Estoy de acuerdo en cambio con quien considera la magia y el conocimiento como dos componentes en interacción; por ejemplo, el niño que aprende a hablar acude también a usos mágicos del lenguaje. Usa el lenguaje en una forma que el adulto ya no cree poder utilizar. Lo usa para dar órdenes a la mesa o para reñirla si se ha golpeado la cabeza contra ella; usa el lenguaje también en este plano mágico, pero no inventa en absoluto una lengua mágica o imaginaria para cumplir estas operaciones. Mientras las cumple, se construye su sistema lingüístico según la gramática y la sintaxis de la lengua materna en la que crece.
Fernando Aramburu. El vigilante del fiordo.
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Tusquets, 2011. 186 páginas. Probablemente lo vi recomendado aquí: Fernando
Aramburu: El vigilante del fiordo. Cuando compro cualquier libro de saldo
porqu...
Hace 2 horas



4 dijeron lo que tenían que decir...:
No hay nada tan mágico como el lenguaje de los niños, recuerda la vez que mi hijo nos dijo "Guardo mi miedo para el día cuando muera mi madre"
ufff.... ¡cómo olvidar algo así!
bellísimo.
"Lo más comprensible de un lenguaje no es la palabra misma, sino el tono, la intensidad, la modulación, el 'tempo' con que se dice una serie de palabras -en suma, la música que está detrás de las palabras, la pasión que está detrás de esa música, la persona que está detrás de esa pasión: todo aquello, por tanto, que no puede ser 'escrito'.Por ello no tiene la menor importancia la escritura." (Friedrich Nietzsche)
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