sábado, febrero 27, 2010

El sentido de la exteriorización (a propósito de un libro de Giordano Bruno)



"En Art des devices (libro II, cap 10) cuenta Le Moine la historia de un español que quiso expresar su aflicción por la muerte de su dama. Siglo VII. Llegó el español a tal extremó que pintó toda su casa -por fuera y por dentro- de negro. Sólo empleaba luz de cirios negros, se hacía servir por criados negros, y en las amplias y vacías habitaciones -pintadas de negro- colgó de las paredes, a intervalos, Muertos pintados que lanzaban grandes flechas negras contra Amores inermes.
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Hizo arrancar del parterre todas las flores, toda la verdura, y a los árboles del jardín los limpió de todas sus hojas. De las dos fuentes que se encontraban en el parque, secó a la una y mandó escribir en una lápida de mármol negro: SECCADA DE MIS SOSPIROS. Dejó que corriese el agua de la obra y puso el letrero: AGUADA DE MIS LÁGRIMAS.
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El español de la obra de Le Moine echó fuera lo que tenía dentro, y fue en su exposición como lo hizo significativo. A la insignificancia del sentirse afligido le dio cara o máscara o signo con el decirse afligido.
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"Los monstruos son equivocaciones de la finalidad", dice Aristóteles en la Física. A grado de monstruo elevó el español su casa cuando la convirtió en exhibición de pesadumbre ensimismada. Equivoca la finalidad de la casa; niega la pared, la fuente, el jardín, y es en la negación de la habitabilidad convenida como se declara la afirmación, que, para hacer de alguna manera, le faltaba precisamente el hacerse habitable. El dolor se hace habitación, pues sólo a manera de tópico, se puede vivir el duelo. (...)"
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Ignacio Gómez de Liaño, en las notas y especulaciones nolanas. Magia, Mundo, Memoria. Giordano Bruno. Biblioteca Nueva. 1997