domingo, mayo 10, 2009

Tullpucuna en la Feria de integración artesanal y artística de Cotocollao... y seguimos festejando a mama Tullpu

Rocío (Chío/mama tullpu) y Carla
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¡Qué fin de semana, carajo! Danza, música, comida y canelazos. Ayer en la mañana, nuestro grupo de danza tradicional Tullpucuna tuvo una presentación en la Feria de Integración Artesanal y Artística, en la plaza central de Cotocollao. Nuestra participación tuvo intervalos con dos de los buenos amigos del grupo de música andina "Sury" (Jaime es un verdadero maestro con el violín), y con quien posiblemente lleguemos a realizar ensambles de danza y música tradicional.
A pesar de que faltaron algunos compañeros tullpus, la presentación tuvo mucha fuerza; y al final, al ver la apertura del público, invitamos a todos a bailar con nosotros. Jaime sacó chispas al violín (incluso se rompió una de las cuerdas) tocando el "carahuay", y la plaza entera fue una verdadera fiesta.
Una vez concluída nuestra intervención. Los tullpus le teníamos a mi madre preparada una pequeña sorpresa por su cumpleaños. Así que en medio de la plaza le hicimos soplar la vela y le cantamos la respectiva cancioncilla. Luego de ello, pudimos visitar con calma, los stands de los diferentes artesanos y saborear las más variadas delicias que allí se ofrecían.
De izq. a der. Wilo, Karlita Sierra, Chío, Jaime, y abajo Pao con el pastel
Jaime, Chío y Lili Plaza de Cotocollao
En cuestión de comidas, este stand fue mi favorito. Me encanta la yuca y el verde.

Vaya ahí ese machete... jugo de caña fresquito

cueros
cerámica

tejidos

Y aunque no hay evidencia fotográfica... la tarde, noche y madrugada fueron más estupendas aun. La celebración continuó en el barrrio La Comuna, donde el grupo Sury -ya completo- volvió a tocar. Todo fue a la interperie, así que para vencer el frío nada mejor que un buen canelazo y bailar un San juan. Luego de ello, ya en los "camerinos", que en realidad eran aulas de una escuelita, los compañeros empezaron a tocar ya sólo entre nosotros: guitarras, charangos y bandolines, mientras nosotros entonabamos pasillos directo a la yugular. La celebración, desde luego, se extendió, y por decisión unánime todos fuimos a mi casa para seguir cantando a la luz de la luna llena.
¡Juyayay!