viernes, junio 24, 2011

Ali de paso

Ali Mongo. 
Live Worms Gallery. SF, 2011

Me puso contenta encontrar a mi querido Ali Mongo esta noche. Sucedió mientras caminaba con Mark por North Beach, y vimos que la Galería Live Worms estaba abierta. No había nadie y sin embargo las luces estaban encendidas, así que entramos y allí estaba Ali en un rincón, pintando, como siempre. Yo corrí inmediatamente a abrazarlo. Él también se emocionó mucho. Es uno mis personajes más queridos del barrio y no lo había visto en muchos meses. Luego de lo saludos pertinentes, Ali nos explicó que acababa de abrir esa exposición y luego nos invitó a mirar su obra. Así lo hicimos, luego Ali quería que comprásemos una de las pinturas, parecía que necesitaba el dinero, sobre todo para comprar algo de bebida. Nos dijo que no había bebido nada y que ya necesitaba una cerveza o su cognac. Yo seguí conversando con Ali y Mark en un abrir y cerrar de ojos desapareció. 

Mark Alvarez y Ali Mongo

Cuando me di cuenta Mark había cruzado la calle y entrado a la tienda del frente precisamente para comprarle una botella de cerveza a Ali y un queso con galletas para que no tuviese el estómago vacío. Al volver, Ali se lo agradeció y no esperó ni un segundo para destaparla. Luego nos contó que pronto volverá a viajar , que no tiene claro a donde pero que se irá.... y es que él es así, a sus 78 años, Ali es un artista y viajero incansable. Recuerdo que Mark me decía que en Caffe Trieste, los que en verdad hacían su arte ahí, en las mesas mismas todo el tiempo, en la actualidad, eran Ali Mongo y yo, y claro George Tsongas, aunque este último ya murió. Es cierto, desde que lo conocí he sentido esa complicidad con Ali, y de hecho lo extraño en la mesita de enfrente donde desplegaba sus pinceles y pinturas de diferentes tamaños y se le iban los días en eso, pintar, pintar y pintar. Antes de irnos nos contó que el último lugar en el que estuvo fue Japón, pero que tuvo un problema con ciertos papeles y cuando salió les dijo: "Fuck, Japan" y regresó a San Francisco, porque uno inevitablemente acaba regresando, uno sabe que esta ciudad, y sobre todo este barrio es una madre loca que siempre está dispuesta  a recibir a sus hijos.