En todas las playas del mundo el mar me saluda distinto. El movimiento de las olas, la espuma, las rocas. Bordeando el muelle de Viña del Mar me encuentro con una especie de balconcitos salidos, cada uno ocupado por una pareja de enamorados como si fuesen unos mismísimos cuadros vivos. Altares del amor. Dicho así podría sonar cursi, pero otra cosa es verlo. La escena en vivo es maravillosa. Sobre todo por la metáfora que encierra: esos balcones donde las parejas se encierran son una especie de paredón. Un paredón sin fondo. Y arriba una guillotina. Tarde o temprano el amor decapita.
VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ GANA EL PREMIO DE LA CRÍTICA DE ARAGÓN DE POESÍA
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poética | Un galardón ex aequo en los Premios de la Crítica
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Hace 14 horas

