El hombre posee la capacidad de construir lenguajes en los cuales todo sentido puede ser expresado sin tener una idea de cómo y qué significa cada palabra. Lo mismo que uno habla sin saber cómo se han producido los sonidos singulares. El lenguaje corriente es una parte del organismo humano, y no menos complicada que él. Es humanamente imposible captar inmediatamente la lógica del lenguaje. El lenguaje disfraza el pensamiento. Y de tal modo, que por la forma externa del vestido no es posible concluir acerca de la forma del pensamiento disfrazado; porque la forma externa del vestido está construida con un fin completamente distinto que el de permitir reconocer la forma del cuerpo. Las convenciones tácitas para comprender el lenguaje corriente son enormemente complicadas.
Tractatus logico-philosophicus (fragmento)



11 dijeron lo que tenían que decir...:
En efecto, Mamá Naturaleza, sabedora del tipo de “monstruo” que se disponía a fabricar, proveyó al hombre del arma más letal que la más aguda inteligencia pudiera concebir: el lenguaje. La palabra no puede matar por sí misma, pero puede embaucar, seducir, calumniar, concitar: o sea, puede matar por sí misma.
Una cosa tremenda el lenguaje, tanto, que hasta podría utilizarse sirviendo a la verdad…
Aunque también -no seamos sólo tremendistas- puede usarse en modo defensivo, recurriendo al circunloquio, al disfraz, al disimulo (véase, si no, el nombre con el que tan cobardemente me dirijo a este blog tan simpático e interesante: ¡puro camuflaje!).
Ludwig Wittgenstein, sobre esto último, sabía de lo lindo. Si no, que le pregunten a David Pinsent, su amiguito del alma (aunque quizás mejor no preguntárselo).
“Toda la filosofía esconde también una filosofía; toda opinión es también un escondite; toda palabra, también una máscara” (Nietzsche)
Buenisimo el blog!!! Mi nombre es Rudy y soy de Rosario, Argentina. Tengo una radio virtual que es www.radiowalden.com.ar. Si podes visitala, y si te interesa podemos intercambiar link en las respectivas páginas. Saludos y que el arte siga siendo el refugio para que los sueños no se mueran de frío.
Witold, qué lúcido comentario el tuyo, hasta dan ganas de que más anónimos o "disfrazados" como tú vengan por esta tierra. En esta ocasión estoy de acuerdo con todo lo que expones. Por ello traje a colación el fragmento de Wittgenstein. La cuestión del lenguaje, y específicamente el de la 'palabra' como tal siempre me ha inquietado por esa seducción que trae consigo (y con seducción me refiero a la acepción etimológica que quiere decir desvío). Siempre he tenido una relación de amor y odio con las palabras, pues me resultan en muchísimos casos insuficientes, sin embargo es lo que hay. Ella me limitan, pero paradójicamente al menos me da la posibilidad.
En cuanto a Pinsent me deja picada (como buena vouyerista quiero saber más), yo apenas sé pocas cosas de él, que además de ser un buen matemático, viajaron juntos una larga temporada, y que Pinsent le aguantaba las crisis de histeria de W. pues no sé mayor cosa.
La cita de Nietzsche viene al pelo, como siempre, gracias.
Un abrazo, witold.
Hola Rudy,
me alegra que te haya gustado el blog y espero lo sigas visitando. Gracias por el link, ya lo revisaré.
Saludos hasta Argentina. Por acá sueños no faltan. ;)
Abrazo!
C.
Hay que intentar, eso si, de estar conciente de las cosas sin sentido, pero que sin embargo se pueden “decir”, por ejemplo dios. O ese ejemplo: ¿la rosa sigue siendo roja en la oscuridad? se puede decir...ahora que tenga sentido es otra cosa...Wittgenstein como Kant es otro campeón del límite, si sabemos el límite nos podemos disparar de el, pero solo en el silencio...los problemas metafísicos son solo espasmos de preguntas mal planteadas...o de creer que el lenguaje es sólo un juego hegemónico cuando se desperdiga en miles de juegos...
miles de juegos, exacto, Álvaro, el lenguaje como un juego. Por eso, como respondí en otro comentario: la cuestión del lenguaje, y específicamente el de la 'palabra' como tal siempre me ha inquietado por esa seducción que trae consigo (y con seducción me refiero a la acepción etimológica que quiere decir desvío). Siempre he tenido una relación de amor y odio con las palabras, pues me resultan en muchísimos casos insuficientes, sin embargo es lo que hay. Ella me limitan, pero paradójicamente al menos me da la posibilidad.
O como lo digo en un poema:
VIII
'Las palabras hacen la ausencia'
repite la poeta / entre el público que no existe
Yo le digo que peor sin ellas
pues al menos podemos nombrarlas
y crear la imposibilidad de lo que otros sueñan
Digo destino / y el poema se extiende como una cuerda
Digo equilibrio / y mi sombra camina sobre ella
Digo alas / y elevo mi cuerpo para no caer al precipicio
Y empezar de nuevo.
26 letras alfa a omega un buen rato y seguimos
en la misma ruta jefe y peon ni vale la pena
vacas y pastor pendejos y superiores ideas que
dejan nuestras bocas secas como aguas salafas
sequísimas.
No puedo decir lindo poema ...no me gusta esa calificación ...solo veo poemas con fuerza y el tuyo es potente!!!...
"Die Sprache ist das Haus des Seins"
...Aunque, personalmente, me atrae más su sobrino, Paul Wittgenstein (de quien se ha dicho que "mientras Ludwig llevó su filosofía al papel y no su locura, Paul era un loco porque reprimió su filosofía y no la publicó, exhibiendo sólo su locura”), tan genial y definitivo como su tío y, en mi opinión, bastante más “higiénico”, en el sentido en que no nos cargó con más mierda filosófica con que enfangarnos más aún el cerebro y el alma, algo que la historia debería agradecerle…
Recomiendo la lectura de “El sobrino de Wittgenstein”, de Thomas Bernhard (Anagrama), una delicatessen en miniatura de primer orden (especialidad para paladares exquisitos).
“[…] El nivel del filósofo Ludwig lo alcanzó sin duda el loco Paul, uno representa absolutamente una cumbre de la filosofía y de la historia del espíritu, el otro, absolutamente, una cumbre de la historia de la locura, si queremos calificar la filosofía en calidad de filosofía y el espíritu en calidad de espíritu y la locura como se los califica: como conceptos históricos perversos.
(Thomas Bernhard, “El sobrino de Wittgenstein”, pág. 41, Compactos-Anagrama).
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