Lo que somos, solo eso podemos ver. Todo lo
que poseía Adán, todo lo que César podía hacer, tú lo posees y lo puedes hacer.
Adán consideró que su casa era el cielo y la tierra; César consideró la suya
Roma; tal vez tú consideres la tuya una zapatería, un centenar de acres de
tierra arada o una buhardilla de estudiante. Pero línea por línea, punto por
punto, tu dominio es tan grande como el de ellos, aunque no ostente nombres
solemnes. Construye, pues, tu mundo.


