Mostrando entradas con la etiqueta E. M. Cioran. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta E. M. Cioran. Mostrar todas las entradas

domingo, julio 05, 2015

Emil Cioran - Sobre el pensamiento fragmentario



Sobre eso de la honradez voy a decirle algo. Cuando uno emprende un ensayo de cuarenta páginas sobre lo que sea, comienza por ciertas afirmaciones previas y queda prisionero de ellas. Cierta idea de la honradez le obliga a continuar respetándolas hasta el final, a no contradecirse. Sin embargo, según va avanzando el texto, le van ofreciendo otras tentaciones, que hay que rechazar porque apartan del camino trazado. Uno está encerrado en un círculo trazado por uno mismo. De esto modo uno se hace honorable y cae en la falsedad y en la falta de veracidad. Si esto pasa en un ensayo de cuarenta páginas, ¡qué no ocurrirá en un sistema! Este es el drama de todo pensamiento estructurado, el no permitir la contradicción. Así se cae en lo falso, se miente para resguardar la coherencia. En cambio, si uno hace fragmentos, en el curso de un mismo día puede uno decir una cosa y la contraria. ¿Por qué? Porque surge cada fragmento de una experiencia diferente y esas experiencias sí que son verdaderas: son lo más importante. Se dirá que esto es irresponsable, pero si lo es, lo será en el mismo sentido en que la vida es irresponsable. Un pensamiento fragmentario refleja todos los aspectos de vuestra experiencia: un pensamiento sistemático refleja sólo un aspecto, el aspecto controlado, luego empobrecido. En Nietzsche, en Dostoievski, hablan todos los tipos de humanidad posibles, todas las experiencias. En el sistema sólo habla el controlador, el jefe. El sistema es siempre la voz del jefe: por eso todo sistema es totalitario, mientras que el pensamiento fragmentario permanece libre.


(Emil Cioran. 
Conversación con Fernando Savater
. El País, 23 de octubre de 1977)

viernes, octubre 26, 2012

Emil M. Ciorán



“No podemos decidirnos entre la libertad y la felicidad. Por un lado el sufrimiento y lo infinito, por el otro la mediocridad y la seguridad. El hombre es un animal demasiado orgulloso para aceptar la felicidad y demasiado corrompido para negarla.”

De lágrimas y santos.

viernes, abril 13, 2012

E.M. Ciorán



*

En la Antigüedad, el filósofo que no escribía, pero pensaba, no se exponía al desprecio; desde que nos postramos ante la eficacia, la obra se ha convertido en el absoluto del vulgo; a quienes no producen se les considera «fracasados». Sin embargo, esos «fracasados» habrían sido los sabios de otros tiempos; ellos rehabilitarán nuestra época por no haber dejado trazas en ella.

E. M. Ciorán. Silogismos de la Amargura. Ed. Tusquets.  Barcelona 1990
(M)

lunes, febrero 14, 2011

Tiempo


Mi misión es matar el tiempo, y la del tiempo es matarme en su turno a mí. Qué cómodo se encuentra uno entre asesinos. 

Emile Cioran.

viernes, mayo 07, 2010

Alta cultura (poesía y publicidad) - Andrés Neuman

El otro día me topé con una tienda de ropa de moda llamada Kafka. El nombre me chocó, no sólo por la banalización de la cultura (o cultura-costura), el mercadeo de las referencias intelectuales, bla, bla, bla. Sino porque además, ya puestos a darse aires culturales para vender pantalones, habría sido mejor buscar un apellido de resonancias menos grises y sórdidas que las del pobre Kafka (que, por añadidura, era un hombre de aspecto corriente y anodino). Algo así como Ropa Wilde, Chaquetas Byron o Camisas Rimbaud. Estas no muy profundas reflexiones me llevaron a recordar un viejo anuncio de la televisión argentina que, durante toda mi infancia, me tuvo engañado respecto al nombre del que más tarde sería mi pintor predilecto: sobre un fondo de palmeras y arena dorada, unas frondosas muchachas promocionaban la moderna línea de bañadores Paul Klee. Marca que a su manera, al evocar la originalidad cromática de Klee y el diseño de la Bauhaus, sí daba en el clavo.

Puede que alguno se eche las manos a la cabeza. Pero oigan, siendo prácticos, sería preferible que los poetas del mundo reemplazasen por un tiempo a los publicistas (que ya bastante se han aprovechado del lenguaje poético) y pusieran los nombres en su sitio. Así al menos las empresas no cometerían torpezas pseudoeruditas como ponerle Kafka a una línea de ropa juvenil, que sería tanto como decir Balneario Kafka ("para relajarse y gozar del ocio en familia"), Bombones Cioran ("sus momentos más dulces") o Moda Infantil Nietzsche ("y que sus niños luzcan alegres y tiernos").

En fin, como los tiempos aprietan y los derechos de autor no dan para gran cosa, ahí van mis humildes sugerencias: Agua Mineral Goethe ("para llegar a viejo en plena forma"). Audífonos Beethoven ("porque los sordos también escuchan"). Rifles Hemingway ("y sea usted también protagonista"). Tranquilizantes Kant ("para alcanzar la justa medida de las cosas"). Leche Desnatada Vermeer ("¡y qué bonito envase!"). Preservativos Schubert, que murió de sífilis ("para dar ejemplo"). Bombillas de Bajo Consumo Rembrandt ("porque la luz también es una obra de arte"). Televisores Digitales Huidobro ("¡alucina con las imágenes!"). Lencería Femenina Stravinski ("para que tú también consagres la primavera"). O Compresas Juana de Arco, Juguetes Didácticos Wittgenstein, Clínica Bukowski, Gimnasio Marinetti…

Líricos señores del marketing, por favor, escúchenme. Tengo un montón de ideas. A buen precio. Les dejo mi número y mi correo. Por si acaso. Son ustedes muy amables.

Fuente: El Correo Digital. Bilbao. 2006-05.15

jueves, abril 08, 2010

Los dioses de Plotino - E. M. Ciorán

Plotino
.

«Son los dioses quienes tienen que venir a mí y no yo quien tiene que ir a ellos», respondió Plótino a su discípulo Amelius, que quería llevarle a una ceremonia religiosa. ¿En quién, dentro del mundo cristiano, encontraríamos un orgullo de semejante calidad?

.

E. M. Ciorán. Ese maldito yo. eEd. Tusquets. 1987

viernes, enero 15, 2010

Ciorán con el ojo abierto

Carla´s eye self-portrait
Kitu 2009
.

Se aprende más en una noche en vela que en un año de sueño. Lo cual equivale a decir que una paliza es mucho más instructiva que una siesta.

*

Los dolores de oídos que padecía Swift son en parte la causa de su misantropía. Si las enfermedades de los demás me interesan tanto, es para hallarme inmediatamente puntos comunes con ellos. A veces tengo la impresión de haber compartido todos los suplicios de aquellos a quienes he admirado.

*

Es imposible pasar noches en vela y ejercer un oficio: si en mi juventud mis padres no hubieran fìnanciado mis insomnios, me habría seguramente liquidado.

E. M.Cioran, Ese maldito yo, 1987