martes, mayo 27, 2008

L.F.Céline - Viaje al fin de la noche

(Francia, 27 de mayo 1894- 1 julio,1961)

Se habló mucho del caso. Unos dijeron: «Ese muchacho es un anarquista, conque vamos a fusilarlo, es el momen­to, y rápido, sin vacilar ni dar largas al asunto, ¡que esta­mos en guerra!...» Pero según otros, más pacientes, era un simple sifilítico y loco sincero y, en consecuencia, querían que me encerraran hasta que llegase la paz o al menos por unos meses, porque ellos, los cuerdos, que no habían perdido la razón, según decían, querían cuidarme y, mientras, ellos harían la guerra solos. Eso demues­tra que, para que te consideren razonable, nada mejor que tener una cara muy dura. Cuando tienes la cara bien dura, es bastante, entonces casi todo te está permiti­do, absolutamente todo, tienes a la mayoría de tu parte y la mayoría es quien decreta lo que es locura y lo que no lo es. Sin embargo, mi diagnóstico seguía siendo dudoso. Así pues, las autoridades decidieron ponerme en obser­vación por un tiempo. Mi amiga Lola tuvo permiso para hacerme algunas visitas y mi madre también. Y listo. Nos alojábamos, los heridos trastornados, en un insti­tuto escolar de Issy-les-Moulineaux, organizado a pro­pósito para recibir y obligar de grado o por fuerza, se­gún los casos, a confesar a los soldados de mi clase, cu­yo ideal patriótico estaba en entredicho simplemente o del todo enfermo. No nos trataban mal del todo, pero nos sentíamos, de todas formas, acechados por un personal de enfermeros silenciosos y dotados de orejas enormes. Tras un tiempo de sometimiento a aquella vigilancia, salías discretamente o para el manicomio o para el frente o, con bastante frecuencia, para el paredón. Yo no dejaba de preguntarme cuál de los compañeros reunidos en aquellos locales sospechosos, y que hablaban solos y en voz baja en el refectorio, estaba convirtiéndose en un fantasma.



L. F. Céline, Viaje al fin de la noche, traducción de Carlos Manzano, Ed. Gallimard, Barcelona, 1995.