lunes, marzo 26, 2012

Gregory Corso



Un día como hoy (26 de marzo de 1930), nació el poeta Gregory Corso, uno de los miembros más representativos de la Generación Beat. Celebro su memoria con un fragmento de mis "Beatificaciones", publicadas en el libro 'BEATITUD: Visiones de la Beat Generation' (Ed. Baladí, España, 2011), y acompaño con esta fotografía que la saqué precisamente en la tumba del poeta, allá en Roma, en 2008, junto a la tumba de su amado Shelley. A tu salú, angelito de gasolina!




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"Estoy en la tumba de Gregory Corso, en Roma. Shelley y Keats son sus vecinos. Me pregunto en cuántos cementerios tuvieron que vivir estos poetas antes de radicarse aquí. Pienso en Corso, de no haber muerto en Minnesota quizá lo hubiese conocido. Las mujeres lo detestaban por agresivo, pero sus amigos dicen que era como un niño inofensivamente rudo. Jack me contó una vez que Gregory, ya viejo, fue entrevistado en una radio, y a medio programa llamó una muchacha diciéndole: Hola, Gregory, soy tu hija, a lo que él respondió: ¡Vamos, tú quieres follar! Ese era Corso. Ese y el niño de los orfanatos (su madre lo tuvo a los 16 y lo abandonó para regresar a Italia) y el que estuvo en la cárcel por pequeños robos, aunque fuese ahí, en la biblioteca de la penitenciaría, donde encontraría su verdadera vocación, convirtiéndose en ávido lector y escribiendo sus primeros poemas. Muchas lo detestaron, Jessica no. Jessica Loos fue una de sus pocas y buenas amigas. Se conocieron en un recital de los beats, en Nueva York. Ella tenía 23 y Corso bordeaba los 60, desde entonces fueron inseparables. De hecho ella vivió dos años en su piso, por eso lo conoció muy bien. “Era satírico, viajero, vulnerable y amante de Shelley. Hablaba de los mismos temas, pero siempre hallaba algo nuevo”. Recorrieron librerías, cafés y cantinas del bajo Manhattan. Otra anécdota fue cuando Ginsberg tuvo un recital en la Universidad de Nueva York. Ted Jones, Jessica y Corso lo acompañaron. Cuando Ginsberg empezó a cantar su poema “Don’t smoke” (contra la nicotina), Ted sacó una botella de ron y empezaron a beber, luego Gregory empezó a gritar: “Smoke, Allen, Smoke”, lo que hizo que el mismo Allen los echara de la sala. Corso era irreverente por naturaleza. A la única que respetó en verdad fue a la poesía. Patti Smith llegó a decir: “No hay duda de que Corso fue un poeta. La poesía era su ideología, los poetas sus santos". Poco antes de morir, Corso contactó a su hija, quien además de perdonarlo, cuidó de él hasta el último día, cuando el poeta, literalmente, murió soñando."