domingo, julio 13, 2008

Carlos Coronado

Don Carlos nació un día como hoy, 13 de julio hace muchísimo tiempo, en un pueblito cuyo nombre parece haberlo marcado: El Corazón. Don Carlos era eso, puro corazón. Mi abuelo era un viejo precioso que estoy segura que si aún viviese nos la llevaríamos muy bien. Don Carlos fue sastre, aunque realizó muchos oficios más. Siempre tuvo un carácter jodido, pero siempre fue justo, leal, generoso, sensible. Compadre de la noche y orgullo de mi madre (y viceversa). Lo amo, lo amo infinitamente. Todavía escucho sus silbidos fuertes que eran una especie de firma personal. De él heredé más que el nombre y el apellido, más que el carácter jodido y la lealtad absoluta.
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Entre las múltiples anécdotas, cuenta mi madre que mi abuelo, a la mañana siguiente de una buena juerga, todavía chuchaqui (resacoso), solía irse a alguna fonda en la que sirvieran los típicos platos levantamuertos, algún caldo de 31 o mondongo (calavera) que lo reanimara. Pero jamás se iba solo, siempre se iba acompañado de su negra, como él llamaba a mi madre. Por lo que desde ese entonces, cuando apenas era una niña, la negra fue su compañera fiel. Mi abuelo tomaba el caldo y mi madre se entretenía con la calavera. Me parece una hermosa imagen recreada en mi cabeza. Por eso cada vez que puedo le pido a mi madre que me la cuente completita y con detalles.
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El viejito era único. En la foto, basta ver su mirada serena, perdida en el vacío, y esa sonrisa pura contrastando con su frente amplia y marchita... y yo sobre sus piernas. La niña de cachitos es Andrea, mi hermana.
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A tu salud, viejito lindo, donde quiera que estés!