jueves, junio 16, 2011

Recital de Jessica Loos y apuntes varios

Jessica Loos. Readers Bookstore. SF, 2011

Esta vez no he sentido ningún interés por asistir a recitales  de poesía, incluyendo los que me ha invitado a mí, y que en su mayoría he rechazado. Tampoco he salido a cantinas ni fiestas, pero sí he disfrutado más de mi tiempo a solas, con Mark o sólo con los amigos más cercanos. Este recital, el de Jessica, sí me motivó, porque ella casi nunca lee y además me gusta lo que he visto que hace, sus perfomances muy histriónicas y originales, además de ser quien en todo este tiempo me ha ayudado en mis lecturas de poesía, leyendo en inglés mis poemas tras mi lectura en español. Así que quise acompañarla y valió mucho la pena. 

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Jessica lee y me encanta. Lo hace de papeles arrugados y algunos de memoria. Dos de sus poemas fueron dedicados al poeta Gregory Corso. Lo hace muy bien. Ella me dijo antes del recital estar nerviosa, que hasta las piernas le temblaban, pero lo cierto es que una vez en escena Jessica saca una voz interior tremendamente fuerte que mantiene atento a todo el salón. Me gusta como se toma su tiempo con calma. Por momento hace pausas más extensas, medita, arquea el brazo, y continúa.

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Desde mi asiento observo a Neeli Cherkovski, mi querido Neeli, quizá la persona más dedicada con un diario que he conocido. Desde la primera vez que lo vi hace 3 años afuera de Caffe Trieste, el mantiene su libreta con apuntes minuciosos de todo lo que observa, le llama la atención, o le conmueve, material con el que imagino acabará haciendo poemas. 

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En el auto, mientras veníamos a la librería, Neeli mencionó que ayer no fue a Specs porque estaba muy cansado. No comenté nada, pero veo como mis amigos van envejeciendo, especialmente porque todos me pasan con décadas de edad. Antes ninguno se perdía un miércoles de "table" en specs, anque a decir verdad yo tampoco ya he ido con frecuencia a estas cantinas. 

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Luego de la lectura de Jessica, sigue otro poeta, pero me aburro así que sigo recorriendo la librería, investigando libros. 

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Me pareció gracioso que mientras daba vueltas en la librería, pensé en robar un libro con los mejores ensayos del siglo pasado, pero en ello apareció un libro titulado "La ladrona de libros", y no lo hice. 

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Encuentro una edición vieja y gruesa de las "Memorias de Pancho Villa".

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Una vez más, ninguno de los que están presentes en la sala y que me conocen saben los remolinos que ahora mismo pasan por mi cabeza y mi corazón. Ninguno. Todos se quedan en la cáscara de mi día a día, pero ninguno me conoce a fondo. Mark me llama y me emociono, él sí, él es el testigo más profundo de mi mente.