lunes, diciembre 31, 2012

Cartas dislocadas (año viejo)


Brassaï, At Suzy\'s, fille de joie in mirror, 1932

Aquí, en la prueba más difícil de todo el año. El 31 de diciembre más bizarro de mi vida. Intenso porque intenso fue este año, y despedirlo es como despedir 48 meses. Bien vividos, bien gozados, bien cogidos, bien llorados, bien escritos que es como decir bien cantados. Ya perdí la cuenta de cuantas camas han sido las que he dormido en este viaje por el mundo. Han sido más de cien ciudades y pueblos y tierras que no constan en el mapa los que he visitado. Gratitud es lo que siento en este momento, y nombro algunas de las ciudades y pueblos que supieron darme abrigo: Quito, San Francisco, Toledo, París, Roma, Madrid, Barcelona, Silla, Valencia, Huelva, Punta Umbría, Sevilla, Cuenca, Lezo, San Sebastián, Irún, Bilbao, Pamplona, Logroño, Amsterdam, Otavalo, Ibarra, El Juncal, Puyo, Sarayaku, Santiago de Chile, Valparaíso, Con Con, Mantagua, Pasto, La Cocha, El Encano, Puerto España, Surinam….. sin su gente no son nada…. Como yo sin la gente que me ha formado en el camino, mi familia que es el único altar al que sigo rezando, esa vela que nunca se apaga, y desde luego Mark, compañero, guía y faro, siempre, siempre, siempre, y un séquito precioso de ángeles de gasolina, puta que brindo por todos mis locos, mis viejos y mis muertos. Y la gente de otro tiempo y otro espacio que sigue apareciendo, Mijail y Danny que están cantando seguramente en el salar de uyuni, Memito que prende un fuego en huayrapungo, Doña Corina, Don Sabino y Supay que me limpiaron en medio de la profunda selva, Dez tocando la flauta invisible y domando a las culebras, y Angela, mi querida Angela, rompiendo muros, bailando sobre esteras en un lago que siempre se extenderá, como alfombra voladora, porque si no es con alas entonces cómo. Tantos nombres en mi corazón que empiezo a macerarme. Veritas inlustrat. Pájaros sin pico, por ustedes escribo. Estoy sola, en un cuartucho del Caribe, acabo de salir de una escena de Lynch y Tarantino, soy la transformación de mis benditos errores, tocad mis llagas, bebed de ellas, son reales, son humanas. Hay una plaga de juegos pirotécnicos en toda la ciudad, y yo sigo aquí, encerrada en cuerpo, pero desplazada y libre por todo el planeta, cómo extraño la radio tarqui en la voz de mi padre, la bendición de mi madre y la quema del año viejo, pero al menos conseguí el último paquete de uvas en un supermercado en la zona roja. Ya hablé con mi abuelo muerto, ya le abracé a mi abuela Rebeca, y luego seguí caminando por un lugar en el que nunca me sentí más extranjera, hasta que tropecé con la tumba del poeta, y brinde con vodka y con whisky sobre su lápida, en donde estaba inscrito un poema en holandés, del cual un vagabundo tradujo para mí uno de los versos “penetrar la piel del tiempo”, entonces me senté a observar el fin del mundo, entre olor a pólvora y una luna preñada en la parte más vieja de Paramaribó. Y declamé unos versos por todos mis amores y mis amigos que de verdad están de a de veras de veritas, puta que la vida es linda y por eso me hace llorar. Este año se va y vendrá uno mejor. Aquí estoy, parada, como una guerrera frente el fuego, con la frente en alto y la mirada limpia... en el primer día de la historia.