sábado, diciembre 19, 2015

Diarios dispersos



19 de diciembre de 2013

Empiezo el día con una imagen bizarra. Mientras venía caminando al periódico, bajo la garúa de Quito, pasó a mi lado el mismísimo Edgar Allan Poe —con su rostro inconfundible—, pero trotando en pantalones cortos. La imagen me sorprendió muchísimo. Sin embargo, venía casi atrasada por lo que no me detuve. Luego pensé que de nada habría servido parar; al fin y al cabo, el maestro murió en 1849. Apuré el paso y —como un guiño del cielo— apareció un pájaro negro y enorme a quien saludé gritando: ¡Nevermore!

Todo esto sucedió en 15 segundos, pero la magia sigue girando dentro de mí.