sábado, junio 14, 2008

El "Che" lector

Un día como hoy nació Ernesto Guevara de la Serna (Argentina, 1928-Bolivia, 1967), más conocido como "El Che". Reviso mi libro "Che desde la memoria" (selección y prólogo Víctor Cassaus, La Habana, 2004), una visión intimista y humana del hombre más allá del ícono. Un extraordinaria fuente histórica que conjuga con fotografías y textos convertidos en testimonio y memoria de su reflexiva mirada sobre la vida y el mundo. Cartas, poemas, narraciones, páginas de sus Diarios, artículos de prensa y fotos tomadas por él mismo. Por eso hoy, más allá de recordarlo sólo como revolucionario, quiero recordarlo como lector. Un aspecto de su vida que poco se conoce y que Ricardo Piglia sí lo hace en su novela El último lector. Historia personal de la lectura, la obra se detiene en Ernesto concibiéndolo como Aquel Que Nunca Habría Sido el Che Guevara -de no ser por la influencia transformadora de la lectura.

El último Lector cuenta varias anécdotas como cuando el Che fue detenido en Bolivia en sus horas finales y ya lo había perdido casi todo. No llevaba ni siquiera zapatos, pero tenía anudado a la cintura un maletín con su diario de campaña... y sus libros. La negativa a desprenderse de sus volúmenes aun en la más abyecta de las derrotas es la última de las resistencias del Che Guevara.

Otra anécdota interesante que Piglia destaca es que en plena campaña en territorio cubano, mientras impulsaba una marcha forzada que casi nadie resistía -salvo él, a pesar de estar jaqueado por el asma-, Guevara se hacía siempre un hueco a diario para leer los libros que acarreaba sin quejas por la jungla. Mientras los demás desfallecían, abandonándose a un sueño que nunca era suficiente, Guevara leía. Y no de cualquier manera: se subía a un árbol para hacerlo, como si necesitase de esa mínima distancia. Como querer internarse en realidad en la historia que está leyendo. Su espacio de soledad. Como dice el escritor argentino Marcelo Figueras: "Leer es un acto que requiere de soledad profunda. Kafka escribió que ni siquiera la noche era lo suficientemente nocturna como para proporcionarnos la soledad perfecta que reclama el acto de leer. Piglia sugiere que el Robinson Crusoe de Daniel Defoe es en alguna medida el lector perfecto, en tanto está solo por completo, en una isla que el árbol de Guevara representa a escala. En este mundo escandaloso al que hemos venido a dar, el hombre que quiere mantener viva su conciencia -o para ponerlo en los términos del libro de Piglia: el hombre que quiere leer- debe trabajar a brazo partido para no perder su isla, su árbol, su interioridad. Todo conspira para arrancarnos nuestra rendición. Pero allí está el ejemplo del Che Guevara: el hombre que marchaba sin quejas, el revolucionario que exigía de su físico esfuerzos sobrehumanos, sabía que toda su energía no serviría de nada si no actuaba iluminado por esa conciencia alimentada a base de libros. Acción, pero también lectura."
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Por eso hoy quiero recordar al "Che" con su libro abierto sobre las ramas de un árbol. Yo también podría llamarme Aquella Que No Sería Quien soy... de no ser por los libros.
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