sábado, diciembre 17, 2011

Entre Steinbeck y el viejo 'Froggy'


photos by Mark Alvarez. 
Salinas, California. oct. 2011

Lo primero que hicimos al llegar a Salinas fue estacionar el auto muy cerquita del National Steinbeck Center, pero cuando nos disponíamos a entrar, un mural nos llamó la atención justo al frente del museo, se trataba de las obras y escenarios más representativos del Nobel de Literatura. "Pastures of Heaven", Travels with Charly", "Tortilla Flat", plantaciones, carrozas y la famosa ruta 66. Pero lo que nos llamó aún más la atención fue la presencia de un viejo solitario al final de la callecita. Se trataba de Tom Lane, más conocido como “Froggy”. 


Froggy llevaba su cabello y bigotes largos, completamente blancos. Parecía ser introvertido, pero una vez que empezamos a conversar, Froggy se soltó como si sus días hubiesen consistido precisamente en eso: en encontrar alguien dispuesto a escucharlo. Mark y yo, desde luego, lo estábamos. Froggy nos contó que desde muy joven se había dedicado a escribir canciones y a tocar la guitarra, el teclado y el bajo, entre otros instrumentos. La primera vez que tocó en público fue country music, luego siguió con rock, blues, jazz, hasta llegar a todo tipo de fusiones. La música era mi vida, dice con nostalgia, y de alguna forma lo sigue siendo. Me gusta como su chaqueta roja resalta en medio de esa postal diurna. Froggy me inspira calma y a la vez curiosidad, me encantaría verlo tocar. Froggy nos cuenta que cuando llevaba 15 años metido de lleno en la música, paró. Decidió marcharse a Hollywood, pero las cosas no salieron como él planeó. Sin embargo uno de sus éxitos indiscutibles fue la grabación de una canción que él escribió: "Please, don’t sell my daddy no more wine”, cantada por varios artistas, entre ellas la vocalista de The mamas & the papas y Wanda Jackson, entre otros.




Al salir del museo de Steinbeck, luego de un buen tiempo, me sorprende ver que Froggy continúa ahí, sentado en la misma esquina, solo, mirando al horizonte de su propia suerte. Mark y yo movemos la mano desde lejos en señal de despedida. Él nos sonríe y asienta la cabeza. Ya cuando estamos a punto de desaparecer, Froggy, me dice algo, muy bajito, como si hubiese dudado algún tiempo en pedírmelo. Yo me acerco hasta su esquina y le pregunto de qué se trata. Me dice que, desde luego, no es una obligación, pero sí una propuesta. A Froggy le gustaría que yo escribiese una canción para él musicalizarla. Me sorprende, honra y agrada la idea. Luego dice que quien sabe y se vuelve un tema que muchos, después de algún tiempo, la sigan cantando y bailando. Me comenta que siente un gusto particular por la canción "Guantanamera", cuya letra, dice, siempre le fascinó. Le comento que dicha canción fue basada en las primeras estrofas de los "Versos Sencillos" del poeta cubano José Marti, y que también para mí esa canción es especial, porque me trae el olor de mi infancia. Le entrego a Froggy mi diario y él apunta de inmediato su dirección. Pasará un buen tiempo hasta que eso suceda, pienso, pero la idea me agrada, me agrada mucho. Froggy me dice que si algún día llego a escribir la canción se la envíe, y él no dudará en mandármela de vuelta, a cualquier parte del mundo donde yo me encuentre, hecha música.