domingo, febrero 26, 2012

Meridiano de Sangre - Cormac McCarthy


(fragmento)

Había anochecido hacía rato y la luna estaba alta cuando un grupo de mujeres que había ido río arriba a secar pescado regresaron a la aldea y recorrieron las ruinas lanzando gritos. Todavía ardían algunas lumbres y los perros correteaban furtivos entre los muertos. Una vieja arrodillada en las renegridas piedras delante de su tienda introdujo unas zarzas en los rescoldos y sopló hasta inventar una llama de las cenizas y empezó a enderezar los cachorros que estaban volcados. A su alrededor los muertos yacían con los cráneos como pólipos húmedos y azulados o como melones luminiscentes al fresco de una meseta lunar. En días sucesivos los frágiles jeroglíficos de sangre oscura inscritos en aquellas arenas se agrietarían y desemuzarían de modo que en el decurso de unos soles todo rastro de la destrucción de aquel pueblo quedaría borrado. El viento del desierto salaría las ruinas y no quedaría nada, ni fantasma ni amanuense, para contar al peregrino que en este lugar vivía gente y en este mismo lugar fueron asesinados. 

Meridiano de sangre. Ed. Debolsillo. Barcelona. 1998