domingo, abril 27, 2008

En una fotografía de Robert Frank

En domingos como éste me provoca recostarme sobre la alfombra de mi sala y revisar fotografías propias y ajenas, meditar en ellas. Cuando se trata de las capturadas por mi cámara, me gusta recordar en qué contexto disparé, qué riesgos tomé al hacerlo, etc. Cuando son ajenas, prefiero imaginarme detrás del lente o como parte de alguna escena tomada por uno de mis fotógrafos favoritos, como ésta: London Hearse, 1952.
.
Qué bien me calza esta foto de mi querido Robert Frank, el hombre de los contrastes. Qué bien me queda hoy el blanco y el negro, la niebla, la desolación. Qué bien me sienta esa niña huyendo por una calle sombría de un Londres que desconozco.