sábado, junio 05, 2010

De huecas vietnamitas a la madrugada


A pesar de que Mark y yo comemos juntos en los mismos lugares de siempre en North Beach (E tutto qua, Monalisa, Volare, Tuk Tuk, Mario's, Pulcinella, Burguermeister, Il Pollaio, Moe's, etc.), cuando estoy sola tengo mis propias huecas. Prácticas, buenas y baratas. Y así como somos amigos de la gente que trabaja en los lugares antes mencionados, he llegado a conocer mejor al personal de los únicos rinconcitos que suelen permanecer abiertos hasta la madrugada, sobretodo cuando es fin de semana y Mark debe trabajar hasta muy tarde (siempre es muy loco on the weekend, tomando en cuenta que North Beach también es zona de strip clubs y nunca faltan los malos borrachos que buscan pleito en Columbus & Broadway).

Aparte de la comida mexicana en El Zorro, y las hamburguesas de Sam -donde con frecuencia me dan gratis órdenes extras-, una buena opción es la comida oriental, especialmente la vietnamita. En lo personal me gusta mucho la que sirven en My Cahn o Vietnam en plena Broadway, bordeando el barrio chino, y a pesar de que el personal suele ser hermético -por la misma lengua en la que hablan y que hace que me sienta al otro lado del planeta- la informalidad y la cercanía de quien cocina, sirve y come, me recuerda a algunas huecas típicas de Quito. 


La señora Lu en acción


menos decoración, más comida 

Ahora no sólo soy amiga del personal sino que también saludo de lejos con los clientes frecuentes que ya me consideran una de ellos. Cada vez aprendo más de esos platillos y bebidas que, en su idioma original, me suenan todos a lo mismo. Mi último descubrimiento fue una deliciosa bebida-postre llamada che ba mau, que se prepara a base de tapioca y tres tipos de frijoles: rojo, amarillo y verde. Según la señora Lu, aparte de su buen sabor, es sumamente nutritiva, y yo, que vengo de una familia que consume harto grano, no tengo la menor duda. 

che ba mau (rainbow drink)

Mr. Ch. Uno de los clientes frecuentes


Para quienes la madrugada es apenas donde inicia la noche, estas opciones son más que convenientes. Por lo general llegan grupos de personas a comer en las "huecas vietnamitas", luego de haber recorrido los bares de la zona, pero yo siempre vengo sola, agarrada mi diario y algún libro en la mano, y me siento frente a la barra, para agarrar el menú y jugar a descifrar nombres que quizá nunca aprenda a pronunciarlos, y mirando de rato en rato a la calle, deseando encontrar a Mark en su uniforme, cuidando de este barrio cada vez más loco, y quizá con un poco de suerte -como hoy- encontrarlo caminando, para así los dos desear con más fuerza que su turno acabe, y así dar inicio a nuestra verdadera jornada.