viernes, enero 07, 2011

Albert Einstein


Einstein era desaliñado en el vestir. Un día en Berlín un amigo le encontró con un abrigo raído.
-¿No crees que debes hacerte otro abrigo? - le preguntó éste.
-¿Para qué? Aquí todo mundo sabe quién soy.
Pasaron unos años y el mismo amigo le encontró en Nueva York. Einstein lucía el mismo abrigo  que en Berlín.
-¡Hombre! Todavía llevas el abrigo de Berlín? Debes hacerte otro.
-¿Para qué? Aquí nadie me conoce- respondió de nuevo el sabio. 

Antología de anécdotas, Luis Aguirre, Editorial Labor, Madrid, 1967