sábado, abril 24, 2010

Lanzamiento de Amerarcana Literary Review (fragmentos ebrios de poesía)

Con Jessica Loos quien leyó mis poemas en inglés
Bird & Beckett Bookstore. SF 2010
.
De este recital no huí. Y no porque haya sido en una librería ni porque iban a estar los amigos de siempre ni porque iba a compartir micrófono con Barry Gifford (nunca llegué a hacerlo porque llegué tarde), sino porque ese día estaba más borracha de poesía que de costumbre y porque Mark me acompañó. Él casi nunca asiste a este tipo de eventos, incluso a los míos. Pero dijo que esta vez me quería acompañar. Quería verme leer, porque además de leer en español era posible -si Jessica no asistía- que me tocara hacerlo también en inglés. Y la noche anterior Mark me había ayudado con la pronunciación de algunas palabras. Él leyó un par de veces uno de mis poemas y luego yo lo repetía con más cuidado para no estropear palabras con mi acento. Fue una experiencia extraña y maravillosa. La habitación parecía tener más acústica de lo normal, y escuchar mis versos salir de su boca fue una forma de transfigurarme.

Con Mark y mi poemario
.
Creo que también me acompañó porque la lluvia era intensa. No cesaba. Quizá sintió que el agua podía arrastrarme hacia algún despeñadero. La lluvia arrastrando mi cuerpo. No era imposible. Ese día fui liviana. De ahí el riesgo de que el agua nos arrastrara, a mí y a mis versos, como hojas caídas de un árbol de sombras.
.
Habíamos dejado H. Boheme para alcanzar a mi lectura. Agarramos un taxi. El conductor era chino. El chino manejaba pésimo. Demasiado lento. Como si con ello nos hubiese querido decir en silencio: Están a tiempo de huir. Huir del recital, de la ciudad y sobretodo de sus miedos.

Ese día fui muy feliz. Leyeron los demás poetas incluídos en el libro. Algunos vinieron de otros estados, como Maggie Cleveland que vino desde Massachusssets. Pero mientras ello ocurría yo no entendía nada. Quiero decir que entiendo muy bien inglés, pero hay veces que en los recitales me resultan extraños y más si son en librerías. Yo prefiero muchas veces pasearme entre los estantes, revisar libros con el eco del poeta que está leyendo. No es falta de atención, por el contrario. Siento que alguien recita para mí mientras huelo papel viejo. En ese momento los poemas ajenos se vuelven mi fondo musical, un canto difuso que me dice: Sigue pequeña, sigue -mientras yo recito- buscando entre esos libros lo que jamás encontrarás.

Veo a Mark merodeando los libros. De rato en rato se detiene para ver al poeta de turno, y luego sigue inspeccionando tapas y prólogos en la sección de historia y filosofía. Medias lilas, pañuelo lila, corazón lila. Cabello revuelto. me siento rara, le digo a M. Te ve hermosa, responde. Y tengo ideas, muchas ideas en ese instante, ideas que huelen a carne y a verbo caliente. Pero alguien menciona mi nombre, y paso al micrófono.

Con Jessica Loos
.
Leo un par de poemas en español. Jessica lo hace en inglés. Me gusta como Jessi interpreta mis poemas. Siento que no se pierden. Me gusta además su tono, su voz ronca. Mark dice que se llama whisky voice, y es una voz particular de los bebedores. Si es por ello, no cabe duda de que Jessi la tiene bien fermentada. Encuentro a Jack, a Neeli y John que hace poco regresó de Chile. Hay gente que se acerca porque me conoció del año anterior. Yo sigo cruzando miradas con M.
.
Afuera sigue lloviendo. Mark me abriga la mente. Y ya no tiemblo. Tampoco mis manos. Tampoco mis letras. Tampoco mi risa. Sólo tiemblan mis sombras. Pero yo las guardo en una jaula que nadie mira. Y me voy cantando bajo la lluvia.