lunes, junio 02, 2008

Cruce de Caminos

Ha comenzado con buenos ingredientes. Se trata del nuevo fanzine literario Cruce de Caminos, a cargo de Dani, Caótica y Javi. La portada me encantó. Y hay desafío en su propuesta.
El desafío... cómo me gusta esa palabra.
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¿Oís esa música? Es la melodía que toca el diablo para humillar al viejo músico de blues. Bienvenidos al cruce de caminos. ¿Qué camino vais a tomar?
Era mi cumpleaños y mi padre caminaba junto a mí. Yo no sabía adónde íbamos. Llevábamos ya un buen rato andando y yo no sabía adónde íbamos. Papá no lo dijo. Aunque papá nunca hablaba mucho. Aquel día caminaba junto a mí y no decía nada. Habíamos salido de casa muy temprano. Vino a mi cuarto y me dijo: «Levántate, quiero que vengas conmigo». Mamá aún dormía. Desayunamos y salimos de casa y empezamos a caminar. Fue poco antes de que él se fuera. Caminábamos juntos y no sabía adónde íbamos. Y yo estaba cansado. Iba pensando en eso, o tal vez lo dije en voz alta, porque papá me miró y dijo: «Ya no falta mucho». Poco después llegamos a un cruce de caminos. Yo nunca lo había visto, debíamos de estar a bastante distancia de casa. Entonces, papá dijo que me situara en el centro.
—Ahora tienes que escoger.
—¿Escoger qué?
—Un camino. Una dirección.
—Eso es lo que tienes que decidir, hijo.
—No sé. ¿El camino adónde?
—No importa, sólo tienes que escoger un camino.
—Pero si no sé adónde voy, ¿cómo voy a saber qué camino debo tomar?
Entonces me contó una historia. Hace años, entre los músicos de blues, empezó a correr la leyenda de que si uno iba al anochecer a un cruce de caminos se encontraría al mismísimo diablo. En ese momento, si uno estaba dispuesto a desprenderse de su alma, el diablo le enseñaría a tocar todo lo que quisiera, y mejor de lo que nadie lo había hecho antes.
—Pero el diablo no existe, ¿verdad?
—Hay personas mucho peores que el diablo, hijo, personas con las que te cruzarás y que intentarán marcar tu camino. No les dejes, ¿me oyes? No les dejes. Quiero que recuerdes esto. Has de escoger tu propio camino, aunque tus seres queridos no puedan entenderlo, incluso si les haces daño. Has de escoger tu propio camino. Y seguirlo.
—No sé qué camino escoger—repetí.
—Está bien —dijo mi padre—. Vámonos, volvamos a casa.
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Daniel Romero