Esta noche he vuelto a recorrer las calles de mi ciudad. Caminando y caminando llegamos al centro histórico de Quito. La Ronda y sus fonditas con guitarras que siempre acogen la voluntad y la nostalgia. Y entonces mi madre y su sonrisa frente a mí, un par de amigos y los Olimareños encerrados en los cuerpos de unos músicos anónimos. He cantado con el vino bulliendo adentro y la emoción que provoca la vista desde un balcón antiguo, desde donde he visto una vez más, a la virgen del Panecillo batir sus a las a la media noche, a punto de despegar.
CORRECCIÓN
-
vive y deja vivir
me repite mi padre
una y otra vez
desde niño
vive y deja vivir
el lema
de su generación
pero ya no
se puede papá
le digo
vives com...
Hace 2 días

