jueves, septiembre 04, 2014

Pablo Ramos - La ley de la ferocidad



Camino por Dorrego hasta el costado del cementerio de la Chacarita. Paredón y después, paredón. Putas de cinco pesos, travestis de los que me ofrecen una chupada contra un árbol o adentro, en alguna de las tumbas. Ellos tienen el acceso libre, se le sacuden a los cuidadores y los dejan pasar para que laburen entre los muertos. Nadie te puede joder ahí, debe ser el único lugar donde nadie te puede joder. Sonisa en la cara. Soy gentil con las putas y con los travestis. Casas a los costados. Un Mercedes me interrumpe el paso al salir del garage de su casa. La que acompaña al que maneja me miras un instante con desolación. Como voy caminando soy negro. Y si soy negro soy chorro. Estos barrios fueron obreros pero ahora están de moda. Viven turistas, políticos artistas, la crema de la crema. Musiquitos que vienen a estudiar desde el interior y que odian a sus padres gendarmes excepto a la hora de contar los billetes que reciben por el alquiler de las picanas. Bailarines de tango que empezaron de grandes, gente de teatro vocacional, poetas que titulan sus libros de edición de autor como “Poemario I”, “Poemario II”, Poemario la concha de tu madre. Como si hubieran llegado del futuro y escribieran copiando desde los cuarenta y siete tomos de sus obras completas.

(De La ley de la ferocidad. Alfaguara. Buenos Aires 2007)

miércoles, septiembre 03, 2014

Werner Herzog



Santa María de Neiva - Río Cenepa 5/ 7/ 79

(...)

Subida por el Marañón. Antes de la confluencia con el Cenepa hay un pongo muy bello que atraviesa la última cadena montañosa. Cuando llegamos a Orellana, los jóvenes jugaban al fútbol, y con ellos el maestro. El lugar vuelve hoy a tener su nombre indio, Wawaim. Evidentemente, por aquí corren rumores de que planeamos abrir un canal que vaya del río Cenepa al Marañón y que, por lo tanto, los campos se secarán. Un joven de aspecto inteligente y pelo largo me ha preguntado si las películas, o más bien el hecho de ser filmado, puede hacer daño, si puede destruir una persona. En mi corazón la respuesta ha sido que sí, pero le he dicho que no. 

(Conquista de lo inútil. Blackie books. España. 2012)