Si algún día llego a tener una hija le diré: Todo lo que necesitas saber, pequeña, es el origen del mundo. Luego le entregaría un espejo para que se viese desnuda de pies a cabeza. Ese que resplandece frente a ti es el imperio que te entrego; todo lo que en él habita te acompañará por siempre: células de dioses muertos, ideas recicladas, taras, sueños, ascos, miedos. Cuídalo, porque es lo único que te pertenece. Finalmente le abrazaría fuerte y pondría un martillo entre sus manos: la opción de que rompa frente a mí el reflejo de una verdad heredada.
En preventa: Huellas en el polvo (narrativa completa), de David González
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Entre Manolo Tarancón y yo preparamos, meses atrás, este libro que reúne
los relatos del gran David González (coincidiendo con la fecha en la que se
c...
Hace 11 horas

