lunes, junio 27, 2011

El argentino

photo by Mark Alvarez. SF. 2011

Me encanta este barrio. Me encanta North Beach. Aunque a veces sea yo la misántropa de mierda y tenga que ir con Mark a cafés más ocultos porque no me da la gana de ver a nadie (él siempre me ha complacido en eso, sabe que es mejor no lidiar con mis paranoias, él sabe como curarme), ni saludar a nadie. También hay días como hoy que estoy con un genio radiante. Y qué mejor si se aparece uno de mis personajes queridos. Hoy encontramos afuera de Il Pollaio al buen argentino que hace piezas de metal con las manos y las convierte en instrumentos lógico-lúdicos para luego venderlas en Fisherman's Wharf. Él siempre me ha caído muy bien, y además es de los pocos con quien puedo hablar en español aquí. Me encantan sus historias, porque a pesar de ser muy trabajador y muy responsable (tiene que dedicar tiempo y paciencia para las dichosas figuritas, y madrugar porque los puestos que les dan a los artesanos son por sorteo, casi casi como una lotería, así que tiene que agarrar su numerito cada vez que baja con su mercadería y esperar esperar esperar....), porque a pesar de ello, él también es un malandrín de buen corazón. Recuerdo que me contaba cómo al principio para ganarse unos cuantos dólares para comer y dormir en alguna pensión, daba clases de español, un español improvisado desde luego. "Mirá, aquí la manera de sobrevivir es ser inventivo, ingenioso. Si vos necesitas guita, podés dar clases de español a los gringos, no importa si tenés título o no. Vos te conseguís un librito de gramática básica y ya. Lo que los gringos quieren saber son cosas prácticas, útiles, viste, por ejemplo Buenos días. Qué hora es. Dónde está el baño. Querés tomar algo, etc. Sobre todo conseguite gente que vaya a viajar a algún lugar hispano. Verás que te va bien".  Siempre recuerdo su consejo con mucho cariño, y aunque hasta hoy no lo he necesitado, lo guardo en mi baúl de "cartas bajo la manga"... uno nunca sabe.