sábado, enero 23, 2010

Mi diario de cuero rojo

La primera noche que llegué a North Beach perdí mi diario de cuero rojo. El hermoso diario que Mark me regaló la vez pasada. Me lo regaló en San Francisco y lo llevé a Ecuador para guardarlo entre mis libros mientras regresaba. Quise llenarlo exclusivamente en este viaje. Lo traje de vuelta y lo perdí. Fuck. Apenas escribí diez hojas. Pero duele. Tenía dos dedicatorias escritas por Mark. Un sticker de North Beach. Una credencial de policía caducada. Un ticket de autobús del 26 de septiembre. Y varias fotos irrecuperables. Fuck. Lo dejé en una mesa de Specs y en menos de 10 minutos desapareció. Me pregunto quien rayos lo tiene. Tengo un sospechoso en mente. Larry dice que lo encare, que él me ayudará a golpearlo si es necesario. Yo le digo que gracias pero que es solo una sospecha. Producto quizá de mi desesperación. Fuck. Vranace me dijo que lo mismo que George Tsongas le dijo a él hace tiempo, cuando V. perdió su maletín con cosas invaluables en el mismo lugar donde yo perdí mi diario. George le dijo que eso ocurrió por no saber mirar. Simple y cierto. A veces las emociones me ganan. Lo sé. Aunque esa noche fue la emoción y el cansancio. Hay que saber mirar. Fuck. Camino por las calles de North Beach como una loca que busca a su hijo perdido. Grito su nombre entre los callejone vacíos. Nadie responde. Escribo en el aire.