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sábado, noviembre 20, 2010

El Payaso - Huilo Ruales Hualca

(fragmento)

Doblo la carta, ensalivo el sobre y me visto para ir al buzón del internado. Pero el Murciélago, que ha seguido bebiendo solo, aparece con una cara de ultratumba y un descuajeringado libro negro en la mano. Tambaleando y fumando, me lee un párrafo de Una temporada en el infierno, que me hace pedazos. Antes de irme al correo decido leerme el libro escrito con las venas abiertas por un tal Rimbaud que, también pelado como yo se mandó a cambiar de su aldea de mierda que no se llamaba Albura sino Charlesville. Hasta el amanecer siguiente lo he releído tanto que ya lo siento sangre de mi sangre. Entonces sí, tomo la determinación de matarme, pero sin ningún apuro. Rompo la carta de adiós de mamá y empiezo a matarme de pura vida. 

Desde ese día me convierto en una mezcla de payaso y fantasma con la nariz pegada a los libros. Viejos libros ultrasubrayados y forrados de negro, que me presta el cada vez más Murciélago. Son los benditos Poetas Malditos que me resultan perfusión de heroína con melaza. Pueden reírse de mí y de mi cara de huérfano, pero yo ando en otra onda, tipo ánima bendita. Ahora sólo me asumo como payaso cuando hay fiesta. Cuando hay bebida, cuando arrogante y borracho, Yo el payaso, decido, bueno, esta vez lancemos un poco de carne a la jauría. 

De qué risa, todos lloraban, Ed. Estación sur, Quito, 2008.

jueves, agosto 26, 2010

Puertas dentro de otras puertas sin puertas

photo by Jorge Luis Narváez
Valle del Chota, 2010

Sainte-Beuve decía en sus Máximas: "Sucede con los lugares, lo que con las obras de los hombres: hecha su reputación, todo el mundo va a visitarlos y los admira, mientras que sin esto, otros que no tienen prestigio, podrían competir con ellos. De los lugares citados, la mitad debe borrarse y dejar sólo la otra mitad, que es la digna de ser divinizada."

Es cierto. Yo, que he andado por mares y desiertos, por junglas y montañas, por lo antiguo y lo moderno, he sido testigo de cómo los turistas se atrincheran frente a verdaderas moles de cemento a las que cuesta un dineral acceder, y a las que poco o nada importa esperar horas y horas con tal de sacarse la foto de rigor. Nunca me han gustado esas multitudes. He preferido perderme voluntariamente por calles a las que yo misma he ido re-bautizando; y aun cuando he caminado por lugares donde  las aglomeraciones son inevitables (pienso en Roma o Nueva York), he preferido continuar descubriendo lugares y gente a mi ritmo.

También me he internado en otros lugares menos conocidos que han resultado verdaderos paraísos. Este Valle es uno de ellos. Aquí el Tiempo no me asusta. Aquí se detiene. Y las aguas de este río no se mueven como en otros. Aquí las piedras me gritan: báñate dos, tres o cuatro veces en las mismas aguas. ¡Cuatro veces! (Si Heráclito lo hubiese oído). Por eso estoy feliz de que Jorge Luis me haya traído hasta aquí, luego de caminar al filo de la carretera y de atravesar ese primer pozuelo  entre el cemento y la arena. Mojarse. Hundirse. Arriesgarse. Como decía Memo o Taruka: hay lugares en cuyo interior habitan otros lugares, otras puertas, otras dimensiones, otros dioses. 

Samia Didane, yo, Jorge Luis Narváez
photo by Miguel Arcos Mina

Jorge Luis me habla de sus negros amados del Chota. De su ahijado Johan. De doña Aida, la bailarina de bomba. De Don Milton Tadeo y su querida  -y plagiada por otros- Carpuela. De los personajes que se le fueron muriendo en su película ALPACHACA. 13 se le fueron muriendo, carajo. Voces de esclavitud y música. Y de liberación, desde luego... porque la historia no pudo seguir siendo tan hijueputa. Y de funerales que quiebran voces y cantos. Y de puros y guarapos. Y de narcocumbia importada del norte. Y luego hablamos de amores, de los suyos y los míos. De sus mujeres de nombres mágicos. Y de sus hijos, de su nieta Frida. De su nave Fatima. Y de aquella vez en la que Huilo Ruales le desafió a que se vaya a Quito si era varón, directo al lanzamiento de su libro. Y no espero a que cayera la tarde para demostrárselo, y montándose en la moto de su amante llegaron a la capital al estilo Easy Rider.  Muchas cosas tendré que contar de este hombre, que para salir de su alcoholismo se sumergió en la pintura (cada quien sabe cómo salir de su naufragio). Y ahora ríe. Y filma. Y sueña. Ah, carajo, cómo me gusta la gente que sueña.

Con Jorge Luis "el negro más blanco del Chota"

Jorge Luis y Miguel Arcos Mina

Jorge Luis y su ahijado Johan Tadeo

Y me presenta a Miguel. Ibarreño radicado en Paris hace algunos años. Un tipo libre que al cabo de un rato se quita la ropa con la inocencia de una pequeña criatura. Y danza entre el agua. Y construye con las piedras lo que el llama "museo de lo efimero". Ya verás porqué, me dice. Y luego sopla el viento como si las montañas que nos rodean me diesen la primera pista. Hay cosas sublimes en este lugar. El cielo se abre. Samia toma la guitarra. Los niños juegan a lo lejos. Y yo camino para seguir coleccionando piedras que no hayan sido tocadas. Soy privilegiada por seguir atestiguando esto. 

A veces parece tan simple ser feliz. 

Miguel y su hijo

photo by Jorge Luis Narváez

viernes, agosto 13, 2010

Ménage a trois - Huilo Ruales


El amante perpetuo de la poesía es el silencio. O, para el jugueteo, los poetas que insolentes se permiten atravesar su jardín de cuchillos y algunos hasta intentan meterse entre sus sábanas. Ven, entra en mi carne que es tu carne, susurra gozosa la muy puta abriéndose al poeta aquel que tenemos derecho cada cien años. Y allí se los tiene en su ménage a trois - poesía, poeta y silencio- venciendo en su cancha a la misma Muerte.

lunes, marzo 22, 2010

Poesía (porque en ella habito)

Witkin
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La poesía es más profunda y filosófica que la historia

Aristóteles

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Me aterra cuando la poesía empieza a picotearme por todo lado. Es como si repentinamente se me entregara un mazo de llaves para todas las puertas y se me impusieran abrir la única que no de al vacío.

Huilo Ruales

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Mediante la poesía llegar a lo desconocido.

Arthur Rimbaud

miércoles, diciembre 09, 2009

Apuntes (anacrónicos) sobre la Feria del Libro en Quito

Con el libro Qué risa, todos lloraban del ecuatoriano Huilo Ruales
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Creo que ha sido la única Feria en al que no he comprado nada. Adquirí únicamente dos libros pero estos me fueron obsequiados por sus propios autores: Qué risa, todos lloraban de Huilo Ruales Hualca y Piel de Navaja del pintor Wilson Paccha (hablaré de los dos con más calma algún momento). Y pare de contar. La razón: ya era hora de que frene. En el último tiempo he adquirido tantos libros que ya no puedo seguir gastando (no cuentan los "prestados de por vida y sin previo aviso"), o por lo menos ahora que mis condiciones no me lo permiten. Tierra por la que pasaba, tierra por la que mi maleta regresaba más pesada. Y del último viaje ni hablar, regresé con un buen cargamento de libros que Mark me regaló, libros preciosos, difíciles -por no decir imposibles- de conseguir en otros lados o en español. Así que por ese lado no me dolió.
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Pero bueno, quería al menos comentar algunas impresiones sobre la Feria, y en vista de que ya ha pasado una semana de lo que se acabó, lo que daré son algunas impresiones generales y muy personales del evento.
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Asistí sola y me enteré a último momento del itinerario completo ya que la difusión por parte de los organizadores fue escasa. Me interesaron mucho algunas conferencias y mesas de discusión, pero como eran simultáneas escogí las siguientes:
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Diáspora ecuatoriana (¿El desarraigo geográfico afecta la escritura? ¿Cómo se escribe Ecuador desde la distancia?) con los escritores Huilo Ruales, Ramiro Oviedo, Mario Campaña, Jorge Izquierdo y Esteban Mayorga.
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La gran literatura argentina desde distintas generaciones y géneros con Luisa Valenzuela, Juan Forn, Pedro Mairal y Fabián Casas.
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El oficio de escribir, tres grandes narradores de México, Colombia y Argentina nos contaron sobre su oficio, cómo lo abordan y qué temáticas les interesan. Juan Forn, Naief Yehya y Julio Paredes.
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La intervención de Patrick Deville (Francia, 1957), escritor trota-mundos, gran conocedor de América Latina, quien ha publicado varias novelas traducidas al español en Anagrama y Seix-Barral. Director de la Casa de los Escritores Extranjeros y los Traductores de San Nazaire y la revista Meet.
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El legado de Jorgenrique Adoum desde la crítica, la poesía y la amistad. Distintas generaciones exploraron su relación con la obra poética de Adoum, intervinieron Andrés Villalba, Laura Hidalgo, Raúl Pérez Torres y Julio Pazos.
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Desde luego también me interesaron los recitales de poesía. No puedo hablar de todos porque sólo pude asistir a los primeros (habían actividades simultáneas y no pude desdoblarme). Pero me quedó una sensación de que faltó algo. Algunos poetas no me dijeron absolutamente nada con sus poemas. Y otros sí que salvaron las lecturas: Iván Oñate, Juan José Rodríguez, César Carrión, Jorge Martillo y uno pocos más. Repito: no sé cómo habrán estado el resto de poetas, por lo que mi opinión se vuelve muy subjetiva. Me hubiera gustado escuchar a un colectivo llamado Sexo Idiota, me pareció que eran poetas jóvenes, pero no estuve. La sala asignada para poesía fue la capilla del antiguo hospital. Poetas leyendo frente al altar como profetas del verbo y de la carne. Me pareció interesante ese contraste. I liked it.
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Lo bueno: el Ministerio de Cultura repartió libros gratis durante todo la Feria, incluyendo un registro sonoro de la poesía de Jorgenrique Adoum.
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Lo malo: se acabó la Feria y regresé con las manos vacías pues había que presentar la cédula de identidad y yo tengo la mala costumbre de no cargar documentos conmigo.
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El consuelo: repartición de vino gratis al final de las presentaciones de libros.... y para ello no necesité mi cédula. ;)
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La Feria valió también para encontrarme con gente que no había visto desde hace un buen tiempo. Fernando, Rocío, Natalia... y también conocer a un par de personas que me sacaron más de una sonrisa. Hablo del pintor Wilson Paccha de quien conocía parte de su obra pero jamás lo habia visto personalmente. Wilson es otro tipo que me cayó muy bien, relajado y sin poses. Ya llegó medio entonado y generosamente nos participó de su aguita loca. Me regaló dos libros de sus pinturas. Una edición que me gustó mucho. Paccha tiene su marca, su ojo que hierve, su pulso irreversible.
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Iba a asistir a la conferencia del chileno Oscar Hahn, pero opté por el conversatorio y lectura de Huilo Ruales y Ramiro Oviedo en el Cafélibro, al que lástimosamente -por el mismo problema de difusión- no asistió mucha gente, salvo familiares y amigos de los escritores y unos contados solitarios en los que me incluyo. Me da pena por los que se lo perdieron sin saberlo. Y me alegro por mí. Disfruté de sus lecturas y la entrevista informal que se hicieron mutuamente, sobretodo de Huilo lleno de humor inteligente y pensamiento afilado.
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Cuando acabó el conversatorio me acerqué a Huilo para saludarlo, y debo decir que si antes ya me caía bien, únicamente conociendo parte de su obra que me parece impecable, ahora mucho más. Un tipo de mirada amplia, sin poses ni estupideces, me dio su contacto y mientras hablábamos alguien le dijo que ya guardarían los libros. él me preguntó si yo ya adquirí un ejemplor de su última novela, a lo que respondí: Puede sonar un poco cínico, pero me hubiera gustado ser su amiga para que lo regalara, porque en este momento no tengo más que para el pasaje de regreso. Enseguida él mismo fue a buscar un ejemplar y me lo dio. Buena onda. Claro que tampoco es que perdió pues el libro corresponde de la Colección escritores Nómadas de la Editorial Sur, y forma parte de un proyecto de distribución gratuita del Ministerio de Relaciones Exteriores para dar a conocer la obra de escritores que viven fuera de Ecuador (otro que incluyen la lista son Diego Gortaire, Alfredo Noriega, Ramiro Oviedo e Israel Pérez).
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Al final, me encontré con Rubén Jurado, un pana que no veía hace tiempo. Muy buena vibra. Resultó ser el hijo de René Jurado, escritor y editor del mismo Ruales. Ellos se iban al Este Café, Rubén me invitó a acompañarlos, hubiese querido hacerlo, pero al siguiente día tenía presentación con mi grupo de danza, así que tuve que seguir mi camino.
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Todos nos depedimos en la puerta del Cafélibro, incluyendo Gonzalo, el dueño del lugar quien se portó muy amable conmigo y con quien también intercambiamos una par de palabras, y al final me dijo que vuelva cuando quiera que esa era mi casa. 5 minutos después estaba sola en la vereda semioscura. Todos se habían ya marchado y Gonzalo volvió a entrar al local. La que era mi "flamante casa" cerró las puertas y preferí no asomarme porque el siguiente evento ya era pagado... y pa que alargar el cuento.
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La noche estaba preciosa, neblinosa como me gusta. Me fumé un tabaco, me senté en la vereda del poste y arranqué con la novela, la misma que empieza con una cita de Eloy Tizón de la Velocidad de los jardines: "Sólo es posible matar lo que nos refleja. Lo que en cierto modo nos duplica". De rato en rato pasaba algún peatón que volteaba y me miraba así, toda acurrucadita bajo la luz del poste y echando risas de rato en rato.
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Sentada en la vereda mi estómago crujía cada vez más. Cerré el libro y eché a andar. Caminé un buen rato por donde dictaba la niebla. Huilo y Wilson son dos bueno artistas y mejores personas, pensaba, y conocerlos fue lo mejor de la Feria. Derrepente me di cuenta que la niebla ya no dictaba, y que hace rato me había confundido en ella. Mucho mejor. Hacía noches que no me sentía tan bien.