miércoles, noviembre 07, 2012

Pisco, libros, carrusel, soledad


El biógrafo. Santiago, 2012

Primer pisco souer en Chile, me lo tomo sola. Bueno, sola no, sobre la mesa: Vaslav Nijinsky, J.M. Coetzee y John Millington Synge. Me escolta "El almuerzo desnudo" de David Cronenberg, basada en la novela de William Burroughs. Soy la última que queda en este bar. Hay una televisión encendida, sin volumen. Todo lo que leo es 345 veces mas grande, mi mirada es una hipérbole. Todo lo que escucho, todo lo que huelo, todo lo que veo se conecta una y otra vez con todos mis recuerdos. Veo en los subtítulos de una película: "Champs Elysees" y me acuerdo de esa tarde en París, de ese  glorioso carrusel en los Campos Elíseos, del corcel negro en el que me subí, y de la canción "I will survive" que sonaba en francés mientras Mark me filmaba  con mi pequeña cámara... mientras yo escribía, pidiendo que esa vuelta no terminara, que no terminara jamás…. Pero siempre pido lo que termina, inevitablemente. Así es la Vida. Recuerdo que esa tarde también pedí no crecer, sabiendo que detrás de mi piel firme ya habita otra piel rugosa, huesos frágiles. Y ahora aquí, bebiendo este pisco, abriendo páginas al azar, garabateando versos con una letra que mañana me costará entender. La soledad quizá sea esto, esto que pretendo combatir, inútilmente, y una vez más, a punte de letras.