sábado, diciembre 03, 2011

El osario de Sedlec




Otra de mis razones para viajar a Praga, algún día, son sus osarios. El de Sedlec, por ejemplo, ya está en mi lista de espera, definitivamente. 

En el pueblo de Kutna, a 90 Km. Praga, en la República Checa, se encuentra la iglesia de Kostice, el mayor osario del mundo. Esta pequeña Iglesia Católica Romana, que por fuera se ve normal, alberga en su interior de 40.000 a 70.000 esqueletos humanos, en una capilla oficialmente llamada el Osario de Sedlec. Alrededor de 1400, miles de esqueletos fueron desenterrados para que la iglesia pudiese ser construida en el centro del cementerio. La capilla inferior era de un osario de las fosas comunes encontradas durante la construcción. 



Hacia 1870, un tallador de madera fue el encargado de poner orden en todos los huesos. Los muertos fueron dispuestos en el arte macabro para formar cuatro campanarios, una araña enorme de huesos que contiene, a su vez,  al menos uno de cada hueso del cuerpo humano, las guirnaldas de cráneos cubriendo la bóveda, los huesos alrededor del altar, un gran escudo de armas Schwarzenberg, la firma del artista Rint, y muchas extrañas obras de arte más. Personas que murieron en la guerra o una muerte espantosa que empañaron los huesos no han sido utilizadas mucho para la decoración, sin embargo, dichos restos óseos están encerrados detrás de las puertas o han sido utilizados para formar túneles.

La leyenda



Según la leyenda, en 1142, un noble llamado Miloslav, que viajaba de Praga a Moravia se paró a descansar en los bosques de los alrededores de Kutna Hora. Se sentía tan cansado que no pudo evitar dormirse y soñó que un pájaro le entraba por la boca y le susurraba que debía construir un monasterio allí mismo. El noble, convencido de que más que un sueño, aquello había sido una revelación divina, no dudo un momento y comenzó a construir la iglesia. Junto a ella, además, construyó un cementerio e invitó a los monjes cistercienses de la ciudad cercana de Waldsassen para que lo administraran todo.

En 1278, el abad Jindrich fue enviado por el rey bohemio a Jerusalén, de donde trajo un puñado de tierra del Gólgota y la dispersó por la tierra del cementerio, bendiciéndola así de alguna manera. A raíz de eso, toda la gente quería ser enterrada en ese cementerio ya que creían que el alma de quién descansara allí estaría en el cielo en un día.


La afluencia de cadáveres del cementerio fue enorme, ya que había conseguido una fama enorme e incluso enterraban a gente de otros países. Todo el mundo quería ser enterrado en Sedlec. Fueron las plagas de peste y las guerras husitas las que provocaron que el cementerio creciera de una manera desorbitada, llegando incluso a ocupar una superficie de 3 hectáreas, con más de 30.000 personas enterradas, incluyendo los 500 cistercenses asesinados cuando los husitas quemaron el monasterio.

El cementerio se había quedado pequeño, y los huesos comenzaron a apilarse alrededor de la iglesia. Más tarde, comenzaron a introducirse en la parte inferior de ésta, hasta que en 1511, un monje medio ciego formó 6 pirámides con ellos ya que comenzaba a no quedar espacio dentro de la iglesia. Aunque fue en el siglo XIX, cuando el Príncipe de Schwartzenberg, preocupado por la cantidad de huesos en el lugar, contrató a Frantisek Rindt, un afamado artista local, para que mejorase el lugar respetando a la vez el deseo de las personas que decidieron que sus restos descansasen en el lugar.


A partir de ese momento, la iglesia comenzó a conocerse como Kostnice, Osario. Y, aunque desde finales del siglo XIV sufre de defectos de construcción (una inclinación parecida a la de la Torre de Pisa), es visitada por más de 150.000 personas al año. Además, un dato curioso es que el número de personas allí enterradas, supera varias veces el número de habitantes de Kutna Hora.