A
veces nos vienen ráfagas de ideas que no pertenecen a nuestra lengua, y ello no
debe parecerte extraño. O palabras, que a veces el mundo parece hecho de
palabras iguales entre sí aunque distinto sea el modo de entenderlas en su
sustancia. Por ejemplo, la palabra antrophos. Esta palabra en la que pienso, y
que a cada uno de nosotros nos parece la misma, para cada uno quiere decir una
cosa. Una palabra que ni siquiera Linneo, Querida mía, habría sido capaz, con
toda su paciencia, de clasificar en sus infinitos valores. En mi caso, un
hombre sólo, un caso de una trivialidad casi ridícula, dado que periódicos y
censos, municipios y autoridades hoy lo llaman single. Pero en mi caso la singularidad
coincidía realmente con la vieja soledad. La más absoluta soledad, como la del
paisaje que me rodeaba, hecho de zarzas y de retama y cipreses en las colinas.
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