Mostrando entradas con la etiqueta Sylvia Plath. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sylvia Plath. Mostrar todas las entradas

domingo, agosto 18, 2013

La campana de cristal - Sylvia Plath



"Si la señora Guinea me hubiera dado un pasaje a Europa, o un viaje alrededor del mundo, no hubiera habido la menor diferencia para mí, porque donde quiera que estuviera sentada- en la cubierta de un barco o en la terraza de un café en París o en Bangkok- estaría sentada bajo la misma campana de cristal, agitándome en mi propio aire viciado."

En La campana de cristal, Ed. Edhasa, 2005.

miércoles, noviembre 28, 2012

Ted. Sylvia. Arte. Dolor.


Sylvia Plath y Ted Huges

Cada obra de arte surge de una herida que hay en el alma de [l] artista [...] Cuando una persona recibe una herida, su sistema inmunitario entra en acción y se produce el proceso de autocuración, mental y físico. El arte es un componente psicológico del sistema autoinmunitario que da expresión al proceso de curación. Por eso nos hacen sentir bien las grandes obras de arte. Hay artistas que se concentran en la expresión del daño, la sangre, los huesos [machacados], la explosión del dolor, para levantar y sacudir al doctor. Y hay otros que apenas mencionan las circunstancias de la herida; lo que les preocupa es la curación. Sylvia tendía a centrarse en el dolor y [a rascarse] la herida.

(Ted Hughes. El azor en el páramo)   

viernes, julio 29, 2011

El arte de callar - Abate Dinouart




"Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio"
Abate Dinouart


Releo este interesante librito que me regaló, hace tres años, el poeta y ensayista Beñat Arginzoniz, durante mi estancia en Bilbao, País Vasco. Beñat, además de escritor, es librero. Guardo buenos recuerdos junto a él y otros amigos de Euskadi (por esos azares de la vida coincidimos además, a las 5 en punto de la tarde, en la Fontana di Trevi, en plena Roma, y junto a su amigo Ciccio anduvimos recorriendo los submundos italianos, comiendo carne de caballo, bebiendo vino con rosas y guitarreando y garabateando en tabernas de origen obrero). Lo recuerdo también entre los estantes de la librería Elkar, seleccionando libros que él intuía me podían gustar. 

Intuyó bien, entre los libros que me regaló estaban "Las lágrimas de Eros" de Georges Bataille, "Leyendas de los indios quichuas" de Feliberto de Oliveira Cezar, "Poesía Completa" de Sylvia Plath, "Los mitos vascos (aproximación hermenéutica)", de Andrés Ortiz-Osés, "Fiori di poesia" de Alda Merini, "Rubayat", de Omar Jayyam, además de dos libros de su autoría: "Las voces de la nada" (con prólogo de Leopoldo María Panero) y "Manifiesto Poético y otros escritos". 

A pesar de su inquietante título, El Arte de callar fue el último libro de esa serie obsequiada que leí. En el fondo, quizá, porque no quería que otro título se me cruzara cuando lo hiciese (aunque eso es casi imposible). Leerlo fue una grata sorpresa, ya que este ensayo fue escrito en París en el año 1771 por el abate Joseph Antoine Toussaint Dinouart (1716-1786), un eclesiástico «mundano» y polígrafo del siglo XVIII. Escribió sobre los temas más diversos, sobre todo en torno a las mujeres, y en 1749 publicó Le triomphe du sexe, que le costó la excomunión. Así que el que quiera saber un poco más de este valioso ensayo, a continuación la sinopsis. (... y luego me callo). ;)

Sinopsis:

"Demasiado a menudo olvidamos que un ser que habla es también un ser capaz de «producir silencio», y para recordarlo están los tratados de retórica de los siglos XVI y XVII. El arte de hablar es sin duda un arte excelente, pero ¿quién nos enseña el arte de guardar silencio? Paradójicamente, El arte de callar constituye otro capítulo del ars retórica, del cual ha sabido asimilar todos los fines prácticos; pues no se trata simplemente de callarse, sino de una inducción más sutil: en definitiva, del arte de intervenir en el otro a través del silencio. Así, el abate Dinouart nos inicia en los diversos tipos de silencio, enseñándonos los principios necesarios para callar en el debido momento, porque «hablar mal, hablar demasiado o no hablar bastante son los defectos ordinarios de la lengua». 

Abate Dinouart. El arte de callar. Ed. Siruela. Madrid. 2007