domingo, julio 13, 2008

Cualquier día es bueno para hablar de Frida

(México, 6 de julio de 1907 - 13 de julio de 1954)
Quise postear algo sobre mi querida Frida Kahlo el domingo pasado, fecha en el que se recordaba su natalicio. No lo hice. No por cuestión de olvido o desamor -como diría Freddy-, simplemente no quise colocarlo como relleno o de refilón en la extensa nota que publiqué sobre el maravilloso fin de semana que tuve entre mi cumpleaños (yo salté a la vida un 4 y Frida un 6) y la presentación de mi grupo de danza por el día del cóndor andino. Así que lo hago hoy, 13 de julio, fecha en la que Frida se fue al otro lado del río hace ya 54 años.

Por otro lado, he de decir que soy una mitómana (Migoya lo reconoció al tiro). Y no es ninguna novedad mi fascinación por esta mujer, por todo lo que fue, hizo, pensó, pintó, sufrió, amó, en fin. Por ello quedé encantada con el calendario de Frida que me regaló mi padre hace poco (se incluyen las reproducciones de algunas de sus pinturas y algunos bocetos), pero sobretodo vuelvo agradecerle a Uberto Stabile, quien se desprendió de un libro precioso sobre la pintora, adquirido originalmente en México, al igual que un par de objetos que alimentan mi fetichismo. Y eso me encanta. Pero de mis fetiches escribiré otro día. Hoy quiero dejarles con un fragmento del libro mencionado: Frida Kahlo. Una vida abierta de Raquel Tibol, en el que se incluyen fotos, fragmentos de sus diarios y cartas, artículos varios, etc. El que les comparto ahora es demoledor, a mí me sacude enterita, siempre me he identificado con ella en muchos aspectos. Carajo, Frida, te entiendo... yo también cantaré, bailaré, gritaré y escribiré hasta que tenga voz, piernas, coraje y pulso.

¡A tu memoria, mi querida! Hoy te canto junto a tu otra amante, junto a Chavela (que bien nos la hubiesemos pasado juntas). ...Y a tu salud, mi querido Uberto, nuestro libro está en buenas manos.

***
Cuando Frida murió se cumplían veinticinco años de su unión con Diego, veinticinco años de una pasión que conoció el equilibrio entre la conmiseración y la crueldad, entre la honradez y la mistificación. Diego tuvo en su amor el genio suficiente como para alimentar en Frida las ganas de vivir y de ser. Abrevándose en ese sustento Frida creció frondosa y abrazó a Diego tiernamente. Espiritual y alegóricamente Frida nació de Diego. Hija y madre, origen y consecuencia. Del fuego maternal de Frida surgió otro Diego. Ambos sintieron la existencia como un acontecimiento incesante, forzaron ciertos límites, rompieron ciertas normas. Ese anhelo de libertad jamás saciado lo expresó Frida, muy en su estilo, en las páginas del diario que escribió y dibujó en sus largas horas de soledad:

"Yo quisiera poder ser lo que me dé la gana -detrás de la cortina de la locura: arreglaría las flores, todo el día; pintaría el dolor, el amor y la ternura, me reiría a mis anchas de la estupidez de los otros y todos dirían: pobre, está loca. (Sobretodo me reiría de mí.) Construiría mi mundo que mientras viviera estaría -de acuerdo- con todo los mundos. El día o la hora y el minuto que viviera sería mío y de todos. Mi locura no sería un escape de "trabajo" para que me mantuvieran los otros con su labor.

La revolución es la armonía de la forma y el color y todo está y se mueve bajo una ley: la vida. Nadie se aparta de nadie. Nadie lucha por sí mismo. Todo es todo y uno. La angustia y el dolor y el placer y la muerte no son más que un proceso para existir. La lucha revolucionaria en este proceso es la puerta abierta a la inteligencia.

Niño amor. Ciencia exacta. Voluntad de resistir viviendo, alegría sana. Gratitud infinita. Ojos en las manos y tacto en la mirada. Limpieza y ternura frutal. Enorme columna vertebral que es base para toda la esructura humana. Ya veremos, ya aprenderemos. Siempre hay cosas nuevas. Siempre ligadas a las antiguas vivas. A lado, mi Diego, mi amor de miles de años."
.
Frida Kahlo. Una vida abierta. Raquel Tibol, Diversa, México, 2002