lunes, abril 27, 2009

Carlos Castañeda

(Perú (algunos lo citan brasileño) 1925 - EE.UU 27 de abril de 1998)
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Un día como hoy, hace once años, murió el antropólogo y escritor latinoamericano Carlos Castañeda, cuyos libros son una mezcla de autobiografía, chamanismo, alucinógenos, rituales toltecas y misticismo. Es un hombre con el que también me siento, de alguna manera, cercana. No voy a detallar aquí todo lo que me une a sus vivencias y escritura, pero es evidente que hay entre los dos situaciones similares por lo que tarde o temprano tenía que mencionarlo en este blog.
Castañeda, a principios de los años sesenta, próximo a finalizar sus estudios de antropología en la Universidad de California, viajó al desierto de Sonora, México, para recopilar información sobre los usos medicinales de ciertas plantas psicotrópicas o alucinógenas entre las etnias indígenas.
Según sus libros, en la estación de autobuses de la Greyhound de un pueblo norteamericano fronterizo con México, mediante un antropólogo conocido, conoció a un indio yaqui, a quien en sus libros se refiere con el seudónimo Don Juan Matus, que en menos de un año, y luego de frecuentes visitas por parte de Carlos, lo tomó como aprendiz. Don Juan, según Castañeda, era el líder de un grupo de brujos, el último de una larga tradición que se remontaba a los indios toltecas, que le enseñó los usos del peyote como psicotrópico (entre otros), teniendo así una sucesión de experiencias que incluyen columnas de luz cantarina, animales y otros seres que serían manifestaciones de poderes que un hombre sabio podría aprender a utilizar. Estos, entre otros, conocimientos propios del legado cultural conocido como "Tolteca".
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A continuación, comparto uno de los diálogos iniciales entre mi tocayo y Don Juan.
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Viernes, 23 de junio, 1961
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‑¿Me va usted a enseñar, don Juan?
‑¿Por qué quieres emprender un aprendizaje así?
‑Quiero, de veras que me enseñe usted lo que se hace con el peyote. ¿No es buena razón nada más que querer saber?
‑¡No! Debes buscar en tu corazón y descubrir por qué un joven como tú quiere emprender tamaña tarea de apren­dizaje.
‑¿Por qué aprendió usted, don Juan?
‑¿Por qué preguntas eso?
‑Quizá los dos tenemos las mismas razones,
‑Lo dudo. Yo soy indio. No andamos por los mismos caminos.
‑Mi única razón es que quiero aprender, sólo por saber. Pero le aseguro, don Juan, que mis intenciones no son malas.
‑Te creo. Te he fumado.
‑¿Cómo dice?
‑No importa ya. Conozco tus intenciones.
‑¿Quiere usted decir que vio a través de mí?
‑Puedes decirlo así.
‑¿Entonces me enseñará?
‑¡No!
‑¿Porque no soy indio?
‑No. Porque no conoces tu corazón. Lo importante es que sepas exactamente por qué quieres comprometerte. Aprender los asuntos del "Mescalito" es un acto de lo más serio. Si fueras indio, tu solo deseo seria suficiente. Muy pocos indios tienen ese deseo.


Carlos Castañeda. Las Enseñanzas de Don Juan (Una forma yaqui de conocimiento). 2001