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miércoles, diciembre 15, 2010

Heráclito


5. Intentan purificarse manchándose de sangre. Es como si después de haberse manchado de barro, quisieran limpiarse con barro. Y se tendría como insensato al que quisiera reprocharles su conducta. También dirigen plegarias a unas estatuas. Es igual que si se hablase a las casas, por no saber lo que son los dioses y los héroes. 

Roger Vernaux. Textos de los grandes filósofos. Edad Antigua. Ed. Herder. Barcelona. 1988.

domingo, noviembre 21, 2010

De citas y aforismos - Gabriel Zaid

 Heráclito

(...) El fragmento como obra no es un rasgo de la modernidad, sino de la prehistoria. Los primeros ensayos mínimos no fueron los apuntes románticos, "fragmentarios de nacimiento", ni las máximas de La Rochefoucauld, ni siquiera los aforismos de Heráclito y Demócrito: fueron los refranes, anteriores a la escritura. Cuando aparece la escritura, no desaparece la creación de microtextos memorables. Continúa doblemente: de manera tradicional y ahora también por escrito, gracias a un escritor muy crítico y original: Heráclito. Según Havelock (The literate revolution in Greece and its cultural consequences, pp. 240-247), los autores de poemas filosóficos (Parménides, Jenófanes, Empédocles) critican el saber de Homero y Hesíodo, pero todavía escriben en hexámetros, como ellos. En cambio, Heráclito escribe en prosa, se aleja del hexámetro y del recitado con acompañamiento musical, acude a la frase sentenciosa del refrán tradicional y la transforma, con evidente voluntad de estilo.

Gabriel Zaid, Citas y aforismos, Letras libres, octubre 2003.

miércoles, mayo 27, 2009

De Tullpucuna, Pizarnik, paradojas... y si Nietzsche hubiese tomado San Pedro

Con bandolín en mano, junto al grupo de música andina Sury

Esta última semana ha sido maravillosa. Nuevas puertas, rostros, voces se han abierto. He aprendido mucho estos últimos días: sitios de poder, gente guerrera, conocimiento ancestral. Demasiados regalos como para digerirlos en tan poco tiempo. Pero sigo alimentando en mi cabeza un par de proyectos que se van consolidando. Y de los que no hablaré en mucho tiempo -al menos no explícitamente-, hasta cuando sea algo más concreto. Pero tiene que ver con una gran historia. GRAN GRAN historia.
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Con la danza vuelo. La música y los movimientos de mi cuerpo son la posibilidad de ser el animal que yo disponga. Jaguar, serpiente, quinde, cuviví. La danza me vuelve menos fragmentada. Cabeza, pies, manos, corazón. Bum bum. Como Taruka solía decirme: no se baila con los pies sino con el corazón. Y es cierto. El corazón es el gran director de la orquesta. Él es quien va marcando el ritmo. Bum-Bum. Bum-Bum. Mi tambor es muy fuerte. Todos llevamos un tambor adentro. Pero no todos lo saben.

Carla y mama tullpu ensayando el "yaku"
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Estoy feliz. TULLPUCUNA está ensayando mucho. Se vienen varias fechas imporantes en nuestro calendario andino y queremos bailar entregando el corazón, dejando nuestro mensaje a los lugares a los que vayamos. Varias presentaciones a la vista. La del 21 de junio será la más importante. Inti Raymi. La fiesta del Sol. Jatari Jatari. Bailaremos en el Itchimbía para activarlo. Ya empezamos a practicar con el grupo de música andina Sury. Todos ellos son de Otavalo. Y hemos hecho un muy buen equipo. Ellos tocan y cantan. Nosotros bailamos. Pero al cabo de un rato la emoción nos gana y todos acabamos formando un círculo, todos bailando y cantando. El domingo no teníamos donde ensayar y mama Tullpu ofreció nuestra casa. Entonces todos subimos con sampoñas, guitarras, charangos, bandolines, armónica, flautas y violín a la terraza. Sasá y Memo también vinieron. Juntamos leña y carbón, cortamos muchos plátanos maduros y los pusimos a asar. Empezamos por la tarde. Y fuimos testigos de cómo las montañas se iban perfilando entre la niebla a medida que caía la noche.
Varios ñaños Tullpus y SurySasá, Carla y Memo asando platanitos maduros

Jaime, el maestro del violín
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Memo nos invitó el otro día a su casa, allá en la quebrada seca. Memo ha sido una verdadera bendición en el camino. Memo es mucha luz, mucha luz. Memo ha aparecido en el momento justo. Memo sido el puente para esa GRAN historia a la que me refería. Memo es un guerrero. Mitad lobo. Mitad Halcón. Memo es muchas luz, igual que sus padres. Doña Marina, gran mujer, ella vivió en carne propia los abusos contra el runa en las haciendas, ella luchó junto a mama Tránsito Amaguaña. Y qué decir de su padre: Don Chugchurillo, último mishquero de Pomasqui. Amigo fiel del penco, del arte de sacar el "agua miel", el chaguarmishque. Y su bisabuelo de 105 años. Y su familia: 50 que danzan -entre grande y chicos- vestidos de pumas, soplando ocarinas, moviendo sonajas, despertando conciencias.
De izq. a der. Memo, Yo, Chío, Marina, Pao, Karlita
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Definitivamente todos los sitios a los que he viajado me han dejado grandes enseñanzas, pero ninguno como mi tierra. Por más que quisiera desligarme, sentirme ajena (cosa que no quiero en absoluto), no podría. No me refiero a lo que pasa en la Gran Ciudad, a vista y paciencia de todos (y en donde también disfruto, cómo no), se trata de algo que va más allá. Si tan sólo pudiese explicarlo, si tan sólo pudiesen experimentar las cosas que aquí he experimenado, las historias y gente que he conocido. Soy muy afortunada, estoy conciente. Y cuando vivo cosas como las que viví en la quebrada seca el otro día, pienso, por ejemplo, en Nietzsche. ¿Qué hubiese pasado si el filósofo llegaba a conocer a la familia de Memo? Seguro se hubiese replanteado muchas cosas, muchas muchas cosas. Talvez yo lo haga por él.

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Nuevamente pienso en Nietzsche. ¿Hubiese sido el mismo de haber conocido a los herederos de Collaguaso, de Atahualpa o la Quilago? Seguro que no. Ahora mismo veo a Memo retándolo a tomarse San Pedro frente al fueguito sagrado. Nietzsche, sentado sobre la tierra, me mira incrédulo. Yo sonrío desde mi sitio, y muevo la cabeza invitándolo a tomar la medicina. Tómate -le digo-. Y, una vez que retornes, me cuentas qué te dijo Zaratustra.

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Gato Negro me envió un paquete hace varios días. Gato Negro es un verdadero anarquista. No de los de boca sino de los que se preparan, se organizan y luchan por cumplir su ideal, algún día. No hablo de formas: de música, de ropa, de discursos vacíos. No. Hablo de conenido, de propuestas, de argumentos. Gato Negro es un verdadero libertario. Gato Negro forma parte de una linda historia que tuve hace mucho tiempo. Gato Negro es un buen muchacho. Gato Negro es mi amigo. Gato Negro no sabe que me enamoré de un viejo policía en el país que él literalmente detesta. Gato Negro no entendería. Gato Negro me envió un paquete hace varios días. Una carta escrita con su puño y letra, varios fanzines y un libro: La Estética Anarquista de André Reszler. Gato Negro me pidió que le responda máximo hasta el jueves. Y han pasado varios días y no le he respondido. Tengo todas las ganas de hacerlo. Y lo haré. No sé que estará pensando. Pero evidentemente estará molesto por dentro. Pero no podía hacerlo. No me gusta que me impongan fechas, y menos que lo haga un anarquista. Mark nunca me ha impuesto nada. El policía jamás me ha impuesto nada. Sigo llena de paradojas.
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Entré a la librería en la que no hace mucho, por anotar en mi libreta algunos aforismos de Heráclito, me amenzaron con sacarme, pues estaba prohibido tomar apuntes y yo no obedecí. El punto es que esta vez me encontré con un nuevo libro de Alejandra Pizarnik en el estante. En realidad era una recopilación de su prosa. Lo abrí, leí un par de párrafos y me enganché tanto que quise comprarlo, pero no tenía más que un par de dólares en el bolsillo. Así que me senté en una esquina y empecé a leerlo. No sé cuánto tiempo pasaría, pero llegué a leerme casi la mitad. Me olvidé del mundo entero. Sólo eran las palabras de Alejandra en ese momento. No quise tener problemas con el librero, así que si alguna frase me gustaba, la repetía mentalmente al menos cinco veces hasta memorizarla. Dos de ellas pude escribirlas en mi teléfono celular, burlando al vigilante. Me sentía extraña. Coño, no estaba hurtando ningún libro, pero sentía algo parecido sólo por camuflar a Alejandra en mi celular. Ni siquiera recuerdo el título del libro. Pero al cerrarlo, y al devolverlo al estante, quise besar a Alejandra y darle las gracias. Encontré nuevas razones para quererla. Espero regresar una de estas tardes para acabar el libro.
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Alejandra también era un animal nocturno.

viernes, abril 03, 2009

Imágenes de la Fiesta del Fuego Nuevo

Encendiendo el fueguito sagrado.

Heráclito de Éfeso pensó al fuego como principio de todas las cosas. Nos dijo: "Este mundo, el mundo de todos, no lo ha creado ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que existió siempre, existe y existirá: un fuego siempre vivo, eterno, que se está encendiendo según medida y extinguiéndose según medida." (fr. 30). Sin duda un interesante planteamiento que el filósofo griego hizo alrededor del año 500 a.C.. Sin embargo, aquí, en los Andes, filósofos de estas tierras plantearon lo que Heráclito en su momento (no sólo eso, desde luego), con la diferencia de que nuestros ancestros lo hicieron miles de miles de miles de años antes. Y tan bien lo entendieron que una de las celebraciones más importantes dentro del calendario andino es el Mushuk Nina (fiesta del Fuego Nuevo), el 21 de marzo, en el que a medio día el sol cae recto, y en Kitu, específicamente, nadie proyecta sombra. Esa fecha es la que precisamente marca el inicio del nuevo año. El fueguito renueva, purifica, invoca. Qué bien lo comprendieron los taitas y las mamas, con qué sabiduría nos lo transmitieron. Por eso, miles de años después, aún seguimos encendiéndolo, aún seguimos danzando frente a él.

Tullpucuna
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La danza de nuestra tierra es el ritual de los grandes misterios. Así como nuestro sol y nuestra luna, taita Inti y mama Quilla, son los mismos al que adoraron nuestros ancestros hace miles de años, hoy las voces de los abuelos y las abuelas son las mismas: cantos de viento a través de zampoñas y flautas. Nosotros acompañamos esos cantos con los pies latiendo sobre la tierra, sinche sinche sobre la pachamama, giros y saltos al compás de san juanes y saltashpas. Somos quindes de colores, llevamos en las alas los mensajes de nuestra tierra.
Celebrando el Mushuk Nina

Reinaldo, compañero Tullpu, peinando su samarro.

Paola, del colectivo cultural Pumaski Yachana Wasi, meciendo la fanesca comunitaria

Y luego de la danza el alimento, porque el cuerpo debe estar fuerte para seguir danzando. Y qué mejor si la comida es cocinada a leña. Ah, qué bien sabe la fanesca, el festín de los más variados granos, y sobre ella el queso y los platanitos fritos y el amor de las personas que lo prepararon. Y reir junto a mi madre y estar una vez más juntas en esto.Y que la gente siga llegando para tomar su tarrina gratis. Y luego comerla así, con chicha en mano, oliendo a humito y disfrutando del pasaje imponente de pavos reales y cerros sagrados, así hasta que el tiempo pase y la niebla nos envuelva a todos con la misma manta.

¡qué comida, carajo!

De izq. a der. Santiago, yop, atrás mío Paola, Max, mi mamá, una de las señoras que colaboró, Hugo, varios asistentes, y de espaldas Sasá.

Sasá, artesano (quien me regaló una bella cruz andina (chakana) hecha con sus manos), abejita y yo

Pavos reales
Catequilla, mitad del mundo. Latitud 0.
Kitu


Guardiana del fuego interno.

martes, febrero 17, 2009

Entre el río de Heráclito y dos escenas de Leconte


Me despierto en la madrugada con una sola escena en mi mente, una de la película francesa de Patrice Leconte: El Marido de la Peluquera. Me martilla una y otra vez la última parte, secuencias y cortes palpitando en mi cabeza: la pareja follando mientras cae la tormenta; la desesperación en el rostro de ella; la música de un país lejano; el puente bajo el cual corre el agua endemoniada; y, finalmente, el salto. Todo se distorciona en un segundo. El salto. El puente. Su cara. La inmortalidad. Cuántas veces he sentido lo mismo, el instinto frente a la incertidumbre. Mejor marcharse para nunca ser olvidada. Blanco y negro. Afuera llueve. Y mi cama es el puente del río de Heráclito. Y yo es otra. Soy la chica del puente. Pero no aparece nadie que me diga que estoy a punto de cometer una estupidez. Soy la chica del puente. La paternier del tiempo. Y me cubro con la sábana. Pero no hay aplausos desués de las cuchillas. Soy valiente, y por eso lloro. Quisiera decir que lo hago por aquellos que no tienen lágrimas, por los que nunca las tuvieron. Por los que nacieron secos. Por los que no se atrevieron a saltar de sus propios puentes. Pero sería una mentira. Yo lloro para empapar mi cuerpo. Para ver que algo cae sobre mis sábanas, para saberme húmeda a pesar del barro en mi vientre. Lloro con descaro sobre el puente del río de Heráclito. Lloro porque soy valiente. Porque alguna vez me bañé en sus aguas. Lloro porque sé lo que se viene. Por eso doblo mis piernas. Y respiro con fuerza. Y tomo impulso. Y cuento hasta tres. Pero cuando estoy a punto de saltar, el río desaparece. Y, nuevamente, no me queda otro remedio que abrir los ojos.