lunes, enero 26, 2009

Fin de semana inolvidable... y un fragmento de farenheit 451


Acabo de regresar de un viaje corto pero intenso. De aquellos que cuando acaban y entro nuevamente a casa parecería que fue hace mucho que me fui. Las piezas sigan intactas, pero no la mente del jugador.
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Estos días pasé en Otavalo, una de las ciudades más bellas de Ecuador, una de mis tierras favoritas. La experiencia que tuve con los indígenas de la comunidad de San Juan alto fue total. No adelantaré de qué se trató ni por qué fui allá ni por qué no he dormido nada, absolutamente nada, en dos días y que aún así me siento fresca, renovada, privilegiada, y con más motivos para regresar a ese lugar. Prefiero compartir esa experiencia cuando lo publique en breve, aquí, junto a las fotos. Por ahora iré a tomar una ducha y luego me prepararé un té. He bebido y comido tanto estos días que lo mejor será ir liviana a la cama. Pero les dejo con un fragmento del siempre recordado Farenheit 451, de Ray Bradbury, cuya adaptación al cine estuvo a cargo de François Truffaut, en 1966. Un fragmento que me encanta, y porque en varias ocasiones me han dicho los dos adjetivos que Montag, el bombero quemalibros, utiliza para referirse a la muchacha.

(Fragmento)

Y entonces Clarisse McClellan dijo:
-¿Le importa si le hago una pregunta? ¿Desde cuándo es usted bombero?
-Desde que tenía veinte años, hace diez años.
-¿Leyó alguna vez alguno de los libros que quema?
Montag se rió.
-¡Lo prohíbe la ley!
-¡Oh! Claro
-Es un hermoso trabajo. El lunes quemar a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner; quemarlos hasta convertirlos en ceniza, luego quemar las cenizas. Ese es nuestro lema oficial.
Siguieron caminando y la muchacha preguntó:
-¿Es verdad que hace muchos años los bomberos apagaban el fuego en vez de encenderlos?
-No, las casas siempre han sido incombustibles.
-Qué raro. Oí decir que hace muchos años las casas se quemaban a veces por accidente y llamaban a los bomberos para apagar las llamas.
El hombre se echó a reir. La muchacha lo miró brevemente
-¿Por qué se ríe?
-No sé -dijo Montag, comenzó a reirse otra vez y se interrumpió-. ¿Por qué?
-Se ríe cuando no he dicho nada gracioso y me contesta enseguida. Nunca se para a pensar en lo que he preguntado.
Montag se detuvo.
-Eres muy rara -dijo mirando a la niña-. Bastante irrespetuosa.
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Ray Bradbury, Farenheir 451. Ed. Minotauro. Barcelona, 1993.