lunes, agosto 31, 2009

Leon o el Quijote de San Francisco

Si Leon Cyens hubiese podido elegir su lugar de nacimiento sería mexicano. Pero nació en Nueva York, lo que para los mexicanos lo convierte en gringo. ¿Pero qué hace un gringo hablando de cantinas, pulque, frijoles y aztecas? Y de Emiliano Zapata, desde luego, porque todo rebelde tiene a Zapata como ejemplo y Leon se considera un rebelde. Un hombre como el que describe Albert Camus: Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar. Es también un hombre que dice sí desde el primer movimiento. Un hombre que propone un límite, que con un sí o un no, toma una decisión e impone una rebeldía que lleva implícito el derecho a no ser oprimido más allá de la simple negación. Las circunstancias hicieron que Leon naciera en "Gringolandia" -como él llama a los Estados Unidos- y no en otra parte. -Así es la vida- dice, yo nací en la Gran Manzana un día en el que Dios estuvo enfermo, rematando su frase con ese verso tan gris y tan bello de César Vallejo. Y enseguida visualizo a Leon perdido entre la multitud de esa ciudad esquizofrénica, caminando entre las agitadas calles de Manhattan. Pero no por mucho tiempo. Porque su ritmo es mucho más lento. Más bien lo imagino en algún pueblito de Centroamérica rodeado de pescadores o de indígenas que hablan nahuatl. Nueva York dista mucho de Oaxaca o de Guanaco o de Chiapas o de Salvador Allende o de Yucatán o de Guadalajara o de Masaplán o de Puerto Escondido o de cualquiera de los cien pueblos y ciudades que Leon visitó durante sus viajes por México, y de los cuales arrancó recuerdos que marcaron su lenguaje y su visión del mundo.

A Leon le tengo mucho cariño. No vive en North Beach pero es uno más del barrio. Pasa tanto tiempo en los Cafés y cantinas que por mérito pertenece al distrito. León vuelve cada noche a su cuarto en Oakland simplemente para dormir o -en las madrugadas de insomnio- escribir algún ensayo que de cuenta de la realidad de Gringolandia o la que para él es la nación de la perversión. Quiero mucho a Leon, mucho. Mark me lo presentó en el Caffe Trieste el año pasado. Recuerdo que bastó soltar una pregunta para desenrollar su lengua. Leon puede construir teorías sobre cualquier cosa y brincar de un tema a otro como una liebre, confundiendo a quien lo escucha. Leon tiene la habilidad de fraccionar el tiempo y las palabras en su boca. Leon nunca para. Defiende sus ideas con tanta pasíon que hasta cierra los ojos y escupe sin darse cuenta. A mí me habla en español y lo hace bien para no practicarlo casi nunca. Leon dice que no está loco sino neurótico. Conmigo nunca lo ha sido. Siempre se ha portado atento y amable. Incluso es él quien suele darme las noticias de mi país pidiéndome el respectivo análisis de los hechos. Leon me sorprende cuando me habla de los últimos resultados de la elección de Correa o de los enfrentamientos entre las compañías petroleras y los nativos de la amazonía ecuatoriana. Yo siempre lo llevo presente. Incluso cuando anduve por Europa le preguntaba a Mark por Leon, y ya de regreso a mi país Mark me llamaba de vez en cuando y me lo pasaba por teléfono. Yo alguna vez le envié unos dulces que compré en España, país donde también él anduvo cuando joven. Leon es un viajero estancado en el tiempo. O mejor dicho estancado en el recuerdo de un gran amor que lo jodió de por vida, el recuerdo de una Dulcinea que se tatuó en su memoria de una forma nosiva.
Con Leon en Caffe Trieste. 2008
by Mark
Con Leon en E tutto Qua. 2009
by Mark

¿Pero qué es el amor se preguntarán muchos? Y para todos Leon tendría una respuesta. Porque como todo rebelde -a pesar de sus fracasos- aún cree en el amor. Leon se casó a los veinte y se divorció tres meses después. Pero su gran amor no fue ella sino otra, una especie de Dulcinea maldita a la que conoció mucho después. Una verdadera estaca en el corazón del aventurero (de ella hablaré otro momento). Me gusta las interpretaciones que Leon da sobre el amor a través de las películas. Por eso el otro día acepté su invitación al cine (Leon es todo un cinéfilo). Fuimos a ver Enemigos Públicos, film dirigido por Michael Mann en la que Johnny Deep encarna a otro gran bandido: John Dillinger, legendario asaltante de bancos de la época de la Gran Depresión. Más que la película me interesó sus análisis.
Palabras que Leon va pronunciando en su particular español y que yo escribo en mi diario en el bus de regreso a North Beach:
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"La película no es una más de las persecuciones explícitas de policías y ladrones. Michael Mann busca una visión poética. Al final la metáfora amor- muerte. Usa muchas metáforas entre asalto-dinero-amor. Buen manejo de los conflictos."
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"Hay una oposición clara policía-ladrón. La mayoría de la gente no conce amor. El policía que lo persigue siempre aparece solitario. Dillinger tiene a la mujer que quiere. El agente no tiene amor. Dillinger sí. Dos tipos de humanos. Dillinger está en rebelión con el Estado."
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Dillinger representa la metáfora de la rebelión por dinero y no por política. Dinero-amor. Dillinger muere por amor. Es un acto simbólico de amor contra el Estado.
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Dillinger es Che Guevara.
Leon dice: "Mi vida es un problema porque mi mentalidad es una gran casa con muchos cuadros e infelicidad. Y ese a su vez es el secreto de mi felicidad. Hay muchos tipos como yo, la diferencia está en que ellos no tienen la fortuna de los libros. Aunque los libros maten. Porque es una mentira decir que los libros liberan pues la verdad es que ponen en esclavitud." (Parecería que es una broma lo que cuenta pues Leon se refugia en la lectura. Incluso a mí me ha regalado varios libros como el del otro día: Los de abajo de Mariano Azuela, publicado en 1916 y cuyo argumento se desarrolla en el contexto de la Revolución Mexicana. Además me regaló un librito suyo junto a una lista de los libros más importantes de la literatura latinoamericana). Pero quizá entiendo a Leon cuando dice que ama los libros aunque lo liberen a manera de esclavitud. A veces me ocurre con la escritura.
El otro día estaba conversando con Leon afuera del Cafe La Boulange y Mark pasó por nuestro lado en horas de trabajo. Me dejó una bolsita de papas fritas y aprovechó para saludarnos. Yo le dije que Leon tiene tantos mundos dentro de su cabeza. Y él me contesto y tú creías que estabas fragmentada. Es cierto, Leon es miles de pensamientos flotando en su universo mental. Mark le dice algo para provocar a Leon -siempre lo hace con la gente que quiere- y luego se va a seguir trabajando. Leon observa como Mark se aleja y al mismo tiempo me dice que Mark es un buen amigo. -Mark me afila- dice, me pone alerta. Y eso es bueno porque un amigo de verdad no es aquel que adula ciega e interesadamente sino aquel que sabe ser un crítico, un socio, un observador. Un verdadero amigo te pone en alerta.
A ratos me parece que Leon habla de cosas aparentemente incoherentes, pero todas defendidas con sus argumentos de tal manera que parecen muy lógicas. Algunas de sus ideas me parecen tan avezadas y oscuras; pero otras -aunque contradictorias- debo confesar que me atrapan. Leon dice: "Todo es una broma pero es verdad. Mi fuerte es hablar la verdad. La realidad es una broma. Todo lo que te conté hoy es cierto, pero es posible que nuestro próximo encuentro mis ideas cambien." Todo se mueve. Pero Leon guarda sus anécdotas como tesoros. Me cuenta historias de trenes y campesinos. Me habla de proletarios y locos. Me habla de los espejos que reflejan el mundo en su mente.
Leon y su obsesión con el tiempo

Leon nació gringo pero se siente mexicano. No sé si fue un día en el que Dios estuvo enfermo, pero sí una madrugada del año en que Hitler y Stalin hicieron un pacto: 1938. Leon es de aquí y de allá. Y a veces de ningún lado. A veces del Caffe Trieste o de Specs o de la callecita donde le agarre la hora de tomar el último metro a casa. Leon es el eterno inconforme. Siempre buscando contraponer las cosas. -Ni de izquierda ni de derecha -dice - porque la izquierda es derecha y la derecha es izquierda. Dos caras de una misma moneda. Lo trágico y lo cómico que tiene el teatro. Leon me explica como a veces los de izquierda terminan siendo de derecha y viceversa. -Yo he visto, por ejemplo -dice-, como a veces los de izquierda matan homosexuales, mientras que alguno que se supone es de derecha los ha salvado. Leon dice que no le gusta encasillarse en ninguna ideología, pero si debe escoger una sería libertario. Un romántico diría Mark. Y como todo romántico Leon tiene sus propios héroes. Los suyos son bandidos: Robin Hood, Emiliano Zapata, Jerónimo. Incluso Pablo Escobar -máximo capo de la mafia colombiana- entra en su lista. Mark dice que Leon es como aquellos caballeros de armas que siempre tienen historias de peleas, pero que no se sabe a ciencia cierta si son verdad o pura fantasía. Leon es como un Quijote-dice Mark- Don Quijote de San Francisco. Siempre soñador e insatisfecho. Mark dice que está seguro de que si Leon hubiese nacido en México es probable que hoy quisiera ser gringo. La yarda -dice Mark- siempre es más verde al otro lado de la cerca.