miércoles, junio 30, 2010

Precipitación

On the bus. photo by Mark Álvarez. 
SF 2010

Mi última noche en San Francisco. Empieza la cuenta regresiva. El reloj martillando a mis espaldas. Hasta qué punto es saludable vivir así, fragmentada, dividida entre dos sitios. Todos creen saber lo que me espera y yo sólo siento incertidumbre. Vértigo. Muchos me han dicho les gustaría estar en mi lugar, ir y venir, ir y venir, ir y venir, pero no saben la precipitación terrible cada vez que tengo que partir y dejar pedazos de mi piel regada sobre estas calles. No quiero irme. No quiero. No quiero. No quiero. Mi patria es mi lengua (y mientras tenga donde escribir estaré a salvo). Quiero y necesito llorar, por todas las veces que en Quito no podré hacerlo. Salir de casa para regresar a casa. De vuelta a mi soledad. Siento que hoy me arrancan de una vida que no me pertenece, pero es mía. Nuevamente la desnudez, la promesa, el beso, la lágrima, el blues de madrugada. Las maletas en la puerta. Mi diario casi lleno. La mirada de Mark. Ni un verso alcanza. Ni uno solo. Esta noche la poesía es silencio.

Serenata Huasteca

Ahhh, cantar juntos esta canción de madrugada y a moco tendido. Mark la coloca en nuestra rocola imaginaria, como el otro año, a poco de irme. A esta le siguen desde nuestros blues men favoritos, hasta sus cantantes de punk rock, boleros, rancheras y demás fondos musicales en esta tarde-noche-madrugada que es ya una sola en nuestros relojes. Apenas mis diarios y nuestra memoria guardan el más puro relato de nuestra historia. Jamás lograré expresar todo lo que Mark significa para mí. Y todo lo que yo siento que he llegado a ser en su vida. Que duro tener que dejarnos -nomás físicamente y por un tiempo- para regresar a Quito. En fin, aquí esta Serenata Huasteca, escrita del puño y letra del maestro José Alfredo Jiménez, e interpretada por Pedro Infante y La Torcacita para la película mexicana "Cuidado con el amor"(1954). Ayayay!!... "Qué voy hacer / si de veras te quiero / ya te adoré / y olvidarte no puedo".

martes, junio 29, 2010

Evadir el vértigo (de días libres, visitas a cementerios y multiplicación de risas)




Mark me dio una gran sorpresa esta mañana. Me dijo que había sacado una semana de vacaciones y yo salté literalmente de alegría. Una semana totalmente libre. Y al ritmo que vivimos aquí es como si en realidad fueran muchos días más; sobretodo si tomamos en cuenta que -como él mismo dice- mi carácter es extremadamente cambiante, lo que hace que en un día vivamos experiencias intensas. 

Luego del café en Martha & Bros., dejamos Divisadero y fuimos directo a Presidio (los próximos días iremos a otros sitios como Haight & Ashbury, Richmond, Castro). Al principio me puse un poco loca y todo lo tomaba muy a pecho (estas dos últimas semanas he estado más paranoica que de costumbre, quizá sea porque se acerca la hora de mi regreso). Y como desde hace tiempo yo quería visitar la tumba de Don Guillermo, el padre de Mark, entramos derechito al cementerio naval de la zona. 


El día era soleado y las tumbas, que eran blancas y debidamente alineadas (no cabía duda que eran militares), parecían volverse casi doradas. Quise pasar un buen rato en ese lugar y que Mark me contara historias de su familia, por eso me molestó que le haya pedido al taxista que nos esperara a pocos metros.  Me exalté. M. dijo que no entendía por qué ponía mi "cara larga", que no veía cuál era el problema de que el taxista nos esperara allí, al fin y al cabo se quedaría el tiempo que nosotros decidiéramos. Pero yo no entendía nada. En mi cabeza había creado el escenario ideal para ese momento, y simple y llanamente no visualizaba ningún fuckin' taxi en medio del camposanto. No quise hacerlo pero me puse llorar, casi en silencio, junto a la tumba de un General gringo, hasta que finalmente vi de reojo que Mark le pidió al taxista que se fuera. Luego me preguntó que qué era lo que yo quería ¿saltar entre las lápidas o qué?. Y yo le dije que se podía largar si quería, que me dejara ahí, que ya vería como me regresaba (aunque no tenía una jodida idea de cómo hacerlo), luego se disculpó, y dijo que si le había pedido al taxista que nos esperara un rato era por nuestra seguridad, porque pronto atardecería y estaba seguro que nos demoraríamos mucho más en salir de allí. También dijo que no sabía que me gustaban los cementerios. Así que le confesé que, en un par de ocasiones, hasta había leído poesía para ellos. Entonces me abrazó muy fuerte y comenzamos a caminar entre las lápidas de los que habían muerto en las diferentes guerras.


Tuvimos un pequeño debate, él defendiendo a los "héroes caídos" y yo maldiciendo los combates. Acabamos riéndonos, besándonos y enterrando mi anillo que decía "veritas ilustrat", al pie de la tumba de Don Guillermo. Ahí mismo Mark me contó historias de su familia, y entre ellas me repitió la de cómo su padre sirvió a la armada por un año, cuando era joven, y de cómo terminó enterrado en este cementerio muchos años después por otras circunstancias (la anécdota de cómo terminó cumpliendo su voluntad es muy bonita, y la reservo para otro momento); el hecho es que acabó durmiendo allí, entre el cerro y el mar, y de fondo el puente Golden Gate iluminando la bahía.


Luego caminamos varios kilómetros por La Marina. Fack, Mark camina como 12 horas diarias cuando trabaja -más el peso de su uniforme- y hoy que está de vacaciones también lo puse a caminar bastante. Pero la pasamos muy bien (a pesar de esos pequeños lapsus). No hay duda que nuestros días están llenos de tensión y expectativa. Ya casi de regreso a North Beach me saqué una fotografía al pie de un letrero que anunciaba la calle Cervantes. -¿Por qué la quieres ahí, por Miguel de Cervantes?, me preguntó. Y en seguida acotó: te apuesto que no es por él que esta calle se llama así. -No importa, nomás sácala-, insistí. Tras el disparo seguimos caminando con las piernas que ya nos reclamaban descanso. Y mientras buscábamos un taxi que nos llevara a nuestro barrio, Mark me habló de cómo esa zona quedó devastada luego del terremoto de 1906.  

Cuando llegamos a Il Pollaio me comí medio pollo yo solita, y un vinito bien tinto que nunca cae mal. El resto de la tarde la pasamos en Caffe Trieste. Mark leyendo los libros viejos que le llegaron desde el otro continente, y yo empezando a escribir mi texto sobre la Beat Generation que debo enviar a España para el libro que está preparando Vicente. Por momentos Mark y yo nos dábamos pequeños recesos para llenar nuestras tazas de té y café  y dedicarnos a las tertulias con los viejos y los locos de siempre. Finalmente, ya en la noche, nuestro recorrido de rigor por City Lights Books para coquetear entre libros que quizá nunca lleguemos a leer, diciéndonos frases obscenamente tiernas y multiplicando risas que nos permitan olvidar, por un momento, que ya se acerca mi hora de regresar.

La verdadera poesía se halla fuera de la ley (o del amor como bandera de mi transgresión)

Frente a la Estación Central. Vallejo St.
 photo by Mark Álvarez, SF 2010

La verdadera poesía se halla fuera de la ley, lo dijo Georges Bataille con mucha razón. La poesía es de por sí una transgresión a los límites y las reglas. Yo, por mi parte, tengo la suerte de vivir con Mark la más bella de las paradojas. Nadie como él ha sido tan consecuente en acción y obra. Nadie como el policía caído de otro mundo me ha enseñado el valor de la Libertad. Nadie como él ha conocido mis verdaderas risas, llantos, neurosis, ni las diez mil lenguas que puedo hablar bajo la lluvia. Nadie como él ha respetado mi forma de ser, pensar, sentir, actuar. Nadie ha sido mejor amigo y compañero ni me ha animado una y otra vez a alcanzar mis verdaderos sueños. Nuestra relación es de por sí una transgresión en muchos sentidos. Está fuera de toda ley, de toda norma, de todo tiempo. Y, sobretodo, trasciende, como todo aquello por lo que vale la pena luchar. Por eso me niego a vivir en un mundo ya dado, un mundo que quiere seguir imponiéndome su orden. Un orden que no es el mío. "El corazón es humano en tanto en cuanto se rebela (...) Un poeta no justifica –no acepta- por completo la naturaleza. La verdadera poesía se halla fuera de las leyes. Pero la poesía, por último, acepta la poesía." Por eso yo acepto la mía. Y levanto el amor como bandera de mi transgresión.

lunes, junio 28, 2010

Para escribir hay que destruir el lenguaje - Maurice Blanchot


(...) ¿qué hace el escritor que escribe? Todo lo que hace el hombre que trabaja, pero en grado eminente. Él también produce algo: es la obra por excelencia. Produce esa obra modificando realidades naturales y humanas. Escribe a partir de cierto estado del lenguaje, de cierta forma de la cultura, de ciertos libros, también a partir de elementos objetivos, tinta, papel, imprenta. Para escribir, le es preciso destruir el lenguaje tal como es y realizarlo en otra forma, negar los libros haciendo un libro con lo que no son. Ese nuevo libro de seguro es una realidad: se ve, se toca, incluso se puede leer. De cualquier manera, no es nada. Antes de escribirlo, tenía cierta idea de él, cuando menos tenía el proyecto de escribirlo, pero entre esa idea y el volumen en que se realiza encuentro la misma diferencia que entre el deseo de calor y la estufa que me calienta. El volumen escrito es para mí una innovación extraordinaria, imprevisible y tal que, sin escribirlo, me es imposible representarme lo que podrá ser. Por eso me parece una experiencia cuyos efectos, por muy conscientemente que se produzcan, se me escapan, experiencia frente a la cual no podré volver a verme idéntico, por la razón siguiente: es que en presencia de otra cosa soy otro, pero también por esta razón más decisiva: que esa otra cosa –el libro–, de la que apenas tenía una idea y que me permitía conocer de antemano, precisamente soy yo mismo hecho otro.

fragmento de La literatura y el derecho a la muerte. Maurice Blanchot.

Porque nos gusta comer (I)

in Caffe Trieste, by Mark

Optimum cibi condimentum fames
(el mejor condimento es el hambre)
Cicerón

in Tuk Tuk, by CBC

Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina
Hipócrates

in Pulcinella, by Mark

A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada.
Winston Churchill

in Moe's, by Mark

Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo que comer y beber, pues comer solo es llevar la vida de un león o un lobo.
Epicuro de Samos

in Tosca, by Carl

Quiero comer contigo, estar, amar contigo, quiero tocarte, verte. 
Jaime Sabines

in Mario's, by CBC

Comer bien, dormir bien, ir donde se desea, permanecer donde interese...
Jules Renard 

in Mario's, by Mark

Odio la realidad pero es el único lugar en el que se puede comer un buen filete
Woody Allen

photo by Mark

  Buen alimento, mejor pensamiento
Anónimo

Baby, Please Don`t Go - Muddy Waters

La vez pasada coloqué la excelente versión del maestro Lightnin' Hopkins, y esta vez comparto la del gran Muddy Waters... (Fack, esta canción ya es nuestro himno, baby.... oooohhhh  shit!)

domingo, junio 27, 2010

De San Luis Potosí y los recuerdos de Doña Josefina

Con Mark, su sobrino Sergio, su tío Armando, Don Héctor (esposo de su tía abuela), su cuñado Rudy, y nuestro amigo Carl. E tutto qua, SF. 2009

(...) Hasta entonces no había conocido a la familia de Mark más que por historias y referencias. Me gustaban sobretodo las anécdotas de Doña Josefina, su abuelita mexicana (Mark tiene ascendencia polaca y libanesa por parte de su madre, y mexicana por la de su padre). Desde que lo conocí, siempre se ha referido a ella con ternura y orgullo. "Pos mi abuela era bien chingona, y tú me das recuerdos de ella". Se me hace que sí. Nomás de escucharle que en lo chiquita que era no tenía miedo de caminar o viajar por donde se propusiera, me entran unas ganas enormes de saber cómo pensaba o qué decía en aquel tiempo. Por eso hoy me puse contenta porque se dio la oportunidad de saber más sobre su vida.  Mark me avisó que su tío, el hermano de su padre, que vive en Los Ángeles, lo visitaría esta noche en North Beach. Mark iba a estar trabajando, pero desde luego que no iba perderse la oportunidad de saludar a su familia, así que iba a aprovechar la hora de la cena para verlos. Me dio mucho gusto por él, pero más contenta me puse cuando me dijo que le encantaría que yo los acompañase en la cena. Y así fue. :)
Mark y su sobrino Sergio, atrás su tío Armando

Nos reunimos en E tutto qua. Allí me presentó a su tío Armando, a Don Héctor (esposo de la hermana de su abuela), a Rudy (su cuñado), y Sergio, su sobrino (que ya lo conocí en Tosca en 2008). A la mesa se unió viejo Carl para acompañarnos. Qué bonito cuadro el que vivimos, carajo. Su tío con su bigote, y Don Héctor con esa amabilidad tan propia de nuestras culturas. Me sentí muy a gusto y en familia. De repente comenzaron a brotar historias de antaño, y esa fue la mejor parte. Yo iba anotando lo que podía, pero hablaban tan rápido que mi mano no alcanzaba su ritmo. Aun así guardo excelentes historias en mi diario. Historias que me dejan oler a un San Luis Potosí viejo, sus callecitas y plazas y los viajes en burro de los que comentaba Don Héctor. Fue él mismo que me contó que más tarde aparecieron los autos y Doña Josefina, la abuelita de Mark, no dudó en aprovechar acortando distancias para poder conocer otros lugares. Ella, junto a su hermana Mela -esposa de Don Héctor- solían comprar tickets de autobús en San Luis, y cruzando la frontera se iban como un mes viajando por el norte. Cuentan que en alguna ocasión, ellas compraron un ticket de 30 días en la compañía de buses Greyhound, y que luego de su ruta regresaron a San Luis, y Doña Josefina se dio cuenta que aun les quedaba unos días válidos para viajar, y ni corta ni perezosa... agarró las maletas y nuevamente se embarcó, sin importar cansancio y distancia... porqué ni modo perder su cupo. :)

Mark conversando con su tío

Don Armando me contó otra anécdota. Resulta que él había comprado una casa aquí, en EE. UU., y doña Josefina lo visitó por un tiempito y aparentemente vio las casas sin decir nada (ella solía decir que no hablaba inglés, pero bien que entendía todo), luego se regresó a México. Tres meses después, su hijo Armando tocó la puerta de la casa de su madre, en San Luis, pero se llevó una sorpresa cuando vio que la persona que le abrió era totalmente desconocida. Entonces le preguntó inmediatamente por doña Josefina, y la respuesta fue que ya no vivía ahí, que ahora vivía más abajo, y cuando le enseñaron la casa... él se dio cuenta que se trataba exactamente de la misma casa que ella había visto tres meses atrás por el norte. Fue ella mismo quien luego había dibujado los planos, pero al ojo, sin medidas exactas, y ella misma quien había comprado el cemento para la construcción. Esa era la viejita valiente y decidida por la que guardo cariño como si hubiese sido directamente una de las mías.

Luego vino el tema de la poesía, y Mark se cruzó la calle y compró en City Lights Books dos ejemplares de mi poemario para regalárselos, y yo se los firmé  ahí mismito. Ellos leyeron un par de poemas, incluyendo el que está dedicado explícitamente a Mark, y me dijeron que les había parecido muy bueno. Qué bonito saber que un ejemplar se va para L.A. y él otro para San Luis. Mi abuela también escribía poesía, dijo Mark. Y es cierto, ya antes me lo había contado. Pero ahora que tenía el enlace directo con su tío, le pregunté si era posible que en algún momento me pudiese pasar sus textos. Y dijo que sí, que encantado. "A mi mamá le gustaba escribir, no poemas tan intensos como estos, pero unos muy buenos también". Los quiero leer. Luego intercambiamos direcciones y abrazos, y la invitación de don Héctor por si algún día nos animamos a visitarlo en México. Mark nunca ha ido por allá, y dudo mucho que vaya. O quien sabe, soñar no cuesta nada y a lo mejor terminamos recorriendo juntos esas callecitas imaginadas de San Luis Potosí, reconstruyendo esos viajes en burro de los que doña Josefina fue testigo en su tiempo.

sábado, junio 26, 2010

Autorretrato en el espejo de Philip K. Dick

duplicada self-portrait


—Es como si un hemisferio de su cerebro percibiera el mundo reflejado por un espejo. Reflejado por un espejo, ¿comprende? la izquierda se transforma en derecha, con todo lo que ello implica. Además, ni siquiera sabemos cuáles son las implicaciones, qué ocurre cuando se ve un mundo invertido de tal forma. Hablando en términos topológicos, un guante para la mano izquierda es un guante para la mano derecha estirado a través del infinito.
[...]
—Fred ve el mundo al revés —decía el otro psicólogo en aquel mismo momento—. Yo diría que ve un mundo de frente y, al mismo tiempo, otro mundo por detrás. Resulta muy difícil hacerse una idea de la imagen final que se presenta ante sus ojos.
[...]
—Quizá sean ustedes los que ven el universo invertido, reflejado en un espejo —intervino Fred—. Quizá mi visión sea la correcta.
—Usted ve el universo en las dos formas posibles.
—O sea, que...
—Antes solía decirse que el hombre sólo veía «reflejos» de la realidad, no la realidad en sí. El principal defecto de un reflejo no es que sea irreal, sino que ofrece una imagen invertida.
—El psicólogo que acababa de exponer su opinión adoptó una extraña expresión—. Paridad. El principio científico de la paridad. Universo e imagen refleja. Hay una razón que nos lleva a confundir la segunda por el primero; carecemos de una paridad bilateral.
[...]
Veo en los dos sentidos, se dijo Fred, el correcto y el invertido. Quizá sea la primera persona en la historia de la humanidad que haga tal cosa simultáneamente y esté capacitado para ver el mundo real, el mundo correcto, por un instante. Pero poseo la otra visión, la normal. ¿Cómo distinguirlas?¿Cuál de las dos es la invertida y cuál la correcta?

Philip K. Dick. Una mirada a la oscuridad

El cremador de cadáveres


Caffe Trieste. Mark me presenta a Christian, el cremador de cadáveres. La conversación me resulta interesante. El tipo de lentes toca a diario la muerte con sus manos, mientras yo apenas la intuyo cuando escribo. Sus historias huelen a humo y huevos podridos, el mismo olor que despiden los muertos mientras son incinerados. Christian es vegetariano. Casi todos los cremadores lo son, dice. Trabaja con su propia ropa y ya está acostumbrado. 14 cremaciones por día. 1800 grados. Tiempo aproximado de cada cremación: 45 a 2 horas, dependiendo del cuerpo. Quise acompañarlo pero está prohibido. Christian lee muchos libros mientras los cadáveres se vuelen cenizas. Y a veces piensa en los  judíos que tuvieron que quemar a otros judíos durante la II guerra mundial. Christian es la última persona en mirar el rostro de esos cuerpos inertes que esperan su turno sin esperar. ¿Nunca has sentido  miedo?, pregunto. "Quien no teme la vida, responde, tampoco temerá la muerte".

viernes, junio 25, 2010

Del provincianismo temporal - Kapuściński


"Y así como años atrás había deseado cruzar la frontera del espacio, ahora me fascinaba el acto de cruzar la frontera del tiempo. Temía caer en la trampa del provincianismo, noción que solemos asociar con el espacio: provinciano es aquel cuyo pensamiento está centrado en un limitado espacio al que el idividuo en cuestión atribuye una importancia desmesurada, universal. Sin embargo, T.S. Eliot advierte de otro provincianismo, no del espacio sino del tiempo: "En la época actual -escribe en 1944 en un ensayo sobre Virgilio-, en que los hombres parecen más inclinados que nunca a confundir sabiduría con conocimiento y conocimiento con información, y a tratar de resolver problemas vitales en términos de ingeniería, está naciendo una nueva especie de provincianismo, que quizá merezca un nombre nuevo. No es un provincianismo espacial sino temporal, un provincianismo cuya historia es la mera crónica de las intervenciones humanas que sirvieron en su momento y fueron desechadas, un provincianismo para el cual el mundo es propiedad exclusiva de los vivos, sin participación alguna de los muertos. El peligro de esta clase de provincianismo es que todos, todos los pueblos de la tierra, podemos ser juntos provincianos; y quienes no se contentan con serlo, sólo les queda convertirse en ermitaños." 
Ryszard KAPUSCÍNSKI, "Viajes con Heródoto"

Entre el ritmo fronterizo de Caléxico, Sergio Mendoza y La Orkesta

Con Sergio Mendoza y La Orkesta
The independent, Divisadero. SF

Kim me cae muy bien. Es una amiga común entre Mark, Peter, Carl, Fish y otros que frecuentamos Tosca. Es de las pocas mujeres con las que he salido en San Francisco, sobretodo fuera de North Beach. Es muy dada a la música, y como siempre está pendiente de buenos conciertos, la otra vez me invitó al club  The Independent, en Divisadero. Se presentaron dos grupos muy buenos: Sergio Mendoza y La Orkesta,  banda originaria de Tucson, Arizona, caracterizada por sus ritmos de mambo - indie, compuesta por 12 integrantes herederos del gran Pérez Prado "el rey del mambo", además de experimentar fusiones entre música tradicional cubana y el swing del jazz americano, y sofisticaciones de armónica de las conocidas Big Band de los años 40 y 50. El resultado: una alucinante explosión de sabor latino que me hizo literalmente querer brincar a la pista.

Sergio Mendoza y La Orkesta abrieron el espectáculo

Calexico, por su parte, es una banda estadounidense de folk indie norteamericana, originaria de Tucson, Arizona. El grupo cuenta con casi 15 años de trayectoria, y se caracteriza por incorporar en su sonido una ecléctica variedad de música, destacando el folk del suroeste de Estados Unidos y del norte de México  (tex-mex, mariachi, etc.) fusionando sonidos de música independiente; algo que suena como spaghetti western moderno con aires fronterizos. 
Calexico

Yo la pasé increíble, a pesar de los pequeños apuros en los que le puse a Kim al comienzo, ya que no es la primera vez que me muevo por la ciudad sin documentos, y, a pesar de que previamente me dijo que no olvidara mi cédula de identidad (aquí la ley no friega, o se tiene el jodido documento o simplemente no se ingresa a ninguno de estos sitios). Pero sucede que como casi todo el tiempo sólo me muevo en North Beach, los cantineros y los tipos que controlan en las puertas son amigos míos y de Mark, por lo que nunca llevo la cédula conmigo. Lo peor es que además de que íbamos con el tiempo justo, habíamos demorado como media hora buscando estacionamiento. Ya en la puerta me dic cuenta que en el bolso sólo llevaba mi diario, tres libros, las llaves de mi cuarto y un paquete de muffin de banana y nueces, con lo que, desde luego, no podía sobornar a los guardias. Así que el poco dinero con el que contaba lo usé en taxi hasta Casa Melissa donde encontré la cédula tirada y por las mismas me regresé al club. 

Con Kim (aunque la foto no está tan clara)

Una vez adentro, me di cuenta de que Kim estaba muy entusiasmada conversando con B., su amigo músico con quien quedó en encontrarse, por lo que no quise interrumpir. Yo me ubiqué en la esquina de la sala vip, a donde B. nos dejó pasar, y de rato en rato le daba un sorbo a mi vodka y hacía anotaciones en medio de la oscuridad, alumbrada únicamente por los destellos que salían de la cabina de sonido. Casi al finalizar el concierto Kim tuvo que marcharse. Y yo me quedé disfrutando sola del resto del concierto.

Con Sergio Mendoza y La Orkesta


Con lo que no contaba es que terminaría conociendo en persona a Sergio Mendoza y La Orkesta, con los que hablamos de música mexicana, danza ecuatoriana  y hasta le entramos a una que otra ranchera en el camerino. Se sorprendieron de que me conocía muy bien algunas canciones populares como La Bruja, con la que, acompañada por sus instrumentos, cerramos la noche con broche de oro. Mi sorpresa fue cuando al salir ya no quedaba una sola alma de público, y peor aún cuando salí a la calle y la niebla me impedía ver a más de dos metros de distancia. Me entró un mal presentimiento. Recordé que Mark me había dicho que tuviese mucho cuidado porque era una zona peligrosa. Entonces lo llamé (ya había terminado su jornada) y una vez más pude regresar sana y salva a casa. Cuando lo vi sentí tanta alegría que del miedo que sentí unos minutos atrás no quedó ni rastro. Él y yo sabíamos que, en efecto, era hora de empezar nuestro propio concierto. :)

jueves, junio 24, 2010

De cómo Pizarnik volvió a mis manos (sin haber cometido un delito)


Hoy pasé casi siete horas continuas escribiendo en Caffe Trieste, entre la rocola y el piano del fondo, hablando de rato en rato con los viejos, leyendo y bebiendo varias tazas de café helado (con un piquetín de cognag camuflado que traje de casa). Por la tarde Mark fue a visitar a su madre y desde ahí me mandó un mensaje diciéndome: ¡Llegó Pizarnik! A lo que respondí: "¡llegó mi muerta consentida! :) ". Se trataba del libro que reunía la Prosa Completa de la autora argentina. Mark lo había pedido para mí hace algunos días. Él sabe lo mucho que Pizarnik me gusta, y que a pesar de conocer toda su poesía publicada, la prosa aún me era incompleta, ya que sus relatos, ensayos, guiones, entrevistas, etc., siempre los había leído de manera dispersa. Por otro lado, Mark también sabía de aquella anécdota que me ocurrió en una librería de Quito, cuando descubrí ese mismo libro entre los estantes y, emocionada, quise comprarlo enseguida, pero por el precio me resultaba inaccesible. Apenas tenía dos dólares, si mal no recuerdo. Por eso decidí sentarme en la esquina y leérmelo completo. De rato en rato sacaba mi diario para anotar ciertas frases que me parecían dignas de recordar. Fue ahí cuando un librero me dijo que estaba terminantemente prohibido lo que yo estaba haciendo. -¿Leer? le pregunté, irónica. -No, señorita, leer sí se puede, siempre y cuando sea sólo un ratito, pero sacar apuntes del libro, definitivamente no. Me pareció totalmente absurdo (ya antes me había pasado algo similar por anotar en mi libreta algunos aforismos de Heráclito, y amenzaron con sacarme porque no obedecí). Sólo por citar dos librerías en las que esto jamás ocurriría: pensé en City Ligths Books, aquí en San Francisco, donde hasta hay sillas disponibles y cartelitos diciendo "toma un libro y siéntate a leer" u otros sobre los libros diciendo "léeme", y donde yo podría transcribir toda la sala del "poetry room" si me diese la gana y el tiempo. O la librería aquella en Zaragoza cuando me pasé una mañana entera leyendo la Poesía Completa   del colombiano William Ospina, de quien tampoco pude comprar sus libros por falta de presupuesto. Así que los poemas que más me gustaron los transcribí en mi cuaderno verde, a vista y paciencia de todos. Pero en Quito, no. A duras penas podía hojear y sentir que casi casi estaba cometiendo un delito por transcribir alguna frase. Me dio tantas iras que me di modo de copiar algunas citas al mínimo descuido del librero, incluso en el celular, y no voy a negar que pensé robarme el libro, pero el control parecía tan estricto que no les iba a dar el gusto de atraparme. 

En fin, ya por la noche, Mark llegó a Caffe Trieste, y luego de saludarnos efusivamente y pedir su respectivo cafecito cargado, puso el libro frente a mí: Alejandra Pizarnik. Prosa Completa. Y en la tapa un dibujo hecho por la misma Alejandra. Enseguida lo tomé entre mis manos como abrigando un pajarito herido. Se lo agradecí y luego de nuestro recorrido nocturno por nuestros puntos de North Beach, fuimos a casa. Ya en la cama empecé a leer con total abstracción, y pude constatar que algunos fragmentos que  había transcrito en mi diario aquella lluviosa tarde quiteña, también se habían grabado muy fuerte en algún rincón de mi memoria. En efecto, hay voces tan fuertes cuyos ecos jamás nos abandonan. 

Ludwig Wittgenstein


  • Una palabra nueva es como una semilla fresca que se arroja al terreno de la discusión.
  • La filosofía es una lucha contra el hechizo de nuestra inteligencia por el lenguaje.
  • Siempre es bueno en filosofía plantear una pregunta en lugar de dar una respuesta a una pregunta. Pues una respuesta a una pregunta filosófica fácilmente puede resultar incorrecta; no así su liquidación mediante otra pregunta.
  • Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar.
  • Aunque todas las posibles preguntas de la ciencia recibiesen respuesta, ni siquiera rozarían los verdaderos problemas de nuestra vida.
  • En mi pensar, como en el de cualquier hombre, cuelgan los restos marchitos de mis pensamientos anteriores (ya muertos).
  • Estoy sentado sobre la vida como el mal jinete sobre el caballo. Debo agradecer a la bondad del animal el no ser derribado ahora mismo. 
  • La muerte no es ningún acontecimiento de la vida. La muerte no se vive. Si por eternidad se entiende no una duración temporal infinita, sino la intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente.

miércoles, junio 23, 2010

Autorretrato en el espejo (como si hablara Auxilio Lacouture en letra de Bolaño)

in the mirror self-portrait

(...) me dio por pensar en la felicidad, así sin más, en la felicidad posible que se escondía bajo las costras de mugre de aquella casa, y cuando una está feliz o presiente que la felicidad está cerca, pues se mira en los espejos sin ninguna reserva, es más, cuando una está feliz o se siente predestinada a la experiencia de la felicidad, tiende a bajar las defensas y a aceptar los espejos, digo yo que será por curiosidad, o porque te sientes a gusto dentro de tu propia piel, como decían los afrancesados de Montevideo, que Dios conserve con algo de salud, y así yo me miré en el espejo del baño de Lilian y de Coffeen y vi a Auxilio Lacouture y lo que vi, amiguitos, produjo en mi alma sentimientos encontrados, pues por un lado me hubiera puesto a reír, pues me vi bien, con la piel algo colorada por la hora y por el alcohol, pero con los ojos bastante despiertos (cuando trasnocho los ojos se me vuelven dos ranuras de alcancía por los que entran no las tristemente esperanzadas monedas del ahorro quimérico sino las monedas de fuego de un incendio futuro en donde ya nada tiene sentido).
Roberto Bolaño, Amuleto, Ed. Anagrama, 1999.

León El Africano - Amin Maalouf

fragmento

"A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy. Me llaman también el Granadino, el Fesi, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía."

Amin Maalouf, León El Africano, Círculo de lectores.

martes, junio 22, 2010

En la carretera

Carla on the Road. San José - San Francisco
photo by Tema

"No quiero carreteras rectas / que anticipen en la distancia/ el destino que se aproxima/ por maravilloso que sea./ Por eso cuando los niños piden/a sus ángeles protectores/que guarden en sus alas/el mundo que hay en sus cuartos,/ yo rezo para que mañana/ haya curvas en el camino." 

Cabos sueltos- Rafael Camarasa

El yerberito moderno - Celia Cruz y la Sonora Matancera

Esta es otra canción que nunca ha faltado en mi casa. ¡A tu memoria guarachera!  ¡Salud!

lunes, junio 21, 2010

Inti Raymi


Chacchando hojitas de coca, preparando chicha y danzando en la Fiesta del Sol.  Tukuylla mikaipi  kanchik, taita Inti. Tukuy shungua, Juyayay!!!

domingo, junio 20, 2010

De mi padre y las Noches de Moscú

Con mi padre, la foto la tomó mi mamá. Quito. (con mi look ochentero jaja)

Este día del padre quiero compartir una canción que me ha acompañado desde muy pequeña. No sé hablar en ruso, pero a más de uno sorprendí cuando en la escuela, por alguna razón, la maestra nos pedía que escogiéramos una canción para cantar en el aula. Yo solía escoger la canción popular rusa Noches de Moscú. No sólo me encantaba sino que me resultaba cotidiana. Desde luego, no sé hablar ruso, y tampoco he estado nunca en Moscú. Pero esta canción me la enseñó mi padre quien sí aprendió ruso en sus años universitarios, y que entre muchas otras canciones, solía cantárnosla a mi ñaña y a mí los fines de semana al despertar (debe ser ese el origen de por que mis mañanas son en realidad noches). En fin, aquí esta canción que me llena de tantos buenos recuerdos, amor y gratitud. Y qué mejor que sea en la voz del legendario cantante de ópera Georg Ots (vale la pena mencionar, como dato, que Ots, en su juventud, fue soldado, pero que luego escapó de la armada, cayó prisionero en Rusia y finalmente, un año después, regresó a Estonia y audicionó en el conservatorio de Tellin). Un abrazo a los lectores de este blog que son padres, y al mío un beso enorme! счастливый день, папа!


Del buen desempeño de Sudamérica en el Mundial 2010, y el último triunfo de Brasil

triunfo de Brasil 3-1 contra Costa de Marfil 

Feliz por los triunfos celebrados hasta el momento. Las tablas revelan los resultados de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay y su excelente desempeño en las canchas. Y, aunque más arribita en el continente, México también está entre los míos. Estoy contenta de que hoy haya ganado Brasil -mi favorito de siempre- con 3 goles frente a 1 de Costa de Marfil (también me gusta el equipo africano, y ese gol de Drogba fue precioso, pero entre ellos o Brasil: Brasil!!). Como puntos a destacar: Elano lesionado, hubo un aparente gol de mano Luis Fabiano, Kaká expulsado y el árbitro un fraude. Poco faltó para que unos a otros se cayeran a quiños. Y bueno habrá que seguir así, y aprovechar, de paso, la mala racha de equipos "fuertes"como Francia o Italia, que en este mundial poco o nada de lo que pensábamos. Como leí por allí, "Latinoamérica marca el paso, Europa retrocede, y África se hunde". Sólo espero que no sea como dicen en mi tierra: "carrera de caballos, parada de burros". ¡A seguir con esa garra! ¡Salud!

sábado, junio 19, 2010

Murió Monsiváis, el gran cronista de México

(México, 4 de mayo de 1938 - 19 de junio de 2010)

Ayer se nos fue Saramago, hoy se nos va Monsiváis, escritor, periodista y ensayista lúcido, mordaz, y con una memoria, erudición y sencillez dignas de admirar. Si no hubiese sido por su enfermedad pulmonar, que en los últimos meses se agravó considerablemente, quizá hubiésemos seguido disfrutando de sus letras, las letras del único escritor -que según el poeta José Emilio Pacheco- "la gente reconocía en la calle". Una verdadera pena. Como diría el bueno de Juarroz: los cementerios están llenos de fraudes. 

A continuación comparto un fragmento que el escritor Sergio Pitol envió a La Jornada, a manera de despedida de su gran amigo Carlos Monsiváis. Este texto forma parte de su libro El arte de la fuga, y fue escrito en Xalapa, en enero de 1996.

Con Monsiváis, el joven (fragmento)
Por Sergio Pitol

A su modo, Carlos Monsiváis es un polígrafo en perpetua expansión, un sindicato de escritores, una legión de heterónimos que por excentricidad firman con el mismo nombre. Si a usted le surge una duda sobre un texto bíblico no tiene más que llamarlo; se la aclarará de inmediato; lo mismo que si necesita un dato sobre alguna película filmada en 1924, 1935 o el año que se le antoje; quiere saber el nombre del regente de la ciudad de México o el del gobernador de Sonora en 1954, o las circunstancias en que Diego Rivera pintó un mural en San Francisco en 1931, y que José Clemente Orozco calificó de “nalgatorio”, o la posible transformación de la obra de Tamayo durante su breve periodo parisiense, o la fidelidad de un verso que le esté bailando en la memoria: de Quevedo, de Góngora, de Sor Juana, de Darío, de López Velarde, de Gorostiza, de Pellicer, de Vallejo, de Neruda, de Machado, de Paz, de Villaurrutia, de Novo, de Sabines, de cualquier gran poeta de nuestra lengua, y la respuesta surgirá de inmediato: no sólo el verso sino la estrofa en la que está engarzado. Es Mr. Memory. Es, también, un incomparable historiador de las mentalidades, un ensayista inmensamente receptivo y agudo; léanse si no las páginas que ha escrito sobre Onetti, Novo, Beckford, Hammett; un crítico de cine notable, un estudioso de la pintura mexicana que ha producido páginas excelentes sobre Diego, Tamayo, Gerszo, María Izquierdo y Toledo, un lúcido ensayista político. Es el cronista de todas nuestras desventuras y prodigios, más de las primeras, puesto que el México que nos ha tocado vivir ha sido fértil en desventuras y, en cambio, los prodigios aparecen de manera excepcional como suelen hacerlo los milagros; es el documentador de la fecundísima gama de nuestra imbecilidad nacional. Sus columnas atrapan semanalmente las declaraciones de los grandes de nuestro minúsculo universo; hablan en ellas los financieros, los obispos, los senadores, diputados y gobernadores, el Presidente de la República, los “comunicadores”, las cultas damas. El resultado es demoledor. A su lado, los hallazgos de Bouvard y Pécuchet parecerían apotegmas de Platón o Aristóteles. A esos atributos se suman otros más: bibliófilo, coleccionista de mil cosas heterogéneas, gatófilo, sinólogo si nos descuidamos. Todo esto es Carlos Monsiváis. Y además, ya lo habrán descubierto los lectores, mi más entrañable amigo.

viernes, junio 18, 2010

José Saramago

(Portugal, 16 de noviembre de 1922 - España, 18 de junio de 2010)

Hoy murió José Saramago. En sus palabras constaté que, en efecto, el viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje. Descansa en paz, maestro. Gracias por tu legado. 

(Dejaré disponible, como hasta ahora, el enlace a tu blog, cuaderno virtual en el que, asegurabas, era el sitio en el que más cómodo te sentías al publicar)

¡A tu memoria!

Algunas frases


*Lo sublime es tener la conciencia de que se va a perder y aún así seguir resistiendo.

*En un tiempo como el de ahora, en el que tan fácilmente se desprecia a los mayores, creo que soy un ejemplo muy bueno. Entre los 60 y los 84 he hecho una obra. Por tanto ¡ojo con los viejos!.

*El hombre más sabio que he conocido (se refiere a su abuelo Jerónimo) no sabía leer ni escribir.

*Mi problema en relación con la muerte y por tanto con el tiempo, dado que éste conduce de la mano hasta la muerte, no es tanto por el hecho de morir. Para mí, lo verdaderamente dramático es que estabas y ya no estás. Parece una obviedad, pero yo lo siento así, lo veo así: estabas y ya no estás. (Parte de una entrevista concedida con motivo de la presentación de sus memorias)

*Antes de empezar a escribir, tengo que escuchar lo que suena en mi cabeza, porque si acabo una frase con todo sentido, pero a esa frase le faltan armonía y melodía, es que aún sigue incompleta.

*No es que sea pesimista, es que el mundo es pésimo.

*Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda.

*Disentir es uno de los derechos que le faltan a la Declaración de los Derechos Humanos.

*Sigo escribiendo, intentándolas comprender (las cosas), porque no tengo nada mejor que hacer y sabiendo que llegaré al final sabiendo lo mismo que sabía antes, es decir poco o casi nada.

*El triunfo nunca ha sido un objetivo para mí.

*La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitivo.

Notas relacionadas:
Saramago: "No me hablen de la muerte porque ya la conozco"(interesante entrevista. Diario El País. 2008)

jueves, junio 17, 2010

Entre la acción y el sueño - Fernando Pessoa

"Tengo que escoger lo que detesto – o el sueño, que mi inteligencia odia, o la acción, que a mi sensibilidad repugna; o la acción para la que no nací, o el sueño para el que no ha nacido nadie. Resulta que como detesto a ambos, no escojo ninguno, pero, como alguna vez tengo que soñar o actuar, mezclo una cosa con la otra."
Del Libro del desasosiego

miércoles, junio 16, 2010

En el centro del poema de Roberto Juarroz

photo by Mark Álvarez. Mario's  Cafe. SF

A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta.
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.

Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.

martes, junio 15, 2010

Dios es redondo - Juan Villoro

fragmento
Escribir de fútbol es una de las muchas reparaciones que permite la literatura. Cada cierto tiempo, algún crítico se pregunta por qué no hay grandes novelas de fútbol en un planeta que contiene el aliento para ver un Mundial. La respuesta me parece bastante simple. El sistema de referencias del fútbol está tan codificado e involucra de manera tan eficaz a las emociones que contiene en sí mismo su propia épica, su propia tragedia y su propia comedia. No necesita tramas paralelas y deja poco espacio a la inventiva del autor. Esta es una de las razones por las que hay mejores cuentos que novelas de fútbol. Como el balonpíe llega ya narrado, sus misterios inéditos suelen ser breves. El novelista que no se conforma con ser un espejo, prefiere mirar en otras direcciones. En cambio, el crónista (interesado en volver a contar lo ya sucedido) encuentra ahí inagotable estímulo.
     Y es que el fútbol es, en si mismo, asunto de palabra. Pocas actividades dependen tanto de lo que ya se sabe como el arte de reiterar las hazañas de la cancha. Las leyendas que cuentan los aficionados prolongan las gestas en una pasión non-stop que suplanta al fútbol, ese Dios con prestaciones que nunca ocurre en los lunes.
     En los partidos de mi infancia, el hecho fundamental fue que los narró el gran cronista televisivo Ángel Fernández, capaz de transformar un juego en la caída de Cartago.
      Las crónicas comprometen tanto a la imaginación que algunos de los grandes rapsodas han contado partidos que no vieron. Casi ciego, Cristino Lorenzo fabulaba desde el Café Tupinamba de la Ciudad de México; el Mago Septién y otros locutores de embrujo lograron inventar gestas de beisbol, box o fútbol con todos sus detalles a partir de los escuetos datos que llegaban por telegrama a la estación de radio.
      Por desgracia, no siempre es posible que Homero tenga gafete de acreditación en el Mundial y muchas narraciones carecen de interés. Pero nada frena a pregoneros, teóricos y evangelistas. El fútbol exige palabras, no solo las de los profesionales sino las de cualquier aficionado provisto del atributo suficiente y dramático de tener boca. ¿Por qué no nos callamos de una vez? Porque el fútbol está lleno de cosas que francamente no se entienden. De repente, un genio curtido en mil roza con el calcetín la pelota que incluso el crónista hubiera empujado a las redes; un portero que había mostrado nervios de cableado de cobre sale a jugar con guantes de mantequilla; el equipo forjado a fuego lento pierde la química o la actitud o como se le quiera llamar a la misteriosa energía que reúne a once soledades.

Juan Villoro, Dios es redondo, Ed. Planeta, México, D.F., 2006