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lunes, agosto 01, 2011

Jean-Luc Godard


-¿Cuál fue su formación? ¿Estudio filosofía?

Fue siempre a través de la literatura que me acerqué a la filosofía. Había la efervescencia de la posguerra, el existencialismo, Sartre sobre todo y Camus, del que guardé una frase que me conmovió toda mi vida: el suicidio es el único problema filosófico realmente serio. Por mi padre, de formación más germánica, admirador de Alemania, fui introducido a la historia del Romanticismo alemán. Todo eso era acompañado por el descubrimiento de las películas mudas en la Cinemateca de Henri Langlois y del cine alemán, de Murnau...

-¿Lee obras de filosofía?

Amo los libros, los libros de bolsillo, porque precisamente se pueden meter en el bolsillo (en realidad son ellos los que nos meten en el bolsillo). Pero yo no leo de manera seria, es raro que lea un libro, incluso una novela del principio al fin. Hoy releo algunos, lentamente, que me quedaron en la memoria, pero que seguramente leí mal. Como el final de “Minuit”
(Medianoche) de Julien Green, donde todavía está la cuestión del suicidio: se tiene la impresión de que la chica se tira, pero en realidad es el piso que sube hacia ella a una velocidad vertiginosa… Leer libros “técnicos” de filosofía, soy incapaz. Soy incapaz de leer a Heidegger. Me gusta “Holzwege” (Caminos del bosque), pero eso pasa por la imagen…

-Sin embargo, usted cita mucho a Heidegger.

Son puntas de pensamiento. Antes yo lo ponía como citas, ahora como situaciones. Antes hubiera ido a Sarajevo, hubiera hecho “travellings” y hubiera puesto a Heidegger debajo. Lo que hay en “Notre musique” (Nuestra música) lo encontré en Emmanuel Levinas, en un libro antiguo que se llama “Le temps et l’autre” (El tiempo y el otro). Es una nota al pie de página. Me gustan mucho las notas largas al pie de página, comencé por eso. Levinas dice que la muerte es lo posible de lo imposible y no el imposible de lo posible, como había dicho Jean Wahl a propósito de Heidegger. Traté de leer las “Méditations cartésiennes” (Meditaciones cartesianas) de Husserl, pero no aguanté. Deleuze, cuando se lo escucha, es absolutamente magnífico: cuando leo algunos de sus textos más difíciles, es como si hiciera matemáticas superiores. Todos los libros de filosofía deberían, como el de Kierkegaard, llamarse “Philosophiske smuler” (Migajas filosóficas), así uno se sentiría menos culpable de no poder leer más que migajas, justamente.

-A usted no le gusta definir pero, ¿qué es para usted la filosofía?

Blanchot escribía esto: “La filosofía sería nuestra compañera, día y noche, aun si pierde su nombre, aun si se ausenta, una amiga clandestina…”. Eso es la filosofía, es una amiga. Y la novela, un amigo.

¿Y el cine?

Es el oficial que se ocupa del espionaje.


*Fragmento de una entrevista realizada, por Rober Maggiori, al cineasta franco-suizo Jean-Luc Godard. 2006)

domingo, junio 26, 2011

Bolaño y los libros robados


(fragmento)

“Los libros que más recuerdo son los que robé en México DF, entre los dieciséis y los diecinueve años. (...) El primer libro que cayó en mis manos fue un pequeño tomo de Pierre Louÿs, con hojas delgadas como papel de Biblia, no sé ahora si Afrodita o Las canciones de Bilitis. Pero fue una novela la que me sacó y me volvió a meter en el infierno. Esta novela es La caída de Camus, un libro difícil de sustraer y que no supe si ocultar bajo la axila o en la espalda, pues no se amoldaba a mi americana de estudiante cimarrero, y que al final, saqué a vista y paciencia de todos los empleados de la Librería de Cristal, que es una de las mejores formas de robar y que había aprendido en un cuento de Edgar Allan Poe”.


martes, enero 26, 2010

Albert Camus

No soy de los que predican la virtud; demasiados la confunden con la debilidad. Si tuviera algún derecho, les predicaría más bien la pasión. Quisiera que no cediesen cuando se les diga que la inteligencia está siempre de más, cuando se les pretenda probar que es lícito mentir para triunfar más fácilmente. Quisiera que no cediesen ante la astucia, ni ante la violencia, ni ante la abulia. Entonces, el hombre volverá a sentir ese amor por el hombre, sin el cual el mundo sólo sería una inmensa soledad.

lunes, enero 05, 2009

Albert Camus/ El hombre rebelde

(Mondovi, 7 de noviembre de 1913-Francia, 4 de enero de 1960)

(fragmento)
Por confuso que sea, una toma de conciencia nace del movimiento de rebelión: la percepción, con frecuencia evidente, de que hay en el hombre algo con lo que el hombre puede identificarse, al menos por un tiempo. Esta identificación no era sentida realmente hasta ahora. El esclavo sufría todas las exacciones anteriores al movimiento de rebelión. Y hasta con frecuencia había recibido sin reaccionar órdenes más indignantes que la que provoca su negativa. Era con ellas paciente; las rechazaba, quizá, en sí mismo, pero puesto que callaba, era más cuidadoso de su interés inmediato que consciente todavía de su derecho. Con la pérdida de la paciencia con la impaciencia, comienza, por el contrario, un movimiento que puede extenderse a todo lo que era aceptado anteriormente. Ese impulso es casi siempre retroactivo. El esclavo, en el instante en que rechaza la orden humillante de su superior, rechaza al mismo tiempo el estado de esclavo. El movimiento de rebelión lo lleva más allá de donde estaba en la simple negación. Inclusive rebasa el límite que fijaba a su adversario, y ahora pide que se le trate como igual.
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Albert Camus, El hombre rebelde. Editorial Losada, Buenos Aires, 1978.
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Gracias a mi querido amigo Lyon, en San Francisco, por nuestra conversación sobre Camus durante la cena con Mark, en E tutto Qua. Nunca olvidé tu recomendación.