martes, julio 29, 2008

Nuevo México también

Ruta 66, en Alburqueque-Nuevo México

Me quedan cinco días en territorio ecuatoriano. Cinco. Tengo muchas espectativas sobre mi próximo viaje. A ratos me vienen espasmos de conciencia sobre mi amplio itinerario y mi escuálido bolsillo. Y es que quienes me conocen saben que a veces puedo emocionarme mucho y seguir lo que deseo hasta conseguirlo, sin medir consecuencias iniciales. En este caso las distancias, por ejemplo. Estoy pensando visitar lugares de difícil acceso o distantes de un punto a otro. Es cierto, me emocina imaginarme recorriendo más y más y más sitios "aprovechando" que estoy en ese país. Y claro de mi punto de partida: Phoenix (donde tendré la suerte de alojarme en casa de Flora, una amiga de la casa), termino por visualizarme en Louisana y cantando un blues de Muddy Waters o avanzando un poco más y recorrer la tierra de mi muy querido William Faulkner. Mira -le digo a Andrea- sólo son un par de cuadrados más, mientras señalo en el mapa la división por estados de USA. Ella piensa lo que la mayoría: estás loca. Es evidente que las distancias para mí se vuelven mínimas y acabo por olvidar que, por ejemplo, San Francisco es una de las ciudades más caras de la zona, pero al mismo tiempo sé que algún hotel barato he de encontrar (espero) y que de hambre no moriré. Me sirvió mucho conversar con Peter este fin de semana, un escritor norteamericano amante de Quitu (cada año visita nuestra ciudad y escribió un libro sobre su topografía laberíntica de la ciudad del medio) y profesor en la Universidad de Carolina del Norte. Vivió muchos años en Arizona y me dijo que ese estado, en particular, es muy distinto a todo el resto del país, que me va a encantar. Me dio ciertos consejos que me han servido desde ahora. Además me ayudó con ciertas instrucciones para llegar a la reserva de los hopis, una de las más antiguas y la que ha sabido mantener, quizá como pocas o ninguna, sus tradiciones y saberes ancestrales sin mezclarse con lo comercial y turístico. Además me dio las luces sobre otro estado que ya decidí visitar: Nuevo México, un estado con el que siento voy a encajar muy bien, con un paisaje impresionante, por lo que me dijo Peter, y con una arquitectura tradicional de adobe, tradiciones familiares, comunidades indígenas, etc., con movidas culturales interesantes que han atraído a lo largo de las últimas décadas a artistas, escritores, intelectuales y hippies. Y se trata de uno de los estados más pobres del país. Así que ya veré qué hago on the road, depende como se vayan dando las cosas, lo más probables es que me quede un buen tiempo en Arizona, ahora que sé más cosas sobre el lugar, así que irme a Los Ángeles (una ciudad enorme y cara), en esta ocasión ya me tiene dudando. Quizá lo dejaría para una próxima, aunque al mismo tiempo siento que las cervezas no serán lo mismo tomándolas sola que tomarlas junto (o sobre) el viejo Hank. Eso es lo único que me desviaría a L.A. por ahora., porque sino pensaría más bien ir directo a San Francisco. Pero bueno, bueno, mejor no me adelanto, los pueblos, ciudades, vivos y muertos estarán ahí. Ya veré. Ahora lo que me preocupa es mi cámara, mi querida Yashi (nikon d70s) sigue dañada. Ya van varios meses que reposa en el consultorio del Dr. Cámara. La llevé por un asunto y el tipo me la jodió en una de las acciones de la cámara. El punto es que me quedan escasos días en Quitu, y yo sin mi cámara en mano me siento como tuerta. No se diga a un viaje largo, de este tipo, sólo imaginar que no voy a retratar el desierto pintado me bajonea. ¡¡¡No!!!! ni pensarlo, mañana iré a recogerla y a ver si se puede hacer algo sino intentaré con otros técnicos. Hay tres opciones o la joden definitivamente o la arreglan en escasos días o me la llevo a arreglarla en los United. Pero y hasta mientras???... grrrrr. Prefiero no pensar en ello por esta noche, que ya me he atormentado los últimos días. Bueno, además eso ya es una especie de costumbre... en mi último viaje a Nueva York, mi filmadora se dañó justo un par de horas antes de abordar el avión, no sé como logré que me la arreglen con tanta presión. Espero que algo así suceda esta vez.
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Relájate, Carla, no puedes perder toda la buena energía de la que te cargaste adentro de la montaña, del precioso Lulun Urku y del Casitagua, con la fuerza de la cascada escondida... Por hoy a dormir... que sea lo que tenga que ser.