domingo, mayo 31, 2009

...y me fui con mis poemas a Machachi

Vista del Valle de Machachi
photo by Bob Kelley
Hace unos días viajé a Machachi. Para mi sorpresa fui invitada a un Festival Nacional de Poesía en esa ciudad. No conocía a ninguno de los participantes ni los organizadores, pero me entusiasmó el hecho de leer en un lugar en el que casi nunca se realizan eventos poéticos. Por eso, a pesar de que tenía un importante ensayo con mi grupo de danza (estamos a las puertas de varias presentaciones) acepté. El evento fue gratuito y la gran mayoría de asistentes fueron jóvenes de diferentes colegios. Teatro lleno. Historias de nuevos personajes.
Fue muy gracioso. Todos los poetas pasaron con sus libros. Yo era la única que andaba clasificando sus hojas sueltas.

El evento duró tres días. Yo sólo asistí el primero. Y a pesar de que me tocaba leer en en la noche, el organizador me informó que debía estar a las 4 y 30 de la tarde en la 6 de diciembre y Patria (Kitu), pues ahí me recogería un automóvil junto a otros 3 poetas para luego ir juntos a Machachi. Llegué 10 minutos tarde debido a una manifestación en alguna calle, lo que produjo una congestión vehicular y el bus tuvo que desviarse. Cuando llegué ya se habían ido, y como para variar no tenía saldo en mi celular, me tocó correr hasta una cabina y llamarle al chofer.

-¿Señor Cornejo?
-¿Sí?
-Soy Carla, una de las poetas que va a leer en Machachi. La que le llamó hace una media hora confirmándole que iría con usted.
-Ah, sí sí. ¿Cómo está?
-¿Que cómo estoy? sudada por haber corrido como loca hasta encontrar esta cabina porque ud no pudo esperarme 10 minutos, sabiendo que había una manifestación y algunas calles estaban bloquedas.
-Chuta, niña.
-¿Y ahora, qué hacemos?
-Ya, ya. Le voy a esperar aquí en la bomba de Gasolina de la Oriental. Véngase ahorita.
-Sólo escuché bomba de gasolina, así que pregunté en cuál.
-En la única de la oriental.
-Ok. salgo para allá. PERO NO SE IRÁ.
-No, no. No se procupe. ¿Cómo cree que le voy a dejar?
-????
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Colgué y salí flechada. Dos buseros hijosdesusmamitas pasaron flechados y no me pararon. Al fin el tercero paró y pude subir. En ese momento llamó Mark. Apenas se enteraba de que -en caso de alcanzar al automóvil- leería esa noche en Machachi. El punto es que llamó por una observación que él había hecho varias veces en mi blog, pero era la primera vez que me decía. Se trataba de la palabra Frisco (como una abreviación de San Francisco), a lo que me dijo que no es conveniente que la utilice. (Mark me lo contaba en medio de la bulla del bus y mi preocupación por alcanzar el auto en la gasolinera). Le pregunté si era incorrecto usar dicho término, y me dijo que no, pero que para la gente de San Francisco es como "un dolor de oídos". Y que sonaba chistoso. Dijo también que me enviaría por e-mail una referencia sobre un autor que incluso escribió un libro titulado "Don´t call it Frisco", se trataba del reconocido columnista Herb Caen. Lo cual me dejó pensando. Fue bueno aprender algo más respecto a esa ciudad a la que adoro, al fin y al cabo Mark ha vivido en ella desde pequeño y la conoce muy bien.
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Sin embargo, si usé el término en algunas ocasiones fue porque lo aprendí de algunos libros, películas y canciones. Por ejemplo, dice Bob Dylan en “Roving Gambler”: I gambled up in Washington, gambled over in Spain/I’m on my way to Frisco town/to knock down my last game. O canta Johnny Cash en “Give My Love to Rose”: He said they let me out of prison down in Frisco/For ten long years I’ve paid for what I’ve done/I was trying to get back to Louisiana/To see my Rose and get to know my son. Etc., etc., etc. Y en la vieja película Los Insaciables (THE CARPETBAGGERS, 1964), protagonizada por George Peppard, también la palabra Frisco es usada varias veces. O el título de la película The Frisco Kid (1979), dirigida por Robert Aldrich y protagonizada por Harrison Ford. Film que cuenta la historia de un peculiar rabino que llega a América desde Polonia para hacerse cargo de la dirección espiritual de una comunidad judía asentada en San Francisco. Así mismo el término Frisco aparece en algunos libros de la generación beat. Aun así, desconocía totalmente la otra cara de la moneda, por lo que la sugerencia de Mark es muy oportuna. Y lo más importante: me da pie para profundizar en el tema. Ya escribiré algo al respecto.

Album grabado en vivo en San Francisco, Fillmore West, Octubre 1970

Mark también me contó que el otro día, en el barrio donde él vive, había entrado un tipo como de su edad a una peluquería y -según entendí- (no podía escucharlo bien por el ruido en el bus) le había dicho a una de las muchachas que atendía que él tenía una cita y luego se disparó en la cabeza. Yo imaginé enseguida al tipo tirado en el suelo y la sangre corriendo mientras alguna señora con su cabello recién tinturado lo veía espantada. Hubiese querido que Mark me cuente más detalles sobre esa escena, pero yo ya había llegado a la bomba de gasolina. Así que me despedí al mismo tiempo que entraba al auto (los poetas alcanzaron a oir lo del tipo que se mató en la peluquería). Colgué y me acomodé en el poco espacio que quedaba.

-¿Eres poeta?, preguntó uno de los muchachos.
-Eso dicen, respondí.

Sonrieron. Nos presentamos. Luego, otro de los muchachos (en realidad ninguno eran tan muchacho, los dos hombres y una mujer estaban casi por los cuarenta. Yo era la única de 23) me dijo que lo disculpara pero tenía curiosidad de saber con quién hablaba, pues había escuchado que, antes de despedirme en spanglish, mencioné algo sobre un tipo que se había matado en una peluquería.
-Con Mark, le dije.
-Quién es Mark, preguntó.
-Pues esa sí que es una larga historia, amigo.
-Tiempo hay, dijo el otro.
-Bueno, en realidad todo empieza con un viaje...
Y les conté la historia (parte de ella) hasta que llegamos a Machachi. Lo chistoso fue que el chofer, el mismo señor Cornejo que inicialmente me había dejado, dijo: Qué bueno que no se quedó en Quito, me hubiese perdido de escuchar esa tremenda historia. Pero a esas alturas del camino ya se me había pasado las iras con él, así que sonreí.
Bajamos del auto, y como parte de la apertura del evento se presentaron los músicos de "Tambores y otros demonios", un grupo de danza y la infaltable banda de Pueblo.
La Banda de Pueblo (faltó un canelacito que abrigue la sangre) y la buena vibra de gente que pasaba por la calle y se iba quedando.

Antes de empezar el recital fuimos a una Cafetería cerca de la plaza. Nos dieron humitas y cafecito. Para calentarnos un poco (Machachi es helado!!!) y entre los que nos acompañaron estaban dos señoras muy buenas personas que se encargaron de conversarnos de la historia de Machachí, de los volcanes que la circundan, de las Ferias, de la agricultura, del paseo del chagra...etc. Una de ellas era muy parecida a la mamá del poeta bilbaino David Mardaras, por lo que le tomé cariño en seguida. Pues me recordó a mis días en País Vasco y la amabilidad que los padres de David tuvieron conmigo. Otra de las personas que estuvo ahí fue un Coronel, y como es sabido, no es que tenga afinidad con ese tipo de uniformes verdes y azules (sí, sí, tengo un par de excepciones), pero cuando Raúl -así se llama- empezó a contarnos sus historias debo reconocer que no me cayó mal.
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-Oiga, Coronel, parece muy buena gente para ser militar.
El Coronel sonrío.
-En todo caso, no me sorprendería. Si usted supiera las lecciones que me ha dado la vida-, acoté.
-No me diga que tuvo alguna historia con un militar.
-No. Fue con un policía-, se adelantó la muchacha que vino en el auto.

Y fue bueno que se enterara. Pasado el tema. El Coronel nos habló de varias anécdotas, de su viaje a Centroamérica, de su apoyo a que el servicio militar no sea obligatorio, de cuando uno de sus compañeros murió en sus brazos en la guerra del Cenepa, de sus amigos shuaras, de Pantaleón y las visitadoras, de cuando vivió en la frontera con Colombia, y de que le interesaba la poesía. El Coronel se quedó de principio a fin en el evento. Y antes de empezar me dijo que me escucharía atento. Yo le advertí que quizá alguno de mis poemas no le parezcan tan correctos y que en uno de ellos hago mención a su "honorable" Institución. Se trataba del poema "Pertenencias" en el que un par de versos hacen alusión a Victor Jara y a los militares que le cortaron las manos durante la dictadura.

Al finalizar, el Coronel se me acercó y me dijo que estaba impresionado, y que aunque sabe que yo no aceptaría dijo que le encantaría que alguna vez los soldados de su brigada pudiesen escucharme.

-Uy, Coronel, pone en riesgo a sus muchachos.
-¿Por qué, lo dice, Carlita?
-Porque es muy probable que los anime a que en verdad sean valientes y abandonen su uniforme.
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El Coronel sonríe y me dice que en todo caso la Brigada está a mis órdenes, que puedo visitarla cuando quiera. Que incluso puedo acampar y saltar de la torre más alta con esas cuerdas especiales cuyos nombres no recuerdo. Y yo le digo que dudo mucho que vaya de pasarela al estilo Marylin Monroe a "levantarles la moral" a los militares, pero que no sería mala idea dar un recital ahí. Subordinarlos a la maravilla de la palabra. A la experiencia hecha verso. Al brutal efecto de la poesía.
-Entonces... ¿se anima, Carlita?
-Tendrían que escuchar algunas cosas que quizá no les caiga muy bien, advierto.
-Pues que las escuchen.
-Si logro removerles algo por dentro, si eso ocurre al menos con uno, yo quedaré satisfecha.
El Coronel acepta.

Durante el recital, debo admitir que me sentí extraña. Ajena a la voz poética y a los temas de los otros participantes. No encajé en casi ninguno. Y, salvo un par de casos, los poemas me parecieron más bien pobres. Pero sin duda fue muy interesante la experiencia. Y una de esas excepciones a las que me refería es la del poeta: Ariruma Kowi, que incluso interactuó con el publico y leyó en Kichwua y en español. Ariruma es un poeta indígena, catedrático e investigador de la literatura Kichwua y la tradición oral. Entre su obra poética destacan: Mutsuktsurini (Quito, 1988), Tsaitsik: poemas para construir el futuro -edición bilingüe- (Ibarra, 1993). Además es autor del Diccionario de nombres kichwas. Con Ariruma hubo mucha simpatía, pues es sabido que Otavalo es una de las tierras que más quiero, así que conversamos laaargo. Ariruma me comentó sobre su participación en el pasado Festival Internacional de Poesía en Medellín, lástima que no haya sido este año, pues de haber sido así, se hubiese encontrado con Jack y Aggie. Al final, Ariruma me dijo que sería bueno que bailara con Tullpucuna en un homenaje que se está organizando en la memoria de mama Tránsito Amaguaña. Y eso me emocionó mucho, pero mucho mucho. Además me invitó a Otavalo para el Inty Raymi (Fiesta del Sol); le dije que el 21 será imposible pues bailaremos en el Itchimbía (Kitu), pero que el 22 con mucho gusto. Dijo que está bien pues el 22 habrán baños en el río y luego sanjuaneada de largo. ¡¡Juyay!!

Con el poeta Ariruma Kowi. Como prendedor me acompañó esa muñequita hecha por Leticia Vera que nos regalaron a las poetas del recital Poesía en los Bares III, en Illescas, España

Y así, entre poesía, comidita caliente y risas... se me hizo tarde. Y como debía regresar a Kitu esa misma noche (aunque ya era la madrugada del jueves), me despedí de los más cercanos y -tras darme cuenta de que había perdido mi celular (uno más a la lista)- me subí en el auto y fui desapareciendo entre la niebla de la carretera.