En un antiguo taller, los juguetes cobran vida cuando su creador abandona el lugar. No le hacen falta trucos ni efectos especiales para conferir vida a esa naturaleza muerta. Es la cámara quien extrae el movimiento y la emoción de unas muñecas rotas o de un contador de luz. Siniestro film que anticipa, sin duda, los bodegones fúnebres de otros ilustres cortometrajistas: Los hermanos Quay.
LEYENDA FEROZ
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qué hace malo
al lobo para el hombre
su leyenda feroz
y qué hace malo
al hombre para el lobo
su piel de cordero
los mismos colmillos
distintos disfrac...
Hace 19 horas

