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martes, junio 28, 2011

Haight & Ashbury

Carla Badillo Coronado & Mark Alvarez
San Francisco

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Esta tarde Mark y yo anduvimos por el famoso barrio Haight & Asbury, mejor conocido como el barrio de los hippies. Y aunque evidentemente aquella meca de la contracultura, de los grafitties y el peace and love dista mucho de aquel "verano del amor", vale la pena visitarlo, tomarse un café o un falafel en alguno de los locales orgánicos o tomarse un trago en algún barcito con música en vivo. Hay mucho freaky por aquí, es cierto, y quizá eso siempre ha tenido para mí un atractivo inmediato. A Mark no es que le gusta mucho la idea de visitarlo (a pesar de que un tiempo vivió aquí), ya que para él todo esto es una especie de simulacro, un rezago maltrecho de todo ese boom a finales de los años 60, y que la mayoría de los que se dicen hippies son igual de consumistas que otros, etc. Y en ello tiene razón, basta ver la cantidad de tiendas de con ofertas "alternativas" y cuyos precios en la mayoría salen disparados. De cualquier forma, este barrio tiene su encanto, y no se puede negar la importancia que como ícono cultural ha tenido dentro de la imagen que San Francisco ha proyectado al mundo.

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Muchas de las bandas que nacieron en esa época, justamente en este barrio, nunca hubieran imaginado la trascendencia que tendrían posteriormente. Bandas como Jefferson Airplane (quien por ese entonces tenía un local propio llamado Matrix), Grateful Dead, Janis Joplin y su formación previa que fue The Big Brother and The Holding Company. Más adelante surgieron Santana, y muchos más que quería explorar nuevas formas de entender y hacer música. También hay muchos locales donde realizan tatoos, y tiendas de souvenirs extravagantes, así como lencería loca y atrevida para todos los gustos. En lo personal, lo que más me gusta de aquí son las tiendas de ropa y accesorios vintage, en donde uno puede encontrar prendas viejas y a veces exclusivas, prendas de los años 30, 40, 50, etc, a mí me fascinan los sombreros y los pañuelos, desde luego, así que aquí ya he encontrado un par de cosas para mi cabeza. :)





En una de las tiendas que vendían ropa estilo cowboy, un tipo le hizo ojos a Mark, y yo empecé a reír como una loca. Siempre le he dicho que no sólo las mujeres deben desearlo sino que tiene buen pegue con los hombres. Y es que sólo mirando las botas con las que entró Mark cualquiera se pone a temblar. Un temblor del bueno, claro. Seguimos caminando y la verdad es que una vez más le dije a Mark que nunca me he considerado hippie. Y es gracioso porque un par de veces ciertas personas me dijeron que por mi forma de aventurarme y lanzarme a la carretera era hippie (incluso Mark pensó hace tres años que yo era una artista medio hippie) es decir lo ponían casi como un adjetivo para mi pretendida libertad. Sin embargo nunca he sido hippie, tampoco me he sentido como tal, y aunque respeto a quienes así se considere, no comulgo con aquellas ideologías simplistas y muy pacíficas (en muchos casos parasitarias), partiendo de un hecho: yo soy muy compleja. Desde luego que repudio las guerras (y siempre preferiré hacer el amor antes que las guerras), pero no soy pacifista hasta el punto de minar mi mente con ideas tan volátiles como el humo de la misma hierba. Soy heracliteana. Mi principio es el fuego. Guerreo mucho con ideas, leyes y conceptos. Creo en la dualidad, en las dos fuerzas. Quizá por eso mi escritura es caótica, siempre caótica, y en ella pretendo encontrar mi armonía. 

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La tarde estuvo impecable, un cielo tan limpio que daban ganas de garabatear en él. Me gustan los cielos que parecen lienzos porque me provoca manchar esa pureza. Lo más importante es que la pasamos bien, a pesar de ciertos lapsos debido a mi carácter que por suerte en nuestra relación funcionan como arcos y flechas a manera de una deliciosa tensión. Ya era de noche, pero el sol se rehúsaba a ocultarse. Me encanta ver a Mark caminando a mi lado, siempre a su ritmo acelerado y su mirada atenta. Su brazo se extendií para pedir un taxi y seguir nuestra ruta, seguramente a alguna librería, o dos, o tres, y luego, como siempre, de vuelta a nuestro querido North Beach. 

martes, marzo 17, 2009

Santana y su guitarra hicieron vibrar a Kitu

(fotografía tomada de El Comercio)
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Qué puedo decir del concierto del sábado sino que lo gocé al máximo. Canté, bailé y vibré con cada sonido que mi tocayo hizo estallar con su guitarra (o mejor dicho con sus guitarras, pues el legendario guitarrista utilizó al menos tres duranté el show). Don Carlitos Santana tocó alrededor de dos horas y media, al más puro ritmo de rock, jazz, blues y ritmos afro latinos. Fui en compañía de dos amigos de mi grupo de danza, dos ñaños tullpus: Wilo y Karla, quienes a su vez fueron con un grupo más grande. Antes de ingresar: dos shots de tequila y mi cámara al bolsillo. Adentro: el Coliseo Rumiñahui a reventar.

Junto a mis ñaños tullpu
Yo y Karlita Sierra

A la espera de don Carlitos en las gradas de General
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El show empezó a la hora prevista. Abrió el espectáculo Prime Ministers un nuevo grupo ecuatoriano de rock, cuyo disco ha sido mezclado y masterizado por Randy Staub y George Marino, técnicos que han trabajado con Metallica, AC/DC y Kiss, entre otros. Luego de media hora se apagaron las luces y la banda de Santana empezó a ubicarse en el escenario. Bongos, bajos, teclado, maracas y hasta panderetas... todo listo, hasta que en medio de ellos saltó a la pista Carlitos, con un saco otavaleño de tonos verdes y un sombrero de paja toquilla. La pista se iluminó. Y mientras Santana y compañía empezaron a tocar, atrás, en una pantalla gigante, se proyectaban imágenes de aquel histórico concierto en Nueva York: Woodstock 69, aquel magno evento en plena época del "paz y amor", en el que Carlitos debutó junto a su Blues Band, y en el que compartió cartelera con artistas de la talla de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Joan Baez, Grateful Death, Crosby, Joe Cocker, entre otros. La sensación fue brutal. Los sonidos transmitían mucha fuerza y las imágenes -que mostraban a un Santana veinteañero- me transportaron en el tiempo y me hicieron imaginar toda esa atmósfera demencial de aquellos años en los que yo aún estaba lejos de nacer.
Santana en Woodstock 69
Luego de sus primeras canciones, el artista de origen mexicano tomó el micrófono y dijo: "Sentimos un placer, un encanto, una maravilla al estar aquí en el centro del mundo. Sentimos un espíritu muy fuerte, muy puro, ofrecemos el corazón a ustedes y a Dios". Luego arrancó nuevamente con esa fuerza que lo caracteriza y tocó canciones como Samba pa´ti, María María, Black Magic Woman, Yaleo, entre otras. El ritmo que mantuvo el concierto fue genial. Era una especie de vaivén; íbamos de la euforia a la calma, una experiencia totalmente catártica. Por instantes yo prefería cerrar los ojos para fundirme con la música. Hubo momentos de solos tanto de Santana como de sus tremendos músicos, lapsos en los que el saxofón, el teclado y la percusión hicieron gala en solitario.

Más adelante, Santana tocó otros temas como Oye como va, África en América, Smooth, Corazón espinado, Dame tu amor, Jingo, etc. Si bien el tiempo ha pasado y no era Nueva York del 69 sino Kitu del 2009, y si no era Woodstock sino el Rumiñahui, y si bien Santana ya no tenía veintitantos sino 61, y aunque haya gente que de pronto pueda criticarlo porque su carrera tomó un rumbo más comercial, he de decir que a mí su música y su concierto me han dejado más que satisfecha; porque digan lo que digan el señor Carlos Santana es una leyenda viva de las cuerdas, alumno de otro grande, también latino: Javier Batiz y heredero de sonidos negros de sus admirados John Lee Hooker y T- Bone Walker, además de todos los ritmos afro latinos y precolombinos que le han dado esa distinción en cuanto a sonido. Santana es una leyenda, sí señor, y eso no se lo quita nadie.
"Oye como va... mi ritmo, bueno pa´gozar, mulata"

No pude colocar un vídeo, pero para verlo en un toquesito más latino, pisar firme aquí. Que lo disfruten...

miércoles, marzo 11, 2009

Carlos Santana tocará este sábado en Kitu

El legendario guitarrista de rock Carlos Santana, ofrecerá el próximo sábado 14 de marzo, un concierto por todo lo alto en el coliseo Rumiñahui, en la capital ecuatoriana, como parte de su gira Viva tu luz, Latin America 2009.

Carlos Santana nació en 1947, en Jalisco, México. Fue iniciado a la música tradicional por su padre, un músico de mariachi, aunque a Carlos le gustaba la música rock que imperaba en aquella época. Cuando su familia se mudó a San Francisco, Carlos tuvo que aprender inglés rápidamente y se empapó de la música rock, estudiando a los grupos que tocaban por la ciudad y siguiendo su propia evolución. En 1966 creó su famosa banda, Santana Blues Band, con la que llega a triunfar en el famoso festival de Woodstock de 1969, impresionando a los asistentes con su estilo, una fusión entre el rock, sonidos de blues, jazz, sicodelia y ritmos afrocubanos y latinos. Ese festival fue el punto de partida del enorme éxito de este guitarrista a lo largo de todo el mundo.
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En 1969 publica 'Santana' y en 1970 'Abraxas', con el que obtuvo el primer puesto en las listas americanas durante seis semanas y más de un millón de copias vendidas, algo poco habitual en un grupo básicamente instrumental. A lo largo de su carrera ha recibido prestigiosos premios, entre los que cabe destacar un Grammy en 1988 al mejor espectáculo instrumental y su estrella en el Camino de la Fama, en Hollywood. Con su disco 'Supernatural', Santana obtuvo el mayor éxito de su carrera: 9 Premios Grammy.
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¡A gozarla, maestro!
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