sábado, diciembre 24, 2011

Precipitación



Union Square. San Francisco. dec. 2011

Ayer fue una noche memorable, luego de andar entre las luces y el barullo de la ciudad, Mark y yo escapamos cuesta arriba, hasta la cima de una de las lomas de San Francisco, y desde Coit Tower vimos la Ciudad de la Niebla en todo su esplendor, los últimos barcos alejándose de la Bahía, llevándose gente que quizá nunca volverá. Luego bordeamos todo el muelle de Fisherman's Whorf mientras escuchábamos aullar al interior a nuestros lobos de siempre. Luego regresamos a North Beach, descendiendo por la calle Lombard, famosa por ser la más estrecha, empinada y curva de esta ciudad. La luna era implacable, tan bella que dolía, maldita sea, dolía. Y más tarde, como siempre, Mark, invitó a alguno de nuestros viejos del barrio a cenar con nosotros, fue Leon quien esta vez nos acompañó a Monalisa, y luego cognac y poemas que ahora no entiendo y visitas a librerías que nunca cierran y ese tic tac maldito de un reloj que no se apaga, y que me recuerda que faltan horas, horas, para tener que volar.