Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi dulce condenación. No me siento un escritor. Sí, en todo caso, un lector apasionado, capaz de conversar horas y horas sobre un libro. Pero ajeno. Y cuando uno escribe tampoco se siente un escritor, porque se está trabajando en la inconsciencia y lo único que importa es escribir. Porque hay tres cosas que a mí me han sucedido, me suceden que tienen similitud: una dulce borrachera bien graduada, hacer el amor, ponerme a escribir.
ANECDOTARIO DE POETAS (385): Neruda cuenta en sus memorias algunas de las mentiras que decía Huidobro
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Huidobro no se conformaba con ser un poeta extraordinariamente dotado, como
en efecto lo era. Quería también ser *superman*. Había algo infantilmente
bel...
Hace 1 hora.



3 dijeron lo que tenían que decir...:
GRANDE. Así se da lo auténtico en las letras.
Onetti seguirá siendo maestro, su vida, su actitud, sus letras.
Ya me hiciste recordar a Onetti de nuevo en estos días... De pronto veo la cama, el revolver, el alcohol, el paquete de cigarrillos en el velador, los libros y a Onetti acostado con los ojos cerrados... capaz es la hibernación que ha dejado la lectura de El Infierno tan temido en mi, por que no se me ocurre pensar en algún cuento para escribir sin tener a esa historia omnipresente como Dios o algo por el estilo dando vueltas entre los personajes.
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