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miércoles, marzo 21, 2012

T. S. Eliot



"Los poetas inmaduros imitan; los poetas maduros roban; los malos estropean lo que roban, y los buenos lo convierten en algo mejor."

lunes, mayo 23, 2011

Burn Norton - T.S. Eliot

V

Las palabras se mueven, la música se mueve
Sólo en el tiempo; pero aquello que sólo vive
Puede sólo morir. Las palabras, después del discurso, alcanzan
El silencio. Sólo por la forma, el patrón,
Pueden las palabras o la música alcanzar
La quietud, como un jarrón chino sigue
Moviéndose perpetuamente en su quietud.
No la quietud del violín, mientras dura la nota,
No sólo eso, sino la co-existencia,
O digamos que el fin precede al principio,
Y el fin y el principio estuvieron siempre ahí
Antes del principio y después del fin.

Y todo es siempre ahora. Las palabras se tensan,
Se agrietan y a veces se rompen, bajo la carga,
Bajo la tensión, resbalan, se deslizan, perecen,
Decaen con imprecisión, no se quedarán en su sitio,
No se quedarán quietas. Voces chillonas
Regañando, haciendo burla, o sólo charlando
Siempre las asedian. La Palabra en el desierto
Es sobre todo atacada por voces de tentación,
La sombra gimiente en la danza fúnebre,
El sonoro lamento de la quimera desconsolada.

La esencia de la forma es el movimiento,
Como en la figura de los diez peldaños.
El deseo en sí mismo es movimiento
No en sí mismo deseable;
El amor es en sí mismo inmóvil,
Sólo la causa y el fin del movimiento,
Atemporal y sin deseo
Excepto en lo relativo al tiempo
Atrapado en forma de limitación
Entre no ser y ser.

T.S. Eliot. Cuatro Cuartetos
Traducción: Jesús Placencia

lunes, noviembre 08, 2010

De secretos muertos - T. S. Eliot


(...) ¿Nos engañaron o engañábanse
ellos, los ancianos de voz queda,
al no legarnos sino la receta
de un fraude? La serenidad tan sólo
un voluntario embotamiento,
nada la cordura sino un saber
sobre secretos muertos, inservibles,
en la tiniebla en la que se asomaron
o de la que apartaron la mirada.

Hay, nos parece, a lo sumo un valor
limitado en el saber por experiencia.
Impone su pauta la percepción
y lleva a error, pues es nueva la pauta
a cada instante y cada instante
es una valoración renovada
y sorprendente de cuanto hemos sido.
Sólo no nos engaña lo que, siendo
engañoso, no puede ya dañarnos.

A mitad del camino, y aún más,
por el camino todo, por una selva,
oscura, en un zarzal,  junto a una cénega
donde el paso es inseguro y hostigan
monstruos, luces fantásticas y el riesgo
de ser hechizados. No me hable nadie
del saber de los viejos,
sino de su demencia,  su temor
a la posesión, a pertenecer,
al otro, o a otros, o a Dios.
El único saber al que podemos
aspirar es el de la humildad, que es infinita.

Todos las casas yacen bajo el mar.

Los que bailaban yacen bajo el cerro.

T. S Eliot. Cuatro cuartetos. Cátedra. Madrid. 2006
Traducción: Esteban Pujal Gisalí