre inmortales, muertos y vivos. En la esquina se codeaba un libro de metafísica con las Cartas de amor a Lili Brik, de Vladimir Maiakovski. Uno que otro libro de filosofía, y por ahí se escondía Miguel Donoso Pareja con su Nunca más el mar y los poemarios de Carlos Rojas y Jorge Martillo. En menos de 15 minutos ya había formado una gran columna de libros a mi lado. Le pregunté a Luchito si tenía más libros de poesía, y me dijo que justo estaba leyendo algo, pero no era exactamente un libro, era una revista antigua: Uso de la palabra Nº4. del departamento de Letras de la Universidad Técnica de Babahoyo; me la regaló de inmediato. La ojeé rápidamente y obsevé que el director era Jorge Velasco Mackenzie. La portada estaba a cargo de Hernán Zúñiga -de quien también se incluyó Crónica de los Esteros- y en el consejo de redacción estaba Wilson Guarderas, Hugo Salazar Tamariz, Pablo Mejía, Carlos Rojas, Angel Rama, Edwin Ulloa, Hugo Mayo, entre otros poetas y escritores. Quería saber de qué año era la revista, pero no aparecía ninguna fecha hasta que encontré una dedicatoria escrita a mano, al final de un poema de Othón Muñoz. Al parecer el poeta lo había firmado, y terminaba con el año: 82.

Después del obsequio, mi atención se centró en Lucho. Lucho es libre, sus ojos lo delatan. Su contextura gruesa, su porte alto y sus manos duras se contrastan con su sonrisa de niño. Con la inocencia de quien es libre de culpa o que al menos ignora su falta. Al instante se dio cuenta de que lo observaba y me dijo:

-Usted no es de aquí, verdad.

-No, soy de Quito.

-¡Quito! siempre que querido regresar a la capital. Fui una sóla vez, de pequeño, de la mano de mi padre, pero aún recuerdo las quebradas, las montañas imponentes, el cielo azul.

-¿Porque no regresa?

-Es muy lejos. Mi vida, básicamente transcurre entre Guayaquil, Cuenca y Loja. En realidad a Guayaquil sólo voy para comprar más libros y es en las otras ciudades los vendo. Claro que también tengo otros puestitos allá, pero en zonas rojas, donde la cosa se pone dura. Venir acá me gusta mucho. Loja es una de las ciudades más cultas, aquí nadie quire deshacerse de sus libros, por el contrario, siempre quieren adquirir más y más. Pero vea Carlita (en ese punto ya nos habíamos presentado y estabamos sentados mientras uno que otro se acercaba a ver los libros) yo no sólo soy un comerciante de libros, los libros son mis compañeros de siempre y la herencia de mi abuelo. Fue mi abuelo el que empezó con esto de los libros, luego siguió mi padre y ahora yo. Ellos eran autodidactas y también me inculcaron el amor por la lectura.
-¡Qué mejor herencia que esa!
-Es verdad, este oficio es mi vida. Algunos panas me dicen: ya pues hasta cuando vas a seguir en esto, ya estas viejo para ir de aquí para allá. Pero yo, Carlita, hasta que el de arriba me de vida he de seguir con esto, porque es todo lo que tengo. Y claro, mis cuatro hijos, que por suerte ya son grandes y cada uno tiene su vida.
- ¿Lleva algún tipo de inventario?
-Nunca he registrado los libros. Tampoco me interesa contar cuántos tengo. Mi manera de saber que el negocio va bien es viendo que haya billete, que aunque sea poco da para vivir.

A nuestra conversación se sumaron dos tipos más. Uno de ellos, un señor manco, muy elegante, con chaqueta y boina cuadriculada. Se trataba de un viejo profesor de Filosofía de la Universidad Técnica de Loja. El otro, un señor muy gracioso y elocuente, una especie de contador de historias. Hablamos de aquellos temas que nunca mueren. Y sentí que estaba entre grandes amigos. Creo que ellos se sintieron igual porque antes de despedirse el contador de historias compró uno de los libros sólo para que yo le escribiera alguna dedicatoria. Desde luego, la petición me sorprendió, ¿Quién era yo para firmarle un libro que en primer lugar: no lo había escrito yo, y segundo: ni siquiera fui yo quien lo compró para regalárselo? ¿Qué sentido tenía hacerlo entonces? A lo que me respondió: Sé que algún día me encontraré con un libro suyo, entonces lo compraré, pero talvez no esté ud para que me lo firme, entonces iré a este libro viejo y encontraré sus letras. Sentí un dulce puñete en mi estómago, como cuando se escucha algo jodidamente bueno. ¿Cómo negarme ante eso? Le escribí algo y se lo firmé. Al cerrar el libro vi que se trataba de Sobre Héroes y Tumbas, de Ernesto Sábato.

Los dos tipos se marcharon, y nos quedamos nuevamente Lucho y yo. Me invitó a almorzar en un chifa cercano, en el que servían caldo de patas con chaulafan. En realidad no quería que Luchito gastara en mi almuerzo el dinero que yo misma se lo había dado por los libros, pero la insistencia fue tal que no pude negarme. Hablamos de sus años de univeritario rebelde, de las persecuciones políticas, de los "libros prohibidos", de la librería de su hermano que se incendió hace muchos años, y claro me habló de Guayaquil, y mientras lo hacía yo graficaba en mi mente los barrios con olor a puerto descritos por Carlos Luis en innumerables ocasiones. Minutos después alguién lo llamó y me dijo que se trataba de 'mercadería fresquita', alguien le vendería una buena cantidad de libros, pero no tenía con quien dejar el negocio, así que me ofrecí a cuidar de su pequeña librería andante. Llegó con un cartón lleno de polvo. Le ayudé a limpiar los libros, algunos de ellos me los regaló. Usted parece ser una mujer de caracter -me dijo-, y me regaló: Para la anarquía y otros enfrentamientos, de Fernando Savater, y algunas revistas políticas. Una vez más le agradecí, y en uno de sus libros le escribí mi número de teléfono y la dirección de mi casa. Por si algún día regresa a la mitad del mundo -le dije-, y con un abrazo casi tan añejo como sus libros... me marché.

viernes, noviembre 09, 2007

El cantante Gilberto Gil: ministro de la "contracultura"

De los músicos contemporáneos a los que he querido conocer, el brasileño Gilberto Gil ha sido siempre uno de mis favoritos. No sólo por su trayectoria como cantautor, poeta y cineasta sino también por su compromiso social y político. Sin embargo, me resultaba cada vez más lejana la posibilidad de un concierto suyo en el país. Era más realista esperar mi viaje a Brasil y poder asistir a uno de sus espectáculos, y de todas formas estarían presentes factores como la edad (Gil tiene 65), enfermedad, etc. , que podrían retirarlo del escenario antes, como ocurrió hace poco -y para mi pesar- con doña Chavela Vargas.

Afortunadamente -y sin pensarlo- tuve la oportunidad de conocerlo en persona hace algunos días. No vino de gira musical sino por motivos políticos. Gilberto Gil es ministro de Cultura de Brasil (uno de los más polémicos sino el más) desde 2003, designado por Lula Da Silva. Esta ocasión fue invitado por el ministro de Cultura de Ecuador, el poeta Antonio Preciado, con el fin de firmar un acuerdo de cooperación entre los dos países, para llevar a cabo "intercambios de manifestaciones artísticas, apoyo a la realización de eventos, capacitación para especialistas, gestores y productores culturales, participación y producción conjunta en proyectos y programas artísticos". Como parte de las actividades, Gil dictó una conferencia sobre Cultura y Desarrollo en la Fundación Guayasamín. Una de mis compañeras del grupo de danza me avisó sobre la conferencia y decidí ir. Allí fue donde pude acercarme, intercambiar unas pocas palabras y luego de que firmara uno de los cds que llevé: Kayan' Gan Daya, en el que hace un tributo a Bob Marley, tomarnos la respectiva foto...para la posteridad.

Gilberto Gil y una mujer que lo admira

No me decepcionó. Gil tiene toda la mística de los orixás en su rostro. Mientras él hablaba sobre los procesos culturales, propiedad intelectual y acceso público (Gil está de acuerdo con el software libre), y mientras Carlos Luis escribía algunas apreciaciones de Raymond Wiliams sobre la cultura como generadora de un entorno artístico, yo pensaba en qué dificil sería para él tener que seguir tanto protocolo y formalidad, cuando desde niño aprendió a ser libre, sin ninguna atadura social. Lo imaginaba de tres años, cuando aprendió a tocar su primer instrumento y decía que quería ser músico. Luego lo recreaba en la tierra caliente de Salvador Bahía, escapando de clases para poder cantar con sus amigos. Lo imaginaba de joven, fusionando el tropical, el reggae, el bossanova, el jazz, el blues y la música tradicional brasileña. Y más tarde, cuando fue tildado de subversivo, junto a Caetano Veloso y Chico Buarque, y encarcelado por el régimen militar brasileño en 1969, y que una vez liberado cambió su residencia a Londres para realizar su sueño y compartir escenario con músicos de la talla de Yes, Pink Floyd, Rod Stewart y la Incredible String Band.
Chico Buarque, Arduinho Colazanti, Renato Borghi, Z頃elso, Paulinho da Viola Ded頖eloso, Caetano Veloso, Nana Cayammi, y Gilberto Gil durante la Marcha de 100,000 en el 26 de junio de 1968

Al terminar su intervensión, todos trataron de acercarse a él; yo caminé decidida y le dije que su vida me parecía el mejor de sus poemas. Gilberto me sonrió y me preguntó como me llamaba, luego nos dimos un abrazo y le pedí que cante alguna estrofa de cualquiera de sus canciones. Me dijo que no podía ya que dos semanas antes lo habían operado de la garganta, a lo que respondí: no hay problema yo le canto. Gil volvió a sonreir, y con justa razón.

En palabras de Gilberto

Cultura y valor de uso: “La cultura vista como todo aquello que en el uso de cualquier cosa se manifiesta más allá del mero valor de uso. Cultura como eso que en cada objeto que producimos trasciende lo meramente técnico. Cultura como usina de símbolos de un pueblo. Cultura como conjunto de signos de cada comunidad y toda una nación. Cultura como el sentido de nuestros actos, la suma de nuestros gestos, el sentido de nuestras maneras".

Cultura y Estado: "Las acciones del Ministerio de Cultura deberán ser entendidas como ejercicios de antropología aplicada. El ministerio debe ser como una luz que revela en el pasado y en el presente las cosas y los signos que hicieron y que hacen que (un país sea un país) Brasil sea Brasil."“El Estado no hace cultura, el Estado crea las condiciones de acceso universal a los bienes simbólicos, las condiciones de creación y producción de bienes culturales, sean artefactos o mentefactos”.

El acceso a la cultura como un derecho básico: “Es porque el acceso a la cultura es un derecho básico de la ciudadanía, como el derecho a la educación, la salud, el medio ambiente saludable. Y es porque al invertir en las condiciones de creación y producción estaremos tomando una iniciativa de consecuencias imprevisibles y ciertamente brillantes y profundas, ya que la creatividad cultural brasileña, de la colonia hasta hoy, siempre fue mucho más allá de lo que permitían las condiciones educacionales, sociales y económicas de nuestra existencia." "En rigor, el Estado nunca estuvo a la altura del hacer de nuestro pueblo. Por lo tanto, es preciso ser humildes y al mismo tiempo no dejar de actuar como Estado. El Estado no debe optar por la omisión, evadir responsabilidades, apostando todas las fichas a los mecanismos fiscales, entregando así la política cultural a los vientos, los sabores y los caprichos del dios-mercado. Claro que las leyes y mecanismos de incentivo fiscal son de la mayor importancia, pero el mercado no lo es todo y nunca lo será, su lógica siempre es regida por la ley del más fuerte."

Sobre la intervención estatal y la “clientela”: "El ministerio no puede ser una caja que pase presupuestos a una clientela preferencial. El Estado no hace cultura, pero formula políticas públicas para la cultura, no con la mentalidad del viejo modelo estatista sino para abrir caminos, estimular, abrigar. Para hacer una especie de don antropológico, masajeando puntos vitales momentáneamente despreciados y dormidos del cuerpo cultural del país. En fin, para atizar lo nuevo y reavivar lo viejo.Entonces, no se trata sólo de expresar o reflejar. Las políticas para la cultura deben ser intervenciones, como caminos reales y vecinales, como caminos necesarios y atajos urgentes. Por eso es que la política cultural del gobierno (Lula) pasa desde este instante a ser parte del proyecto general de construcción de una nueva hegemonía en nuestro país. Como parte del proyecto de construcción de una nación realmente democrática, plural, tolerante, parte de un proyecto creativo y consistente de radicalidad social".

La multiplicidad cultural: "El papel de la cultura en ese proceso no es apenas táctico o estratégico, es central. La multiplicidad cultural (brasileña) es un hecho. Paradójicamente, nuestra unidad cultural también lo es. De hecho, podemos decir que nuestra diversidad interna es hoy en día uno de nuestros trazos de identidad más nítidos."

Más información:

martes, octubre 30, 2007

La vida de los otros... o Sonata para un hombre bueno

Si algo hay que destacar en el cine alemán es su capacidad de retratar la historia germana con sobriedad, elegancia y autocrítica. Ya lo vimos en películas como Good Bye, Lenin! de Wolfang Becker (2003) y El hundimiento de Oliver Hirschbiegel (2004), producciones que se ocupan de temas escabrosos como el abuso de poder en la Alemania "Democrática" o el fascismo en la Alemania nazi, en las que incluso el humor y la ironía juegan un papel importante, sin perder el hilo ni un solo segundo. A ellas se suma La vida de los otros (Das leben der anderen, 2006) ópera prima del jóven director y guionista Florian Henckel von Donnersmarck, con la que ganó el premio a la mejor película europea y el Oscar 2007 a mejor película en lengua extranjera, premio que 28 años antes lo conseguiría otro alemán: Volker Schlöndorff , director de El tambor de hojalata, basada en la novela homónima de Gunter Grass, en la que hace alusión a las campañas nazis de persecución racista.
El director Florian Henkel
La vida de los otros desempolva gran parte del totalitarismo de los años 80, en una Alemania en la que el suicidio era una de las salidas más recurrentes frente a tanto desencanto; en la que el arte se debatía entre acostarse con el Estado o autoaniquilarse; en la que la desconfianza a todo -y a todos- era una forma de vida (quizá porque era la única que la garantizaba). La vi hace pocos días -gracias a la sugerencia de mi madre- y aún mantengo la satisfactoria sensación con que salí de la sala.

Henckel nos entrega una película con un guión inteligente, con el que, si bien no existen giros abruptos ni sofisticados efectos especiales, y que por el contrario es sencilla, larga e incluso en ocasiones lenta, logra captar la atención de principio a fin (y en fin incluyo los créditos, hecho que pocas películas lo consiguen). Lo hace con una puesta en escena magnífica, con una ambientación compuesta por tonos oscuros y sepias, exelente fotografía, musicalización adecuada, interpretaciones soberbias, en las que destaco la de Ulrich Mühe (recientemente fallecido) y un final eminente.
El 'Gran Hermano' te vigila

Gerd Wiesler debe escribir en su informe todo lo que ocurra en casa de los artistas

1984. El capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe) es un oficial extremadamente competente de la Stasi (policía secreta de la antigua RDA (República Democrática Alemana, también conocida como Alemania Oriental o Alemania Comunista), que lleva 20 años en ejercicio de su profesión, al cual le encomiendan que espíe a una pareja formada por el escritor Georg Dreyman (Sebastian Koch) y su esposa, la actriz de teatro, Christa-María Sieland (Martina Gedenk), sin saber de qué manera la vida de ellos influiría en la suya.

Es inevitable no recordar el libro 1984, de George Orwell, en el que se describe a una sociedad totalmente vigilada y controlada por el Gran Hermano, en la que no se admiten más verdades que las del Partido o la película de Coppola, La Conversación (1974), que hace alusión al caso Water Gate en el gobierno de Nixon.

Georg y dos amigos escritores con los que busca la forma de publicar su libro sobre los suicidios durante el régimen totalitario.

Brecht, Beethoven y Lenin

Si algo resulta determinante en la película es la poesía y la música. Escenas a destacar hay muchas, pero elijo tres:

Cuando el amigo de Georg, Jerska, escritor al que se castigó con siete años de suspensión laboral por sus comentarios contra el régimen, muestra su desesperanza, en medio de una fiesta llena de intelectuales. Georg se sienta junto a él al verlo solo, viejo, aislado en un rincón y con el libro de Bertold Brecht entre sus manos. Al día siguiente, el agente entra en el apartamento del escritor clandestianmente, revisa como siempre la habitación y se lleva el libro de Brecht. Al leer el poema "Recuerdo de Marie A.", el capitán de la Stasi se estremece.

Georg y su amigo, el escritor censurado Jerska.

También la escena en que Georg se entera por medio de una llamada telefónica que un buen amigo suyo se ha suicidado. La llamada también la escucha el agente Wiesler, siendo testigo de la reacción del escritor, quien descarga su tristeza-rabia-impotencia tocando en su piano: "Sonata para un hombre bueno", supuestamente de Beethoven (la composición estuvo a cargo del magistral Gabriel Yared (Betty Blue, City of angels, etc) y cuyas partituras se las había regalado Jerska el día de su cumpleaños. El agente se conmueve al escuchar al escritor decir:

-Es imposible que las personas que escuchan esta música no sean buenas. No se puede ser malo luego de escuchar la Apasionatta de Beethoven. El mismo Lenin dijo que si seguía escuchándola no haría la Revolución.
Y el final (que desde luego no lo contaré). Palabras más precisas que las del último diálogo, el director no pudo utilizar.
El cine alemán goza de buena salud, Henkel ha empezado con fuerza su carrera como director y yo esperaré ansiosa su siguiente película. Estoy segura que será de igual o mejor calidad que ésta, que ya se ha constituido como una de las mejores producciones de los últimos tiempos.

sábado, octubre 20, 2007

Dos palabras

Nuevamente el conflicto con el tiempo, la realidad arremetiendo contra la ilusión de ser liviana. Seis días provocando remolinos y el séptimo me crucifica desvíando mis pies hacia el bar más cercano, difuminando mi tristeza entre el humo de cigarros, mientras redefino mis órganos.
Sola. Entro con la seguridad de que nadie conseguirá el secreto de mi carne, embistiendo lo burdo del instinto. Pido una cerveza mientras veo como me devoran las bestias desde sus asientos. Sus miradas perforan mis huesos y repiten como karmas silenciosos: "ojalá sea una de esas putas dignas de sacársele el sombrero". Ilusos en potencia.
Necesito escribir. Me siento en la esquina del lugar y maldigo el esfero que se revienta en mi bolsillo. Pido otro con la misma necesidad con la que pedí esa cerveza, con la misma necesidad voraz que tengo del hombre que se quedó en mi tierra, esperándome con los brazos abiertos, entre un café cargado y sus libros, siempre los libros, fieles compañeros que hoy le reclaman que se concentre en ellos, que ya no piense en la negra, esa negra que desde el sur hoy lo extraña como nunca.
Sola. Imaginando que él aparece, entra de repente por esa puerta rancia y me devora de un sólo mordisco.
Es un reggae el que suena y ya no es deseo lo que las bestias sienten...sino miedo. "Uuuh, no me dejes morir así. Uuuuh no me dejes caer en la trampa". Sola. Me siento cansada como quien expulsa sus demonios después de ser exorcisado con sus propias plegarias, en las que sólo caben padresnuestros terrenales.
Me voy. El poeta que un día dejó el puerto para enclavarse en la ciudad amurallada de volcanes hoy me llama con su voz quebrada por la ausencia. Y aunque no haya aparecido de repente, ni haya entrado por esa puerta rancia, él sabe muy bien como devorarme con dos palabras. Él sabe, aun en la distancia, tatuarme poemas mientras la noche sucumbe frente al sigilio de las primeras luces.
Loja, 20 oct/2007

miércoles, septiembre 26, 2007

Espasmos para el hombre-bardo


A Tashi Dawa,
en algún lugar sin tiempo.

In a world of the insane,
the healthy are called crazy.
T.D.

Siempre derecho hacia allá-dijo-.
Hasta el fin del mundo.
Alessandro Baricco.
(Fragmentos)

I
Mira viajero, viejo viajero del mundo, mira qué día es hoy, es el día en que me tatué la vida con tus manos. Unas manos que sin piedad me abrieron el pecho una noche en que las hojas danzaban formando remolinos, mientras nosotros nos mecíamos por dentro. ¿Recuerdas esa noche? me abriste el pecho para suplantar mi corazón por un reloj de arena que tú mismo construiste. Jamás volví a latir como antes ni a bombear ese líquido rojo al que siempre le tuve desconfianza, y que acabó convirtiéndose en una masa espesa y verde que supongo me hizo menos humana (o más que humana). Ha pasado un año, y ya no sé quien soy.

¿Qué me hiciste dulce bestia, que poseída sigo desde entonces?

II
Hoy salí a caminar sin rumbo fijo para desafiar a mi propio cuerpo. Para que, so pretexto de mi ya prolongado insomnio, el cansancio empuje la levedad de mis piernas. Porque aprendí a ser leve, y tú sabes que siempre me gustó volar, pero no es esa levedad a la que me refiero, sino a la ligereza de un fantasma, la de un alma en pena que dejó algo pendiente en el mundo de los vivos.

Hoy salí a recorrer la ciudad que conociste gracias a mis historias. Te hice un pequeño tributo al sentarme a tomar café y a conversar de ti con tus amigos, esos que nunca llegaste a conocer. Y terminé en lo alto de una montaña, de nombre casi tan enigmático como el tuyo. Y escupí mis pies por haber sido cobardes, por no haberse revelado a tiempo contra mí. Me sentí impotente; y escribí como no lo hacía hace mucho, en el mismo cuaderno con el que me conociste, lleno de tachones, de desórdenes mentales escritos de atrás hacia delante, como rindiendo culto a tu origen. Tu origen. ¿Tuviste alguna vez origen, hombre del lejano oriente? Sí, lo tuviste. Yo misma te parí hace algunos siglos. Y después de mi primera muerte fui yo quien renací de ti. Y tú, generosamente, me alimentaste con los secretos de tus antecesores, los de la dinastía perseguida, la de los autoexiliados. Fuiste mi creador entonces, y yo, muchísimos años después, sufriría de amnesia para finalmente cometer el más dulce de los incestos.

III
En tu última vida naciste en el Tibet. Me lo dijiste: -Oh no, I’m not from America; I’m originally from Tibet, the magic land, the roof of the whole world-. Y nunca te lo dije, pero en ese momento recordé una frase de Rayuela, en la que Cortázar decía que los tibetanos son unas criaturas extraordinarias, y en la que mencionaba el Bardo, el libro tibetano de los muertos. Y tú -sin que te lo haya pedido- comenzaste a explicarme sobre ese misterioso libro. Me contaste que es una guía de instrucciones para los muertos y los moribundos, en el que se considera que la muerte dura 49 días y después de ello sobreviene un renacimiento en el ciclo de la reencarnación. ---Basándose en esa creencia --dijiste-- el libro da algunas recomendaciones a realizar al momento de estar muerto. Hoy quisiera saber si las instrucciones te fueron útiles, o si Padma Sambhava no resultó ser más que un excelente escritor de ficción.

IV
Recuerdo que me contaste otras antiguas leyendas, como la del Tíbet sumergido bajo el mar. Me explicabas despacito como si se tratara de una revelación a la que yo sería la única que tuviese el privilegio de asistir. Me explicaste que un gran océano inundó la mayor parte de la región, mientras el resto quedó cubierto por bosques salvajes. Un día, levantando olas gigantescas, emergieron del mar enormes y peligrosos dragones, que destruyeron toda la vegetación. Los pájaros y demás animales tuvieron la premonición de la catástrofe y se quedaron horrorizados. Entonces, por encima del mar, aparecieron cinco nubes rosas que se transformaron en hadas. Estas llegaron a domar a los dragones y devolvieron al mar su calma. Los animales les suplicaron que se quedaran a su lado y ellas accedieron. Ordenaron al mar que se retirase. Las cinco hadas se transformaron en las cinco principales cimas del Himalaya. Uno de esos cinco picos es la montaña más alta del mundo.--Los tibetanos la llamamos “la montaña Diosa”—dijiste--- y yo cerré los ojos y pude ver las nieves del Cotopaxi, del Chimborazo, del Cayambe….y pensé: ¿Cuántos dragones tuvieron que ser domados en mi tierra para devolver al mar su calma?

V
¿Recuerdas a Jorge, el peruano, y al otro hombrecito pequeño, el boricua como le decían? Claro que los recuerdas, fueron nuestros primeros testigos, con quienes las coincidencias nos juntaron para acabar cantando Hasta siempre Comandante en pleno parque de la 14 y sexta avenida, frente a esos chapas gringos. No sabías español y, sin embargo, me entendías todo. Hablabas de Ibrahim Ferrer y la revolución cubana, de Lincon y del fuckin’ american way of life, de los sioux-lakotas y de Crazy Horse, del festival de cine en el downtown. Y reíamos para olvidarnos del frío, reíamos tan fuerte que nos volvimos trompetas, harmónicas y bongós. Éramos simplemente música, la más bella sinfonía jamás antes creada.

VI
D e s v a-r í o.
¿Dónde estoy? Reposo en la grada de un parque y te veo sentado a mi lado, con la elegancia de siempre. Un traje de lino, un chaleco y tu boina calada. Te arreglas los lentes, la barba y sacas un puñado de tabaco orgánico de tu bolsillo. Preparas un cigarro con tus propias manos. Lo (me) enciendes. Nuevamente desconocidos. ¿Dónde estoy? Nueva York atardece con el sol ocultándose detrás de esa montaña. ¿Montañas por rascacielos? Union Square. Un caballo nos observa desde atrás. Alguien lo monta. Me dices que es un tal George Washington, un tipo que tenía un alto cargo. ---El primer presidente de una tierra que hace mucho ya estaba habitada -- dices-- Digamos que fue un hijo de puta --contesto--. Veinticinco dólares de la época por “indio” muerto. ¿Union Square? De gringo no tiene nada. ¿Dónde estoy? De nuevo un caballo. Me parece que es Bolívar quien lo monta. ¿Pero dónde está Manuelita? ---¿Qué Manuelita?--- preguntas--- Una de mis tantas abuelas— respondo-. ¿Pero dónde estoy? (Deja vú territorial) ¿Por qué te levantas? ¿A dónde vas?… Y murieron muchos, muchísimos nativos ---dices mientras te alejas--- Y yo me quedo con sus muertes en mi pecho. Finalmente, el sol neoyorquino se oculta tras el verdor del guagua Pichincha.

Escupo de nuevo… y sigo caminando.

VII
Jorge era un buen tipo. No te hubiese culpado si te hubieses enamorado de él. ¿Porque te acuerdas que yo creía que eras gay, verdad? Sí, siempre te ríes cuando te lo recuerdo, pero es que es verdad, lo pensé porque cuando él decidió marcharse tú insiste tanto en que se quedara. Claro, no sabía que era porque tú pensabas que yo era su amiga desde hace mucho y que me iría también con él. Pero es que la insistencia fue tal que sentí celos y hasta un poco de miedo. Y luego, cuando yo quise sacar una foto de los cuatro juntos, el único que accedió fue el boricua; Jorge y tú se opusieron. Qué iba a entender en ese momento que yo podía representar una amenaza. Jorge era indocumentado y prefería pasar desapercibido. Por supuesto, en el país de la desconfianza y la paranoia era comprensible. Y tú… te opusiste firmemente a ser fotografiado, y yo no entendía por qué. Qué iba a saber yo en ese momento que tú……
En fin, era lógico, tenías muy buenas razones. ¿Pero te acuerdas que también pensaste que yo era una especie de espía o infiltrada? Siempre te ríes cuando te lo recuerdo, pero es verdad; sólo porque me veías con mis cámaras y mi cuaderno de apuntes, y mi mirada, esa que decías que guardaba tanto misterio, tantas respuestas. Y pensar que el boricua y Jorge partieron y nosotros nos quedamos conversando toda la tarde y noche en el mismo sitio. Yo, con esa falda pequeñita por la que a cada rato me cuidabas del viento que la levantaba. Y hubo tiempo, muchísimo tiempo, y te comencé a enseñar las primeras palabras en Kichwa. Y tú querías aprender a decir gracias, pero era justamente esa palabra la que no recordaba, y me salió “yashi”. Y con ella me agradeciste infinitamente por haberte re-encontrado. ---Yashi, my dear yaya--- repetías. Yaya, que significa sabia. Y me abrazaste hasta triturarme cualquier rastro de soledad. Y te conté algunos de mis secretos (otros ya los sabías sin ni siquiera yo abrir la boca). Y me hiciste una reverencia tan cuidadosa como sólo un niño shuar sabe hacerle a su abuela, con insondable amor y respeto, en medio de la selva.

VIII
El otoño había comenzado. Era la primera vez que vivía un otoño (ya sabes como es Quitu). Las hojas cambiaban de posición como desaforados amantes mientras nosotros hablamos de los Beatles; fue cuando sacaste ese aparatito extraño de tu maleta para compartir los audífonos y escuchar: Grow old along with me/The best is yet to be/When our time has come/We will be as one/God bless our love/God bless our love. Me dijiste que Grow old with me fue la última canción escrita por John Lennon y grabada unos pocos días antes de su muerte, en 1980; y que las primeras líneas fueron basadas en un poema de Robert Browning: Rabbi Ben Ezra. La cantamos una y otra vez como queriendo desgarrarnos la garganta al compás de nuestras pretensiones. Spending our lives together/Man and wife together/World without end/World without end
Lennon se escuchaba felizmente ca(n)sado. Su voz me resultaba lejana y la música lenta y obsesiva. A ese mismo ritmo caminábamos entre la neblina del Centra Park; y luego de beber ese té caliente con el que me achicharré la lengua, dijiste: Envejece junto a mí, que todavía nos aguarda lo mejor. Y me sentí con 70 años encima. Entumecida las manos. Consumido mi vientre. Agotados mis labios.
Y fui feliz.

IX
El hombre ha muerto.
La barba no lo sabe.
Crecen las uñas.

J.L. Borges.

X
Oh Tashi, mi buen Tashi, nos bastaba con respirarnos hasta los sesos, sin decir ni una sola palabra, pero ya vez, acumulada de palabras es como me he quedado. Prefiero guardármelas antes que botarlas en el despeñadero, y que los buitres hambrientos se lancen embriagados por su olor fermentado y acaben para siempre con los últimos vestigios de tu nombre.
XI
Abu bakr abdur raheem--- escuché a lo lejos.

XII
Oh Tashi, anoche tuve una horrible pesadilla. Soñé con el infierno de Dante y yo estaba en él. Mis brazos eran leña y el calor subía por mis piernas. Sudaba incesablemente como quien confiesa sus culpas en forma de agua. Se veían tan reales los cuerpos desnudos de los pecadores, y sus gritos lastimeros me resultaban conocidos. Todos calcinándose y suplicando la muerte definitiva, pero en la constancia está el castigo. Yo seguí caminando con la esperanza de encontrarte en el bosque de los suicidas, ya que era el único lugar que me faltaba revisar. Grité tu nombre, mientras esquivaba a las arpías de entre los árboles, sin obtener respuesta, y de alguna forma eso me tranquilizó. De pronto, unos perros negros comenzaron a ladrar y un extraño humanoide hizo su aparición. Me señalaba mientras su mano iba creciendo y sus dedos se multiplicaban; primero eran veinte, luego cuarenta, sesenta, ochenta… y yo veía como se me acercaban cada vez más. Cuando sus asquerosos dedos estaban a punto de tocar mi rostro se cayeron como si hubiesen tenido lepra. Ya en el suelo, los dedos se convirtieron en enormes sanguijuelas. Fue entonces cuando desperté asustada pensando en que todo lo que había visto en el sueño era verdad. Menos mal que al abrir los ojos pude comprobar que Virgilio cuidaba de mí al pie de la cama.
XIII
Love me, love me, say you do/Let me fly away with you/For my love is like the wind, and wild is the wind/Wild is the wind/Give me more than one caress, satisfy this hungriness/Let the wind blow through your heart/For wild is the wind, wild is the wind.

Dimitri Tiomkin.
XIV
El maestro no caía en la rutina. Cuando lo conocí no tenía novia, esposa, amante ni hijos. Nada lo ataba; ni el tiempo ni el espacio ni el dinero ni la religión ni siquiera las estúpidas convenciones sociales -entre otras barbaries-. El maestro escondía muchos objetos extraños en su maleta. Una vez la dejó entreabierta y pude ver varios libros de pasta dura y antigua, documentos con grafías desconocidas, dibujos de algunos nativos americanos y unas botellitas pequeñas con tapas doradas. El maestro era un misterio en sí mismo. Su olor me seducía de tal manera que pude haberle entregado mis fosas nasales si así él me lo hubiese pedido. Su perfume no lo había percibido antes. No era ningún líquido de marca conocida; cualquier perfume comercial hubiese resultado burdo en su cuello. Su perfume era lejano, muy lejano. El maestro me hablaba de princesas del mundo árabe, de tierras prometidas, de eruditos, de poemas desconocidos. El maestro me hablaba del poeta Rumi y de Ibn al Habib, quien era el Sharif Sufi, otro gran maestro nacido en 1295. Este último escribió un diwan que se llama: "El deseo de los murids viajeros y el regalo de los gnósticos caminantes", y un comentario sobre el Hafidha de Shaykh Sidi Muhammad al'Arabi al-'Alawi al-Madghari. El Maestro era mi Maestro. Mi maestro dominaba muchas ciencias, siendo especialmente brillante en Tafsir y Tasawwuf. Mi Maestro se negaba a ser fotografiado, pero no era un caprichito de niñito-quiero-llamar-la-atención; sus razones eran demasiado buenas como para ser entendidas por cualquiera. Mi Maestro podía pasar horas caminando en silencio. Mi Maestro podía pasar noches enteras cantando. Mi Maestro tocaba el úd, el nad y el derbake. Mi maestro me besaba la mano cada noche y me decía al oído: Gracias por todo, mi querida Maestra.
XV
“Gone to the Unseen”

(…)Rising up to the sky
you attained the world of the soul.
You were a prized falcon trappedby an Old Woman.
Then you heard the drummer's
calland flew beyond space and time.

Rumi.
XVI
NYC,x-x-x
My habibti:

You have so much to give the world, to share, to teach and learn from others, let us be partners is this discovery. You must know from the center of your heart that I am your best friend. I feel like a brother in many ways. I want to look after you and make sure that you are able to grow as you should. Let us always be open with each other and share our fears and hopes. We can build a relationship with the foundation of trust and honesty. You are the hidden civilization of the center of the earth. I want nothing more then you. To study your architecture, your streets, and paths, your libraries and houses, your languages and culture, the style of your adobe homes and walls that mud brick made from the clay and water. I want to study your rivers and mountains; your economics and politics; your kings and queens, your priests and sages. You: carlita badillo coronado are the civilization that has called me to her. You are brought me from the cold concrete jungles of the gringo's north, to our home of our ancestors and the ways of old. I pray that over the years to come. I will explore your mystery, and in that journey to the center of the center... we will find each other in sacred reunion… again and again, and again, and 100000000000 times, in each smile an every look, in every meal we share, in every bread we break together, in every person and family we can serve and help, in every rainy day or day of brilliant sun. I will find you new and returned to me after a long millian apart, such is the secret of pain and suffering. By the experience of pain we can know much deeper the joys of happiness. If summer was always the earth would burn from heat; if day was always, man would destroy himself in search of his desires... Oh my love Carla, you have made me.... shaped me from the mud of the Himalayan mountains of Tibet and the Nile river of Egypt. You took me in your hands and formed my chest and placed within it my heart. You made my arms so hat I might hold you. You made my legs so that I may make pilgrimage to you. You made my feet so that I may leave my footprint on the desert sands that I will cross to find you. You designed my lips so that when I fall to the ground and kiss the earth she will remember you. You gave me eyes so that I can envision you. You gave me my nose so that in the garden of flowers I could recognize you. You gave me my hair so that I could count the endless ways. I need you, and you gave me mind so that in this lifetime I would come to know you. There is a time for all things...and this is our time. To you, I send all I am, all I have and all that is within. The word is: love. Reunion.
Green Bird.
XVII
¿Oh dulce bestia, hasta cuando esconderás tus llagas? ¿Hasta qué maldita luna me privarás del sabor de tus heridas? No te preocupes por si al comer la pus yo muero. Total, he de regresar en otro cuerpo, lo más probable es que sea humano, ya sabes, en la repetición está el castigo. Hasta mientras seguiré volando; cayendo al vacío para sentir la plenitud. No tengo miedo de caer. Ya aprendí que la muerte no es más que otra parodia, lo mismo que la vida. Escena cuatro. Acto tercero. Suenan las campanas. Afuera abundan las risas, los aplausos, los elogios. Ya se acabó la función, pero el maquillaje se niega a desprenderse de mi rostro. Las lágrimas lo empujan, pero es inútil. De-ca-den-cia. La realidad se difumina en mis labios. Lóbulos fracturados. ¿Quien no soy?
Hombre-bardo ¿En qué árbol habitas? Ya han pasado cuarenta y nueve días, o fueron meses o fueron años, y soy yo la que olvidó las instrucciones del gran libro. Trato de escuchar tu silencio, pero siempre irrumpe el grito de los cuerdos. Malditos cuerdos que se empeñan en moldearme. Hoy vomito sobre los cuerdos y sobre todo lo que pretenda borrar tu nombre. No quiero más explicaciones que las de mi propio dolor, preciado tesoro que de ti me queda.
Oh Tashi, entender al creador siempre ha sido enfermizo. ¡Asumo mi enfermedad! Y que nadie intente sanarme.
Siento vértigo... y no es eso lo que me mata.

martes, septiembre 11, 2007

A propósito de los 11-Ss

A los que murieron sin saber por qué
y a los que fueron asesinados por soñar.

Hace exactamente un año -y como ya era costumbre- me desperté muy temprano en la mañana, en el departamento de Sara, en Queens, con la radio sintonizada en alguna estación local de Nueva York. A diferencia de otros días lo que sonaba en el obsoleto aparato no era ningún blues del viejo Muddy Waters que con sus gritos enérgicamente melancólicos me dijera: ¡wake up, baby! another world is waiting for you out there, camuflado en alguna de sus canciones. No. Esa mañana, lo único que podía escuchar eran especiales periodísticos para recordar los cinco años de los atentados terroristas a las torres gemelas y el pentágono. Lo mismo sucedía con la televisión. Las impactantes imágenes -con el zoom en su máximo nivel- se repetían una y otra vez mientras la bandera norteamericana flameba, y familiares de las víctimas completaban las trágicas escenas. En los parques se entregaban gratis miles de ejemplares de periódicos con portadas de Osama Bin Laden, como el asesino que próximamente volverá, y de George W. Bush con una expresión de confianza, similar a la de un superhéroe norteamericano, la de un superman con el que todos estarán a salvo. Era como ver la cartelera de alguna película de acción holywoodense. "Estamos yendo por buen camino, pagarán los que tengan que pagar. No descansaré hasta lograrlo." Desde luego, un buen camino para nada bueno, porque en el mismo instante en el que Bush pronunciaba esas palabras, al otro lado, en Medio Oriente, la cifra de muertos por causa de la guerra, aumentaba; y la muerte se repetía una y otra vez, de la misma forma en que las imágenes del 11-S se repetían en el televisor, con la diferencia que las de Baghdad no se mostraban en el noticiero matutino de la CNN, y de hacerlo, apenas eran intermitencias, destellos efímeros, no más.

Decidí visitar la zona cero, a pesar de las múltiples advertencias y consejos de prudencia que venían de familiares y amigos. Necesitaba evidenciar lo que se estaba viviendo justo ahí. Por lo menos eso quería verlo con mis propios ojos, y no que un presentador con sonrisa de Mel Gibson prefabricada me contara la "realidad". Quería caminar por el lugar de los hechos, tomarme mi tiempo, hablar con la gente, sacar mis propias conclusiones. Apagué el televisor, la radio, y guardé mi filmadora y cámara de fotos en la mochila. En la mano, únicamente mi libreta de apuntes. Antes de cerrar la puerta, me acerqué a la ventana y comprobé que afuera hacía un buen día, entonces, tarareando al viejo Waters, salí.
La ciudad exhalaba miedo

Calles, restaurantes, edificios, autos, cualquier lugar podría ser un buen sitio para cometer un crimen -dijo alguien-. No, cualquiera no -pensé- los sitios toman vida por lo que simbolizan, y de la misma forma han de morir. Ingresé al subway. Todos se veían azules. No había mucha gente, lo que resultaba muy extraño tratándose del subterráneo de la que es considerada capital del mundo, pero mayor fue mi sorpresa al llegar a la línea Q, la que lleva a la zona financiera de la Gran Manzana. Éramos poquísimos, casi nadie, los que esperábamos el metro. Ya adentro, nadie conversaba, y el tiempo entre una parada y otra era abismal. Aun así, todo eso era tolerable, digo, el pánico que destilaban los cuerpos sudorosos de los pasajeros, el silencio, la paranoia, todo, pero de golpe el metro se detuvo, y no precisamente en una de las paradas. Por las ventanas se observaba cemento, y se apagaron las luces. Sólo se escuchó la voz del chofer para informarnos sobre un pequeño problema, por el que tendríamos que esperar ahí por un tiempo más. ¡Ah, carajo! -dije- y sentí que la sangre se me heló. Recordé los atentados anteriores, como el de Madrid, que ocurrieron justamente en un metro. Las ideas me pasaban en caliente por mi cabeza. En qué momento estalla, en qué momento estalla, hasta que después de nosecuantotiempo las luces se volvieron a encender y el jodido metro arrancó. El pequeño problema tomó casi media hora, y nunca nadie supo lo que en verdad pasó.

Ya en el WTC, habían grupos de personas con todo tipo de mensajes, desde familiares de las víctimas, organizaciones pro-bush, organizaciones anti-bush, polícias, bomberos y paramédicos, pintores, cantantes y locos, los infaltables mensajeros de la palabra de Dios, y, como siempre, la prensa.

¿De donde salió toda esa gente? No lo sé. El punto es que era increíble ver cómo se iba aglutinando para expresar su terror al terrorismo, y en otros casos -con los que sí compaginaba- les dolía la pérdida de tanta gente inocente; sin embargo, por esa misma razón no justificaban ningun acto terrorista, incluyendo el que su presidente había comenzado en Irak, varios años atrás.

Recordar, pérdidas, suicidios, amor, dolor, terrorismo, combartir, heroismo, "estamos buscándolo",
centro económico, Bush, Irak, terrorismo, Bin Laden,
inocentes, medio oriente,---petróleo---, niños,muerte, mass media, recordar, culpables, fe,
patriotismo, miedo, seguridad, ejército,
estrellas, infantilismo, símbolos, orgullo, bandera, humillación.
fundamentalismo, islam, cristianismo, occidente, paz, oriente, hermanos
Investigar, despertar, cuestionar, actuar,

El enemigo está adentro

A lo largo del día, aparecían nuevas voces que revelaban más datos con respecto al tema. Entre ellas, truthmove.org, una organización cuyos integrantes, quienes lucían unas camisetas negras en las que se leía: Ask questions, demand answers (Haz preguntas, demanda respuestas) o Investigate 9-11 (Investiguen el 9-11), distribuían una serie de documentos interesantes en los que aseguraban que el 9-11 was a inside job, es decir, que el trabajo sucio se había hecho en casa, y que todo había estado previamente maquinado. Aducían que el gobierno sabía que esa sería la excusa perfecta e irrefutable para sus ataques en Medio Oriente. Suena terrible, lo sé. ¿Pruebas? documentos detallados, imágenes, estudios y documentales, en los que prestigiosos investigadores, académicos y expertos en física analizan minuciosamente la caída de las torres, y entre muchos de los resultados se explica que uno de los edificios de la zona se había derrumbado poquísimo antes de que uno de los aviones se estrellara, y que al interior se encontraron restos de explosivos.

En fín, en medio de todo eso -y de tanta bandera yankee- un retrato de un hombre delgado, calvo y sereno se levantó, o mejor dicho, fue levantado por dos jóvenes que venían de Boston. Era el retrato de Gandhi, quien también un 11 de septiembre, hace 100 años, había iniciado con su movimiento de No Violencia. Uno de los chicos dijo: "Deseamos transformar el 9-11 en un mensaje de esperanza. Nosotros queremos recordar a la gente que incluso después de que la violencia ocurra, hay un mundo de posibilidades: no hacer nada o vengarse con más violencia no pueden ser las únicas opciones posibles. Nunca olvidaremos lo que ocurrió el 11 de Septiembre de 2001, pero tenemos la oportunidad de responder de manera que también honre el 11 de Septiembre de 1906. La violencia requiere una respuesta que tenga en cuenta las raíces del conflicto y ofrezca justicia para todos...sin más violencia.

A pocos metros de ahí, otro grupo de jóvenes comenzaba una especie de perfomance, "recordemos también el otro 11-S" -decían- y por ahí se leía ¡Allende, presente! Eran pocos, pero eran, y lo más importante es que esos pocos lograron que otros muchos se detengan por un momento y recuerden, reflexionen o -en el peor de los casos- se enteren de que hace treinta y tres años, en un país llamado Chile, también se atacaron unas torres, unas intangibles, las torres de la ilusión socialista, y que también hubo torturas, torturas por soñar, torturas concientes que duraron muchos años, y que esas muertes inocentes estuvieron apoyadas por el gobierno de su país.
Me senté en la vereda de la calle principal y observé como dos pilares de luces azules se iluminaban hasta el cielo, y por un momento me sentí tranquila porque al menos ese instante gran parte de esa gente que caminaba apurada y tan ensimismada pensó que en otro lado, más allá de su país, más allá de sus tan resguardadas fronteras, en otro 11 de septiembre, alguien también perdió la vida, y que por ese anónimo ...también alguien lloró.

Texto y fotos: Carla Badillo C.

Textos recomendados:

El espíritu del terrorismo. Por Jean Baudrillard

La violencia de lo Global. Por Jean Baudrillard

Represalia. Por Howard Zin

El fin del neoliberalismo. Por Ulrich Beck

Breve entrevista a Noam Chomsky

Y si tienen estómago:

La rabia y el orgullo. Por Oriana Fallaci (las 3 polémicas entregas publicadas por El Mundo)

Reacciones a favor y en contra sobre el editorial de Fallaci

miércoles, septiembre 05, 2007

Volver a la danza: De Tchaikovski, velos y san juanes

Tenía tres años y medio cuando mis padres me inscribieron en una academia de ballet clásico. Era muy pequeña como para poder hoy recordar cómo fue ese primer día en que mis pies comenzaron a arquearse y mis brazos a estirarse como nunca antes lo habían hecho. No lo recuerdo, pero es una de las cosas que más les agradezco. El iniciarme desde muy pequeña en la danza significó despertar frente a la sensibilidad del cuerpo y descubrir la infinidad de mensajes que este puede transmitir a través de la danza. Sorell no se equivocaba al decir que el baile es escultura en movimiento. Es así, es la sutileza de un giro ingenuo para después estallar en el aire en el momento justo en que también estalla la música. Mente-música, cuerpo-música, mente-cuerpo, música-música...dejar de pensar para sólo sentir, sentir la música que se apodera del cuerpo, un cuerpo que se vuelve liviano y que sabe que está listo para volar.

Arriba: en la obra "La Cenicienta" (Prokofiev)

Abajo: bailando "La Tarantela" (Beetovhen)

No, no exagero, alguna vez Jean Cocteau en el estreno de el "Espectro de la rosa" (1911) dijo -refiriéndose a Nijinsky, uno de los grandes de la danza clásica -sino el más-: ejecutaba un salto tan contrario a las leyes de la gravedad, describiendo una trayectoria tan elevada que yo nunca volveré a oler una rosa sin que el espectro aparezca. Y Tamara Karsavina, su compañera de baile, dijo alguna vez: Alguien le preguntó a Nijinsky si era difícil saltar como él lo hacía. Él no entendió bien al principio y entonces, inocentemente, dijo: No, no. No es difícil. Lo único que se necesita es subir y pararse un rato arriba.... a eso me refiero.
El ballet clásico me acompañó durante toda mi infancia, mi niñez y parte de mi adolescencia. Llegué a bailar en escenarios de teatros como el Sucre, el Bolivar y el ya desaparecido Cápitol. Tenía como maestra y coreógrafa a Sabina, una alemana que pasaba los 60 años, de aspecto imponente y de voz estruendosa. Aún recuerdo entre las múltiples presentaciones algunas de mis favoritas: El Lago de los Cisnes y Cascanueces, con la música de Pyotr Ilyich Tchaikovsky; La Cenicienta, con música de Sergei Prokofiev, y El Danubio azul y El Vals del Emperador de Johan Strauss.

En mis zapatillas de punta,

al lado mi hermana, quien también empezó a bailar.

Del tutú a los velos


"Hija de Príncipes,
qué graciosos son tus pasos con esa sandalias,
la curva de tus caderas es un collar hecho por mano de artistas,
tu ombligo es un cántaro donde no falta el vino con especias.
Tu vientre es como una pila de trigo".

Un día tuve que separarme de la danza clásica, y siempre me quedó una especie de vacío. Muchos años después, quise regresar, pero en aquella ocasión me sentí atraída por una de las más enigmáticas y bellas danzas que existen: la danza árabe. Aunque el tiempo que estuve en esta academia fue mucho más corto que el anterior, sobretodo por cuestión de tiempo -ya estaba en la universidad- me enriquecí de los ritmos orientales, del sonido tan particular de la percusión y del misterio de los velos. Fue otro despertar.

La danza árabe o bellydance es muchísimo más que mover las caderas y los brazos. Es una danza milenaria, de una sensualidad muy sutil. Su origen se remonta a lugares como Egipto, Fenicia, Turquía y Arabia, en dónde las mujeres se reunían en pequeños espacios para danzar y así evocar el poder de las diosas de la fertilidad, generalmente con el vientre descubierto para asimilar la energía del Dios sol Ra, y los pies descalzos para recibir la energía de la madre Tierra. Se podía diferenciar dos tipos de bailarinas: Las Ghawazee o gitanas que bailaban al aire libre o en el campo, y las Awalin que eran muy respetadas, pues además de bailar cantaban y recitaban poesía manteniendo el sentido espiritual de la danza. Con las conquistas esta manifestación artística y cultural de Oriente se extendió hasta la península Ibérica, en dónde se produjo una mezcla cultural que dio origen al flamenco.

El grupo con el que aprendí era el grupo oficial de la embajada de Egipto, en Quitu. Sonia, mi profesora, desmitificaba aquello de que para el bellydance se necesita tener una figura delgada. Ella era gordita, sin embargo se movía estupensamente bien realizando cada uno de los centenares de pazos. Aprendí a tocar los crótalos, una especie de castañuelas que dan fuerza al baile, y a utillizar elementos como el velo que, además de simbolizar el viento, representa el misterio que se revela ante el espectador.

De los velos a la fachalina

Tras otro largo tiempo sin bailar decidí regresar a la danza. Y hoy vuelvo a ella, ofreciendo mi cuerpo y mi mente a la que me llena por completo: la danza folklórica. Una danza maravillosa con la que siento una especial pertenencia, la que me da la posibilidad de reencontrarme con mis raíces. En la que no se trata únicamente de colocarse un traje y de mover el cuerpo al compás de un tambor, de una sampoña, de un charango; se trata de revestirse con la piel de nuestros ancestros, de escuchar las voces de los yayas.

Grupo Wallkakuna

Lo interesante es que a pesar de que siempre me gustó nunca había ingresado a ninguna escuela. Un día, mi mamá, otra amante de nuestra música, decidió aprender y comenzó a bailar en la Compañía Nacional de Danza. Luego de un tiempo, su coreógrafo, Bolívar Anchaluisa, y sus compañeras decidieron formar un grupo independiente al que llamaron: Wallkakuna, que en Kichwa significa “collares”. El nombre fue escogido por los integrantes del grupo, al sentirse identificados con la elaboración de un collar. Así, las cuentas (mullus) representan a cada una de las mujeres del grupo, mientras que los hilos y las uniones equivalen a los hombres. En conjunto, las cuentas y los hilos forman una sola wallka y por lo tanto, un equipo de trabajo sólido. La wallka es una de las partes fundamentales en la mayoría de indumentarias indígenas de la sierra y es, además, un adorno que le da el toque sutil y especial a la warmi, la mujer.

Mi mamá colocándose la wallka y Bolívar fajándola.

Hace una mes me integré oficilamente al grupo, y este fin de semana tuve mi primera presentación en el I Encuentro Nacional de Danza folklórica "HUELLAS", organizado por el director del Ballet Folklórico Saruymanda, Darwin Morales. La cita fue el patio cultural del Palacio Arzobispal, en el centro de Quitu. Confieso que estuve muy nerviosa antes de salir al escenario, creo que fue por el tiempo de ensayo -apenas dos semanas-, y como el vestuario es complejo: pesada falda sobre otra falda, blusas, fachalinas, sombreros, pañuelos, etc, me descontrolé. Bolívar se dio cuenta, me tomó del brazo y me dijo: Tranquila, el cuerpo tiene memoria musical, sólo respira y siente la música, disfrútala, entonces sentirás que el cuerpo solito comienza a responder. Y así fue. Salí a bailar sintiendo, bailé cinco coreografías: una bomba, dos san juanes, un fandango y un maldi. Y lo disfruté.

Con el traje típico de una de las comunidades de Otavalo

Mente-música, cuerpo-música, mente-cuerpo, música-música. Hubo un momento en el que únicamente veía colores, luces y a mi madre girando conmigo, entonces bailé con más fuerza que nunca; recordé las muchas tardes en que ella, desde el asiento de la academia de ballet, me observaba bailar de chiquitita, con una paciencia única. Han pasado muchos años y hoy somos las dos las que estamos en el escenario; hoy puedo compartir con ella la pasión que siento por la poesía del cuerpo: la danza.

Yupaichani mamaku. Ñuka taqui, ñuka tushuy, carajo!

lunes, agosto 20, 2007

El Rostro


No cabe duda, uno va tallando -a lo largo de su vida- el rostro que le fue otorgado en su nacimiento; un rostro en bruto al que se va esculpiendo de a poco hasta sentirlo propio. Antes de eso, nuestro rostro no es más que el rostro, masa fría y ajena que la naturaleza nos obliga a cargar en lo más alto de nuestro faro. Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la potestad de darle luz, calor, semblante, vida y, en el mejor de los casos -y si tenemos suerte-, gracia.

Si algo he aprendido de tanto mirarme desnuda en el espejo es que somos los únicos responsables de los defectuosos signos sobre nuestras pálidas superficies, los únicos, porque nuestras marcas, gestos, ojeras, arrugas, no son sino producto del desenfado, de la ironía, del llanto, de la carcajada. Ingenuo sería culpar a nuestros antecesores por las máculas de sumisión en nuestro cuello o por los lunares de servilismo en el lugar más oscuro de nuestro cuerpo. Somos nosotros los que labramos muecas ridículas o, en su defecto, maravillosas obras de arte.

Por eso, hoy asumo la existencia de esta línea verdosa que atraviesa mi cara de polo a polo, dividiendo mis ojos, mi nariz y mis bocas. Sí, he dicho mis bocas; confieso que me he construído otra cavidad bucal, una enorme, monstruosa, y que a pesar de ello me sigo sintiendo incompleta. Podría seguir aumentando elementos en mi rostro, mas no en mi cuerpo. Qué no daría yo por multiplicar mis pies, mis brazos… ¡mis uñas! Qué cortas quedan diez miserables uñas cuando uno quiere aruñarse el rostro para incrustar huellas de desilusión, vestigios de frustraciones, o para rasgar la espalda del ser amado y escucharlo gritar como de siete vidas, y comprobar que aún no las ha gastado todas, que al menos le queda una, tan solo una, y probar que no fue él quien se voló los sesos de tanto hastío, comprobar que a pesar de todo -y de todos- todavía conserva , al igual que yo, su rostro.

jueves, agosto 16, 2007

Lengua calcinada

Al amante del viento.


Ella canta al compás de la noche
desabrigando el pudor de las notas mayores.
Ha caído en el ritual del viento
y del amante del viento
¡Se ha vuelto viento!
De manera que ya no tiene cuerpo
mucho menos forma de mujer
sus piernas se han evaporado
como un acorde
y su cintura se ha prendido de la niebla
Ha dejado su piel en el perchero
para ser liviana entre las livianas
y tomar impulso
y hundirse en el mar generoso
donde el apetito no se limita
mar en el que habitan mil especies
todas ellas arrastradas hacia el sur
dirección en la que el mar transita.

Esta ciudad no es puerto
pero hoy se ahoga
con el sabor glorioso de la sal
la misma sal con la que Ella
calcinó su lengua
músculo cómplice que
a fin de cuentas
era lo único real que le quedaba.

viernes, agosto 10, 2007

Detrás del lente...

Siempre he creído que definir algo es de alguna manera limitarlo, y lo cierto es que existen muchas cosas que simplemente no tienen límite. Una de ellas: el arte. El arte en cualquiera de sus expresiones. Sin embargo, debo reconocer que, en muchos casos, ese tipo de descripciones nos dejan un sabor tan placentero que sólo puede compararse con el sabor que el mismo arte puede brindar. Así, me permito parafrasear a uno de los maestros de la fotografía, el francés Henri Cartier-Bresson, cuando la define: "La fotografía es una lección de amor y odio al mismo tiempo. Es una metralleta, pero también es el diván del psiquiatra. Una interrogación y una afirmación, un sí y un no al mismo tiempo. Pero sobre todo es un beso muy cálido”....

¡Cuánta razón!

Yo, desde mi afición, desde mi ojo apasionado y mi dedo inquieto, puedo corroborar eso. La fotografía es para mí otra forma de hacer poesía, y ojo que hay poesía que nos reconforta, que denuncia, que embriaga y otra poesía que duele, que nos desarma. Es igual. A fin de cuentas, la fotografía es una forma de revelación, en la que confluyen uno, dos o más elementos que provocarán algo en el espectador (caso contrario no estamos hablando de arte).
Poesía, poesía no escrita, poesía. Ya lo decía el poeta nadaísta Jaime Jaramillo Escobar: "La poesía también puede manifestarse de muchos otros modos, y por eso podrá sobrevivir en futuras civilizaciones, en las que no se emplee el arte de la escritura. Reservar el término de poeta sólo para el que escribe versos es empequeñecer la poesía. Y también hay que aprender a disfrutar la poesía no escrita, que se expresa por otros medios. En tanto se amplie el concepto de poeta, será mejor para la poesía y para el mundo. "

Pues bien, como ya lo mencioné, desde mi afición a escribir con luz, pondré a funcionar un fotolog que lo abrí hace ya casi un año, y en que hasta el día de hoy no había colocado ninguna de las fotografías que patalean en mi computador. Pero ya está, así que pongo a su disposición la dirección de la página para compartir colores, sensaciones y formas. Para compartir, en el mejor de los casos -y disculpen si soy tan pretenciosa- poesía.
www.flickr.com/photos/carla_quilago (la dirección estará permanentemente al lado derecho de este blog, al inicio de la sección: otras tierras por las que ando)

Deprisa

Nueva York

¿Hacia dónde marchan criaturas homogéneas? Hormigas de un territorio estéril. Caminan deprisa hasta que el tren abra su boca y los devoré a todos con sus dientes de acero. La velocidad genera incertidumbre...¿Quién será el siguiente?