miércoles, octubre 26, 2011

Epifanía

septiembre. 2011

Estas fotografías que he tomado en la playa de Atacames, Esmeraldas, al norte de Ecuador, son a la vez espejos, poemas y colores cuyos nombres jamás me serán revelados en lenguaje mortal. Y sin embargo intento inútilmente perpetuarlos. Sigo buscando razones para tanta belleza, para tanto deleite, para tanto dolor, porque todo lo que es bello duele. No es la primera vez que desafío al sol viéndolo de frente. Ni la primera en que me quedo ciega de tanta luz. Siento que soy la última habitante del planeta, y no tengo miedo. Sonrío con los ojos cerrados y el corazón abierto. Lo veo todo. Bajo esas aguas se enciende una luna gigante, y un lobo marino ha comenzado a aullar. 

(Esta entrada está dedicada a mi amigo Juanki, quien un día no muy lejano tendrá en sus manos un poema expulsado por este mar.)